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  • Zimbabwe
  • Anuario de los testigos de Jehová para 1985
  • Subtítulos
  • GEOGRAFÍA FÍSICA Y RECURSOS NATURALES
  • PRIMERAS MUESTRAS DE INTERÉS
  • DESARROLLO DE LA OBRA POR SEPARADO
  • LOS COMIENZOS EN EL CAMPO DE HABLA INGLESA
  • LA DÉCADA DE LOS TREINTA
  • EL DESARROLLO POR SEPARADO DE LA OBRA: UN OBSTÁCULO QUE SALVAR
  • BATALLAS LEGALES ESTABLECEN LAS BUENAS NUEVAS
  • SE INTENSIFICA LA OPOSICIÓN
  • VIENTOS DE CAMBIO EN LOS AÑOS CUARENTA
  • SE SUPRIMEN LAS RESTRICCIONES
  • COMIENZA LA OBRA DE PRECURSOR
  • NOS ORGANIZAMOS PARA LA OBRA QUE TENÍAMOS POR DELANTE
  • AYUDA ADICIONAL PROCEDENTE DE GALAAD
  • SIGUEN LOS AUMENTOS
  • AYUDA INESPERADA
  • PROBLEMAS RELACIONADOS CON LA IMPORTACIÓN
  • MEJOR ORGANIZACIÓN PARA HACER FRENTE A LAS NECESIDADES
  • LA OBRA DE DISTRITO TRAE BENEFICIOS
  • EMPIEZA UNA OBRA DE LIMPIEZA
  • EL SERVICIO DE PRECURSOR SUFRE UN REVÉS
  • LA LUCHA POR RECONOCIMIENTO LEGAL
  • VICTORIAS POSTERIORES
  • LOS PORQUÉS DE LAS DISMINUCIONES
  • EL PLENO RECONOCIMIENTO LEGAL AÚN ESTABA PENDIENTE
  • HERMANOS EXPERIMENTADOS FORTALECEN EL CAMPO
  • EXPERIENCIAS DE SUPERINTENDENTES DE DISTRITO
  • SE AVECINAN NUBARRONES
  • SUPERINTENDENTES DE DISTRITO LOCALES
  • MEDIDAS DE EMERGENCIA AFECTAN LAS ASAMBLEAS DE CIRCUITO
  • SE RESUELVE UNA VIEJA CUESTIÓN
  • MISIONEROS PROCEDENTES DE MALAWI
  • UNA ASIGNACIÓN SINGULAR
  • PERSECUCIÓN EN MALAWI
  • AYUDA PARA LOS NECESITADOS
  • UN VIAJE LLENO DE EMOCIONES
  • ALGUNAS DESILUSIONES
  • UN FINAL FELIZ
  • OTRA CUESTIÓN A LA QUE HACER FRENTE: LA BRUJERÍA
  • SE PONE A PRUEBA A NUESTROS HERMANOS
  • VICTORIA PARA LA ADORACIÓN VERDADERA
  • ENTRANDO EN LA DÉCADA DE LOS SETENTA
  • JEHOVÁ SUMINISTRA AYUDA
  • UNA NUEVA SUCURSAL
  • LA CUESTIÓN DEL TABACO
  • LOS HERMANOS SE MANTIENEN FIRMES
  • REACCIONES CONTRADICTORIAS
  • LAS BUENAS NUEVAS SE ESPARCEN EN MEDIO DE ADVERSIDADES
  • LA CUESTIÓN DE LA NEUTRALIDAD PASA A UN PRIMER PLANO
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  • LOS PROBLEMAS SE AGRAVAN
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  • LOS POLÍTICOS COMIENZAN A OPONERSE
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  • NEUTRALIDAD EN ZONAS CONFLICTIVAS
  • LA NEUTRALIDAD RESULTA EN PROTECCIÓN
  • UNA PARADOJA
  • PERSECUCIÓN EN MALAWI
  • AYUDA PROCEDENTE DE LA HERMANDAD INTERNACIONAL
  • ¡DE NUEVO EN MARCHA!
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  • LA GUERRA INCREMENTA LOS PROBLEMAS
  • RAPTOS: UNA PRÁCTICA COMÚN
  • UNA JOVEN Y VALIENTE TESTIGO
  • ALDEAS PROTEGIDAS
  • ORGANIZADOS PARA ENFRENTARSE A LA SITUACIÓN
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  • “JEHOVÁ [...] SIEMPRE ESTÁ CONTIGO”
  • REUNIÉNDONOS BAJO CONDICIONES ADVERSAS
  • SE AYUDA A LAS PERSONAS INTERESADAS
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  • SOPORTANDO LA TORTURA
  • VOLVAMOS A LA CUESTIÓN DE LA NEUTRALIDAD
  • LLEGA A CONOCERSE EXTENSAMENTE LA POSICIÓN NEUTRAL
  • OTRO OBSTÁCULO QUE VENCER
  • LOS DÍAS MÁS TENEBROSOS DE LA GUERRA
  • LAS CONGREGACIONES FUERON AFECTADAS
  • CONFIARON EN JEHOVÁ
  • LA ESPERANZA DE LA RESURRECCIÓN, UNA AYUDA PARA AGUANTAR
  • “JEHOVÁ SABE LIBRAR”
  • REORGANIZACIÓN DESPUÉS DE LA GUERRA
  • AUMENTA EL INTERÉS EN EL MENSAJE DEL REINO
  • TODAVÍA SUBSISTEN ALGUNOS PROBLEMAS
  • LA POSTURA OFICIAL HACIA LOS TESTIGOS
  • “¡DÉJENLOS IR Y SEGUIR!”
  • “PARA EL ADELANTAMIENTO DE LAS BUENAS NUEVAS”
  • CELOSOS DE OBRAS EXCELENTES
  • SE SUSCITA EL INTERÉS
  • LA SEQUÍA: UN PROBLEMA ACTUAL
  • JEHOVÁ NUESTRO AYUDANTE
Anuario de los testigos de Jehová para 1985
yb85 págs. 111-224

