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  • ¿Practicará la Iglesia lo que el papa predicó?

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  • ¿Practicará la Iglesia lo que el papa predicó?
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1980
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1980
w80 1/3 págs. 4-7

¿Practicará la Iglesia lo que el papa predicó?

¿CÓMO respondieron los católicos irlandeses al llamamiento del papa para que se pusiera fin a la violencia que en 10 años había quitado la vida a 2.000 personas?

De la misma manera en que respondieron a los más de 30 llamamientos que hizo el papa Paulo VI para que se hiciera la paz en Irlanda. ¡Lo rechazaron! El Ejército Republicano Irlandés, compuesto de católicos, respondió: “A plena conciencia creemos que la fuerza es por mucho la única manera de remover la maldad de la presencia británica en Irlanda.”

Los irlandeses católicos de Irlanda del Norte creen que la mayoría protestante los oprime. Por lo tanto, al rechazar el llamamiento del papa, los católicos citaron la doctrina de su Iglesia de que la violencia puede emplearse para conseguir justicia.a ¿Encuentran los irlandeses católicos precedente cuando lanzan lo que llaman una “guerra justa”?

LA IGLESIA CATÓLICA Y LA GUERRA

En su discurso ante las Naciones Unidas, el papa Juan Pablo II afirmó: “Por toda la Tierra la Iglesia Católica proclama un mensaje de paz, ora por la paz, y educa para la paz.” Pero, ¿qué revelan los hechos históricos? El historiador católico E. I. Watkin escribió:

“Aunque sea doloroso admitirlo, no podemos, en el interés de una falsa edificación o lealtad deshonesta, negar o ignorar el hecho histórico de que los obispos han apoyado de manera consecuente todas las guerras que los gobiernos de sus respectivos países han librado. De hecho, no conozco ni siquiera un solo caso en el que la jerarquía nacional haya condenado alguna guerra como injusta . . . No importa cuál sea la teoría oficial, la máxima que los obispos católicos han practicado durante tiempos de guerra ha sido ‘mi país siempre tiene razón.’ Aunque hablan en el nombre de Cristo en otras ocasiones, han servido de portavoces de César cuando ha estado implicado el nacionalismo beligerante.”—Morals and Missiles, editado por Charles S. Thompson, págs. 57, 58.

Sí, muchos irlandeses católicos están haciendo lo que otros católicos han hecho durante conflictos del pasado. Están peleando. “Pero la Iglesia no lo aprueba,” quizás objete alguien. “El papa los exhortó a ‘volverse de los caminos de la violencia.’” Pero, ¿ha mostrado el papa o la jerarquía católica irlandesa que ellos realmente condenen la lucha en Irlanda? ¿Han excomulgado ellos a los católicos que continúan participando en actividades sanguinarias? No, ¡esos individuos todavía son católicos a los que se reconoce en buena reputación! Por supuesto, lo mismo es cierto de los terroristas protestantes.

De manera similar, durante la II Guerra Mundial el papa rehusó excomulgar a líderes católicos como Adolfo Hitler y Hermann Göring, o a los millones de miembros de la Iglesia que estaban en los ejércitos de éstos. Es un hecho muy conocido de la historia que la Iglesia Católica de Alemania bendijo el esfuerzo bélico nazi, como se muestra en los recortes de periódicos que se reproducen abajo.

¿Por qué dieron los católicos alemanes un apoyo casi total al esfuerzo bélico nazi? El docto y educador católico Gordon Zahn explica por qué, y declara: “El católico alemán que buscó en sus superiores religiosos la guía y dirección espiritual con relación al servicio en las guerras de Hitler, recibió prácticamente las mismas contestaciones que hubiera recibido del mismo gobernante nazi.”

Así y todo, el papa sermoneó a las Naciones Unidas: “No haya más guerra. Nunca más haya guerra.” ¡Bellas palabras... palabras adaptadas de la Biblia! (Isa. 2:4) Pero, ¡cuán vanas son cuando vienen del cabeza de una Iglesia cuyos miembros han apoyado consecuentemente las guerras de sus respectivos países, con la aprobación y bendición de sus líderes!

CONCEDIENDO LIBERTAD RELIGIOSA

El papa Juan Pablo II hizo una súplica elocuente ante las Naciones Unidas para que se concediera a los pueblos en todas partes “plenos derechos bajo cualquier régimen o sistema político.” ¿Se ha adherido la Iglesia Católica al proceder que el papa instó a seguir a los estados políticos del mundo?

