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  • ¿Puedo confiar en adultos?

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  • ¿Puedo confiar en adultos?
  • ¡Despertad! 1983
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  • Entonces, ¿cuál es el problema?
  • La hipocresía de los adultos
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¡Despertad! 1983
g83 22/9 págs. 12-14

Los jóvenes preguntan...

¿Puedo confiar en adultos?

“NUNCA aceptes caramelos de personas extrañas. Nunca entres en un automóvil con alguien que no conozcas.” Las bien conocidas advertencias de mamá te dieron a entender que en el mundo de los adultos no todo es bueno.

“Nunca confíes en nadie que tenga más de 30 años de edad”, llegó a ser el lema de los que protestaban contra la guerra hace unos años. Ampliaron la advertencia de mamá: “Si se corre menos riesgo al no aceptar los caramelos que ellos ofrecen —razonaron ellos— ¿por qué aceptar sus consejos?”. ¿Qué opinas tú? ¿Era ésta una posición extrema, o se basaba, hasta cierto grado, en la verdad?

No te dejes engañar

Tienes buena razón para ejercer cautela al evaluar lo que el mundo de los adultos ofrece. Eres el blanco de los oportunistas, sea legal o ilegalmente; por eso, cuida tu dinero. “Es raro encontrar tacaños entre las personas menores de 21 años de edad —informó un número de la revista U.S. News & World Report de 1981— y las empresas están peleándose para aprovechar el mercado lucrativo.” Aun en países donde los jóvenes no tienen mucho dinero para gastar, a los comerciantes les atrae usar ilegalmente la mano de obra juvenil. “En ciertos lugares [hay niños] de 5 años de edad en adelante trabajando en minas, granjas, fábricas y calles de las ciudades, [...] la cantidad de niños explotados asciende a los millones, y sus filas van creciendo.” (The World’s Exploited Children: Growing Up Sadly, 1980, Ministerio de Trabajo estadounidense.)

Pero tal vez tú preguntes: “¿Debería yo confiar en personas de mayor edad en las debidas circunstancias?”. Los amigos que confían entre sí disfrutan mutuamente del compañerismo; influyen el uno en el otro. Por lo general, la personalidad de cada uno se enriquece, se hace más interesante. ¿Por qué? Porque, sea cual sea su edad, “las personas aprenden las unas de las otras, tal como el hierro aguza el hierro”. (Proverbios 27:17, Today’s English Version.)

Entonces, ¿cuál es el problema?

“Me llevo bien con los adultos. Pero realmente no puedo hablar con los adultos”, admitió una joven de 15 años de edad. Explica por qué: “Considero a los adultos como adultos, personas con quienes se tiene que tener cuidado”. Muchos jóvenes, debido a que sienten la misma inquietud, ejercen cautela en cuanto a lo que dicen en presencia de los adultos.

Esto tal vez explique por qué algunos jóvenes se conforman con solo tener relaciones superficiales con los adultos. “Nunca tuve una relación franca con los adultos; siempre era una relación superficial”, admitió Teresa, una joven de Nueva York que, cuando era adolescente, no confiaba en los adultos. “Mi lema era: ‘No des demasiada información a los adultos... puede que te arrepientas después’. Por eso, solo les decía lo que ellos querían oír; lo que yo hacía para divertirme lo guardaba como un secreto.”

Pero el temor de ser explotado o herido —sea física o emocionalmente— es solo una razón por la cual los jóvenes desconfían de los adultos. En muchos casos, la desconfianza resulta del sabor amargo que les ha dejado

La hipocresía de los adultos

“Conocí a algunos de esos tipos”, dijo un accionista de una compañía de seguros después que ciertos empresarios malversaron aproximadamente $500.000.000. “Me parecían excelentes personas”, sostuvo él. “Estaban bien afeitados, llevaban camisas limpias y vestían bien. Ciertamente no parecían ladrones”. Pero lo eran. Las apariencias pueden engañar. A menudo, los adultos cubren crasos actos de corrupción tras una fachada de respetabilidad. Por lo tanto, puede que los jóvenes pregunten: “Si los adultos no se comportan honradamente con nosotros, ¿por qué deberíamos nosotros ser honrados con ellos?”. Sí, “¿quién necesita los consejos de ellos, si hablan solo para impresionar a los demás y no practican lo que dicen?”.

Pero recuerda que la hipocresía no existe tan solo entre los adultos de hoy. Jesucristo llamó a algunas personas de su día “hipócritas” y “sepulcros blanqueados, que por fuera realmente parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos”. No obstante, Jesús no nos dijo que no hiciéramos caso a todos los consejos que dieran dichas personas. Dijo: “Todas las cosas que les digan, háganlas y obsérvenlas, pero no hagan conforme a los hechos de ellos, porque dicen y no hacen”. Obviamente, algunos de los consejos de ellos se basaban en principios sólidos que beneficiaban a toda persona. (Mateo 23:3, 25-28.)

¿Has notado tú a algunos adultos que “dicen y no hacen”? Esto puede causar desánimo. Pero ¿por qué ir en contra del consejo sano —especialmente si se trata de algún consejo basado en las Escrituras— simplemente debido a que otra persona no lo siga? Esto solo significaría que dos personas, en vez de una saldrían perdiendo.