Zimbabwe

DIRÍJASE a la guarda de la tapa frontal de este Anuario. Localice la parte sur del continente africano. Allí verá un pequeño país interior conocido por el nombre de Zimbabwe (anteriormente Rodesia del Sur y Rodesia). Está ubicado entre los ríos Limpopo y Zambeze. Linda al norte con Zambia, al este con Mozambique, al sur con Sudáfrica y al oeste con Botswana.

El nombre “Zimbabwe” se origina de las ruinas de una serie de grandes recintos antiguos de piedra que se han hallado en el país, la mayoría de los cuales se construyeron originalmente con bloques de piedra unidos por simple contacto, obra que denota gran destreza. Se ha dicho que el nombre Zimbabwe significa “lugar de piedra” o “casas veneradas”, y también “corte o lugar grande de un jefe”. Sea cual sea el significado exacto, sin duda tiene que ver con edificios de piedra impresionantes que dan razón de una antigua sociedad floreciente. En la actualidad Zimbabwe es el nombre oficial del país.

Zimbabwe ha sido un país sin grandes problemas políticos, a excepción de los años setenta cuando hubo una confrontación armada que duró casi una década. Aquella fue una guerra para lograr un gobierno mayoritario. Desde principios de los años veinte hasta 1965, el país fue una colonia autónoma bajo Gran Bretaña cuyo gobierno estaba en poder de una minoría blanca. Debido a que Gran Bretaña rehusó conceder la independencia sin la existencia de un gobierno mayoritario, en 1965 el gobierno proclamó unilateralmente su propia independencia. Empezaron a germinar y crecer semillas de descontento hasta que finalmente estalló una rebelión contra el gobierno minoritario, una guerra abierta que se extendió hasta 1980. En este año el país celebró las primeras elecciones para un gobierno mayoritario, y fue entonces que recibió el nuevo nombre oficial de “Zimbabwe”.

GEOGRAFÍA FÍSICA Y RECURSOS NATURALES

El clima de Zimbabwe tiene todo lo que uno pudiera desear y más: lluvias refrescantes en el verano y días calurosos y soleados en el invierno. ¿Y qué hay en cuanto a la temperatura? La mayor parte del país tiene una temperatura casi ideal. En la capital, Harare (antes Salisbury), el promedio de temperatura máxima en verano es de 28° C (82° F) y en invierno de 18° C (65° F).