La constante persecución de muchas personas que no son católicas en países donde domina la Iglesia Católica, como en Argentina, manifiesta que no lo ha hecho. De hecho, durante los años sesenta el cardenal Arriba y Castro afirmó que había que recordar que solo la Iglesia Católica tiene el derecho de predicar el evangelio, y que el proselitismo en un estado católico es malo y tiene que suprimirse. El cardenal Ottaviani, quien entonces era el prelado con más poder después del papa Paulo VI, expresó esencialmente la misma opinión. En marzo de 1965 The Catholic World (El mundo católico) dijo acerca de él:

“Su idea sobre la tolerancia religiosa pudiera resumirse de esta manera: aunque no se puede decir que la verdad y el error como tales envuelvan derechos, uno tiene que sostener que a las personas que profesan la verdad se les deben conceder derechos que se niegan a las que profesan el error. Sobre esta base, la Iglesia Católica exigirá, cuando sea lo suficientemente fuerte, que el Estado le de una posición privilegiada y restrinja las actividades de otros grupos religiosos. Sin embargo, si la Iglesia se encuentra en la minoría, o exigirá la libertad que garantiza un estado liberal, o protestará, en el nombre de los derechos humanos, contra la opresión de un régimen como el Estado comunista.”

De nuevo, para muchos oyentes las palabras del papa, examinadas a la luz del registro de opresión de la misma Iglesia Católica respecto a otras personas, no solo sonaron huecas, sino también hipócritas. Sin embargo, es posible que el papa Juan Pablo II personalmente sea sincero en su deseo de que se conceda libertad religiosa a todas las personas. Durante el II Concilio del Vaticano, cuando era Karol Wojtyla, obispo de Cracovia, Polonia, sostuvo que la Iglesia no podía exigir libertad religiosa a menos que la concediera a otros. De modo que el tiempo dirá si la Iglesia practicará lo que el papa predicó a este respecto.

COMPARTIENDO LAS RIQUEZAS CON LOS POBRES

Quizás el llamamiento dominante del papa durante su visita a los Estados Unidos fue el de rechazar el materialismo y compartir con los pobres. Después de discursar por varias horas ante las Naciones Unidas sobre este asunto, dijo a un auditorio de unas 80.000 personas reunidas en el Estadio Yanqui de Nueva York: “Debemos hallar un modo de vida sencillo. Porque no es correcto que la norma de vida de los países ricos se sostenga por medio de agotar gran parte de las reservas de energía y materia prima que deberían usarse para servir a toda la humanidad.”

Sin embargo, ¿qué efecto supone usted que tienen esas palabras cuando vienen de un hombre vestido de ropas reales, que viaja de un lado a otro en hermosas limosinas y vive en medio de gran lujo? El obispo Mariano Gaviola, secretario general de la Conferencia de Obispos que se celebró en las Filipinas en 1970, dio una idea en cuanto a ello al decir: “Cuando los obispos [y podemos añadir, el papa] condenan el soborno y la corrupción del gobierno o hablan en contra del mal uso de la riqueza, algunas personas se preguntan si éste no es un caso de la sartén decirle al caldero: ‘Quítate allá, que me tiznas.’”

Las manifestaciones exteriores de la riqueza de la Iglesia Católica han preocupado a muchos católicos. El 2 de septiembre de 1967 la publicación The Province, del Canadá, al informar sobre los puntos de vista del monje agustino Robert Adolfs, declaró:

“El padre Adolfs dice francamente que la iglesia solo puede sobrevivir si sigue el ejemplo de Jesucristo y se despoja de todo ‘esplendor principesco’ y asume el papel humilde de siervo. . . .

“Dice que el papa, y los cardenales y obispos también, deben dejar de ponerse ropaje lujoso y coronas y otras prendas de vestir que ‘sugieren una corte real’ en vez de un siervo que lava los pies a sus hermanos.”

Hasta cierto grado el papa Juan Pablo II aparentemente ha hecho esfuerzos para evitar la imagen de pompa y esplendor. Como su predecesor Juan Pablo I, ha rechazado el trono papal que se lleva en hombros en medio de las audiencias. Pero, ¿basta con eso?

En 1971, el cardenal José Clements, cabeza de la Iglesia Católica en Bolivia, propuso que la Iglesia se deshiciera de los tesoros que había acumulado durante los siglos y usara el dinero para edificar casas, escuelas, carreteras e industrias. Dijo que una condición de verdadera pobreza daría autoridad y credibilidad a la iglesia.

Pero, ¿obrará la Iglesia de acuerdo con esa propuesta? ¿Practicará el compartir su riqueza con los pobres, como el papa aconsejó que hicieran las naciones ricas? No ha estado inclinada a hacer eso en el pasado; el que lo haga es algo que todavía está por verse.

Sin embargo, la pregunta verdaderamente importante no es: ¿Practicará la Iglesia lo que el papa predicó? Más bien, la pregunta es: ¿Practicará lo que la Biblia enseña?