Lo mejor que tú puedes hacer para enfrentarte a la hipocresía que existe entre personas de mayor edad es reconocer que ésta también existe entre los jóvenes. “Yo creía que los ‘hippies’ serios, como mis amigos y yo, eran mejores que las demás personas, los ‘escogidos’”, explica Tom. “Nosotros sobreviviríamos cuando el mundo se desmoronara debido a su propia corrupción. Pero a veces aprobábamos el que ‘se engañara al sistema corrompido’. Mi mejor amigo puso un negocio de horticultura. Me enfureció ver que él no era honrado. Me di cuenta de que él estaba usando nuestro punto de vista como excusa para ir en contra de los buenos principios. Nosotros, los jóvenes, estábamos haciendo las mismísimas cosas contra las cuales estábamos protestando.” Tiene que haber una mejor manera de obrar.

Sé selectivo

“Mientras estuve en la escuela secundaria —informa Teresa— yo no confiaba en los adultos en absoluto, pero cuando cumplí los 18 años de edad, algo hizo que cambiara mi modo de pensar. Aprendí a discernir en quiénes valía la pena confiar y en quiénes no. Conocí a ciertos adultos que me convencieron de que podían ser honrados, interesarse en mí y hablarme con franqueza.” Ella estaba aprendiendo a ser selectiva.

Teresa acababa de conocer a Janet y Dan, quienes habían sido ‘hippies’ y, como ella, habían quedado disgustados ante la hipocresía del mundo de los adultos. Habían vivido en una comuna junto con otros jóvenes. Allí esta pareja halló que se predicaba acerca de la paz y el amor, pero que en la vida diaria no se ponía en práctica lo que se predicaba. Después, Janet y Dan se hicieron testigos de Jehová. Explicaron a Teresa franca y honradamente por qué la vida de ellos era mejor ahora de lo que había sido antes.

“Asistí al Salón del Reino con ellos y quedé profundamente impresionada por los testigos que eran de mayor edad”, relata Teresa. “Me trataron como si yo hubiese estado al mismo nivel de ellos y no me hablaron con desprecio debido a que era joven. Se interesaron en mí, pues me preguntaron acerca de mi vida y libremente hablaron de su propio pasado... de los cambios que habían tenido que hacer y de lo mucho que apreciaban su modo de vivir presente. Debido a que me hablaron tan franca y honradamente —sin tratar de impresionar a nadie— me sentí atraída a ellos.” Teresa admiraba los principios sobre los cuales ellos basaban su vida. No vio hipocresía alguna en ellos. Es así como ella seleccionó a personas de mayor edad en quienes podía confiar. Tú puedes manifestar el mismo discernimientoa.

Saca provecho del confiar en las personas

“Cuando empecé a confiar en los adultos —señala Teresa— descubrí que hay algo bueno en personas de toda edad. Si una persona tiene 30, 50 u 80 años de edad, él o ella ha aprendido algo que puede serme provechoso. Dejé de estar propensa a considerar de manera negativa lo que decía una persona de mayor edad.”

Personas experimentadas que ocupan puestos de autoridad —los padres, profesores, supervisores de oficinas y capataces— son valiosas fuentes de información, quienes pueden compartir contigo si estableces una relación amistosa con ellas. “Los pensamientos de una persona son como el agua de un pozo profundo, pero el que tiene discernimiento puede sacarlos.” (Proverbios 20:5, TEV.)

El “sacarlos” quizás requiera que tomes la iniciativa... especialmente al principio. “Al principio tuve que forzarme a saludar a las personas de mayor edad y hablar con ellas”, confesó Juan, quien ahora, a los 24 años de edad, puede ver los resultados valiosos de dicho proceder. Él se había resuelto a no asociarse solamente con jóvenes de su misma edad. Pero este joven de Detroit, Michigan, agregó: “A veces no sabía qué decir, pero les daba la mano y decía: ‘Hola’. Quedé sorprendido al ver que a las personas de mayor edad generalmente les agradaba ver que me interesaba en ellas, y continuaban la conversación. Me di cuenta de que el asunto no era tan difícil como me había imaginado”.

¿Qué provecho sacó Juan de dicha confianza mutua? “Uno aprende muchísimo más al hablar con los adultos”, observó él. “Con los jóvenes que tienen la misma edad que uno, después que se ha hablado acerca de las chicas y la música, casi no queda nada de qué hablar. Pero la experiencia de los adultos ensancha y enriquece el conocimiento de uno.”

Así, ¿por qué no tomas la iniciativa y confías en los adultos? A todos nos gusta que otros confíen en nosotros. Confía en alguien, y muy probablemente él o ella responderá. Si alguien en quien tú confías te deja desilusionado, aprende algo de dicha experiencia. No te amargues (Proverbios 25:19). No tienes que dejarte vencer por la hipocresía del mundo de los adultos. Si ejerces cautela y eres selectivo, no solo puedes confiar en personas de mayor edad, sino que, si lo haces, saldrás ganando.

[Nota a pie de página]

a Vea “¿Quién es realmente mi amigo?” en ¡Despertad! del 22 de julio de 1982.

[Ilustración en la página 13]

Las conversaciones calurosas con los adultos pueden ser enriquecedoras

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