Este clima templado ha contribuido en gran manera al desarrollo agrícola del país permitiendo una gran variedad de cultivos. ¿Qué es lo que más le apetece? ¿Las exquisitas y blandas frutas de los trópicos: bananas, papayas o mangos? Las tenemos. ¿O prefiere más bien las frutas refrescantes: manzanas, peras, melocotones o nectarinas? De ser así, recuerde que en Zimbabwe también las hay.

En cuanto a la belleza del paisaje, en Zimbabwe occidental se halla una de las siete maravillas del mundo moderno: las famosas cataratas Victoria. Al este están las hermosas regiones montañosas a las que se alude como las tierras altas orientales. También hay reservas de caza en diversos lugares del país, con una gran variedad de animales salvajes.

De todos modos, aunque hay muchas cosas atractivas, de lo que realmente queremos hablarle es de algo mucho más deseable. Nos referimos a aquellos a quienes Jehová llamó, por medio del profeta Ageo (2:7), “las cosas deseables de todas las naciones”. Efectivamente, en Zimbabwe también tenemos estas “cosas deseables”, es decir, personas que emprenden la adoración verdadera. ¿Pero de dónde han surgido?

PRIMERAS MUESTRAS DE INTERÉS

Es muy difícil asegurar con exactitud cuándo llegó por primera vez a este país el mensaje del reino de Dios. Sin embargo, se sabe que para 1910 ya circulaba en Malawi (entonces Nyasalandia) al norte, así como en Sudáfrica, mucha literatura de la Sociedad en inglés. Seguramente a principios de los años veinte el mensaje contenido en esta literatura ya se estaba filtrando en Zimbabwe (Rodesia del Sur en aquel entonces) por medio de trabajadores itinerantes. Desde este pequeño principio empezaron a formarse grupos de estudio en diversos lugares, desde Mutare en la frontera con Mozambique, hasta Hwange, una gran ciudad minera al oeste, cerca de las cataratas Victoria.

Uno de los que conocieron la verdad en aquellos días fue Hamilton K. Maseko, quien todavía está sirviendo fielmente como anciano en Pretoria, Sudáfrica. Él nos informa: “En 1924 viajé de Nyasalandia a Bulawayo, donde empecé a asociarme con los Estudiantes de la Biblia. Lo que estas personas estudiaban tenía sentido y me dio un entendimiento de las promesas de la Biblia”. Permaneció allí por dos años antes de proseguir hacia Sudáfrica.

Otro de los primeros predicadores de la verdad de Dios en Zimbabwe fue Nason Mukaronda, quien parece que fue la primera persona que se bautizó en este país. Eso fue en 1924. Posteriormente, en 1947, emprendió el ministerio de tiempo completo, llegó a ser superintendente de circuito en 1948 y todavía sigue firme como precursor especial a la edad de 82 años.

DESARROLLO DE LA OBRA POR SEPARADO

Debido a las circunstancias de este país, el interés en el mensaje del Reino tuvo un desarrollo bilateral, según las dos razas predominantes. En primer lugar consideremos los primeros progresos que se hicieron en el campo de lengua africana.

Parece que fue en 1924 que la verdad realmente empezó a arraigarse. Fue en ese tiempo que Nathan Muchinguri conoció la verdad en los distritos orientales. “Los que nos trajeron la verdad —dijo Muchinguri— fueron dos hombres de Nyasalandia. No solo nos enseñaron verdades doctrinales sino que también nos dijeron que si deseábamos formar parte del pueblo de Dios deberíamos ser limpios tanto de corazón como en conducta.” Aquel mismo año fue bautizado y posteriormente fue usado por la Sociedad como el primer traductor de literatura bíblica al idioma shona, el idioma que se habla en la mayor parte del país.

Otros dos hermanos que se destacaron mucho en aquellos días fueron Wilson Stima y Robin Manyochi. El hermano Stima empezó a interesarse en la verdad en el año 1925, en Malawi. Luego fue a Zimbabwe y se estableció en Mutare donde resultó ser de gran ayuda para el grupo recién formado allí. Posteriormente se trasladó a Bulawayo, y en el año 1948 llegó a ser uno de nuestros primeros precursores. El hermano Stima, tiene ahora 76 años y ha estado sirviendo como precursor especial desde 1955.