LA PROMESA DIVINA DE ALGO NUEVO

En realidad, el mensaje del papa a las Naciones Unidas no ofreció nada nuevo. Básicamente, fue el mismo mensaje del papa Paulo VI, quien hace 14 años dijo en su discurso a la O.N.U.: “Los pueblos de la Tierra se vuelven a las Naciones Unidas como la última esperanza para la concordia y la paz; pretendemos presentar aquí, junto con el tributo de honor y esperanza de ellos, nuestro propio tributo también.”

Consecuentemente la Iglesia Católica ha apoyado una forma de gobierno humano u otra como la solución a los problemas de la humanidad. Por eso no sorprende el que sus líderes hayan respaldado a la O.N.U. Pero, pregúntese: ¿hubiera hecho eso Cristo? Por ejemplo, ¿ha leído usted alguna vez acerca de que él haya rendido tributo al Imperio Romano como la última esperanza para la concordia y la paz?

Ese no fue el mensaje de Cristo. Más bien, el tema de su enseñanza fue el reino de Dios, algo que difería por completo de lo que los humanos ofrecían. En la Biblia, Jesús y sus discípulos se refirieron al reino de Dios más de 140 veces. Sabían que era un verdadero gobierno en el cual Cristo, el “Príncipe de Paz,” sería el gobernante que Dios había designado. (Isa. 9:6) La Biblia enseña que ese gobierno del Reino “triturará y pondrá fin a todos estos reinos [de origen humano, incluso las Naciones Unidas], y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos.”—Dan. 2:44; Mat. 6:9, 10.

El reino de Dios será una nueva gobernación para la Tierra. La Biblia lo llama “nuevos cielos”... una nueva administración celestial. Gobernará sobre “una nueva tierra”... una sociedad de personas que se adherirán a las justas leyes de Dios. El apóstol Pedro escribió:

“Hay nuevos cielos y una nueva tierra que esperamos según [la] promesa [de Dios], y en éstos la justicia habrá de morar.”—2 Ped. 3:13.

¡Qué oportunidad tan excelente tuvieron tanto el papa Paulo VI como Juan Pablo II para enseñar ante las Naciones Unidas el mensaje sobre el entrante gobierno mundial divino! Ciertamente sería lo que pudiera esperarse de alguien que alegara ser sucesor de Pedro y representante de Jesucristo. ¡Pero en aquellas ocasiones estos hombres no dijeron ni una sola palabra acerca de la promesa divina de algo nuevo!

Queda claro que el papa no es el heraldo de la verdadera esperanza. No ha seguido fielmente el ejemplo de Jesucristo, que dio a conocer el nombre y los propósitos de su Padre. Es cierto que Juan Pablo II, renombrado por su cantar, usó el nombre de Dios en canción, y hasta proclamó a una muchedumbre de Harlem, Nueva York: “Aleluya es nuestra canción.” Pero, ¿cuántas personas están al tanto de que la expresión “Aleluya” incorpora el nombre de Dios y significa: “Alabad con júbilo a Yahvé” o “Alabad a Jehová”?b

Es patente que el papa no ha cumplido con los sentimientos que se expresan en este cántico de alabanza. No ha dado a conocer el nombre de Dios, Jehová. Tampoco ha seguido los pasos de Jesucristo, quien declaró: “También a las otras ciudades tengo que declarar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto fui enviado.”—Luc. 4:43; Juan 17:6.

“Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.”—Mat. 6:9, 10, Biblia de Jerusalén.

[Notas a pie de página]

a Encíclica “Desarrollo de los pueblos” del papa Paulo VI, sección 81.

b Diccionario de la lengua española; Diccionario general ilustrado de la lengua española (Vox).

[Ilustración en la página 5]

[Post de Nueva York, 27 de agosto de 1940, Edición final azul, pág. 15]

Nazi Army Praised

German Catholic Bishops Loyal

[Times de Nueva York, 7 de diciembre de 1941, Edición final de la ciudad, pág. 33]

‘WAR PRAYER’ FOR REICH

Catholic Bishops at Fulda Ask Blessing and Victory

[Times de Nueva York, 25 de septiembre de 1939, Edición final de la ciudad, pág. 6]

GERMAN SOLDIERS RALLIED BY CHURCHES

Protestant and Catholic Exhort to Reich Victory and Just Peace

Los titulares dicen: “Ejército nazi alabado, Los obispos católicos alemanes leales”; “‘Oración de Guerra’ por el Reich. Los obispos católicos en Fulda piden bendición y victoria”; “Iglesias animan a soldados alemanes, Los protestantes y los católicos exhortan por la victoria del Reich y la justa paz.”

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