El otro hermano, Robin Manyochi, comenzó su carrera teocrática en el año 1929 en Bulawayo, la segunda ciudad más grande de Zimbabwe. Sin embargo, fue bautizado en 1932 en Salisbury (hoy Harare). Cuando llegó a Harare no tardó mucho tiempo en ponerse en contacto con Willie Kuchocha y otros pocos que formaban la única congregación que había en aquella zona.

No obstante, pronto se dieron cuenta de que no todos los miembros de la congregación eran testigos de Jehová genuinos. Pero dejemos que el hermano Manyochi nos relate lo que sucedió:

“En 1932, se recibió una carta de la sucursal de Ciudad de El Cabo diciendo que deberíamos empezar a predicar de casa en casa; hasta entonces no lo habíamos estado haciendo. De toda la congregación, solo el hermano Kaunda y su esposa, el hermano Willie Kuchocha y yo opinábamos que deberíamos seguir las instrucciones. Sin embargo, por esta razón, fuimos echados de la congregación. Pero más tarde hubo otros que se dieron cuenta de que la obra de casa en casa era bíblica, y empezaron a asociarse con nosotros. ¿Y qué hay de los que se opusieron a esta manera de predicar? En 1933, molestas por el aumento en la actividad, las autoridades deportaron al anterior superintendente y a su ayudante pensando que todavía eran los ‘cabecillas’ de la congregación”.

El hermano Manyochi tuvo muchas experiencias pintorescas en sus primeros años en la verdad. En una ocasión fue llevado delante del comisario de distrito local debido a su obra de predicación. Cuando se le preguntó de dónde había aprendido estas cosas, él le dijo al comisario de distrito: “De la Biblia, el libro que ustedes nos trajeron a África. Sólo estoy explicando a las personas lo que he aprendido de la Biblia”.

Robin Manyochi tiene ahora 85 años y tanto él como su esposa Rosie, todavía sirven como precursores especiales después de varios años en la obra de circuito. En un informe reciente respecto al hermano Manyochi, un superintendente de circuito dijo: “Este anciano está haciendo un trabajo maravilloso. Tiene muchos estudios bíblicos. La mayoría de los publicadores se apoyan en él”.

LOS COMIENZOS EN EL CAMPO DE HABLA INGLESA

Vayamos ahora al campo de habla inglesa. Aunque por coincidencia, las semillas de la verdad empezaron a plantarse aproximadamente al mismo tiempo que en el campo de la lengua vernácula, pero estas provinieron de una fuente diferente. Se empezó en 1921, cuando Henry Ancketill, P. J. deJager y P. Williams, tres hermanos de la sucursal de Sudáfrica en Ciudad de El Cabo, hicieron un breve viaje a este país y dieron discursos en las ciudades de Bulawayo y Salisbury. De 1924 a 1925 vinieron otros hermanos con el propósito principal de intentar conseguir que la obra se estableciese legalmente, pero sin resultados.

Todos estos Testigos de habla inglesa tenían un campo de acción muy restringido, ya que se les había prohibido ponerse en contacto con las personas africanas, quienes con gran diferencia componían la mayor parte de la población. Sin embargo, las semillas de la verdad estaban siendo sembradas.

Un lugar en el que las semillas de la verdad del Reino realmente arraigaron fue en un gran rancho de 610.000 hectáreas (1.500.000 acres) en un rincón remoto del país, donde trabajaba Jack McLuckie. Ocurrió en el 1928. Su esposa Dorell estaba entonces en Sudáfrica y fue allí donde Bert, el hermano de Jack, le habló del mensaje del Reino. Como resultado, Jack recibió los siete tomos de los Estudios de las Escrituras.

A Jack le gustaron tanto, que inmediatamente sintió el profundo deseo de transmitir estas buenas noticias a sus amigos. Pero esta no era tarea fácil. La oficina de correos más cercana estaba a casi 90 kilómetros (56 millas) y los pocos vecinos de la región estaban separados por grandes distancias. Los únicos medios de transporte disponibles eran mulas o carretas tiradas por bueyes. Sin ceder al desánimo, Jack escribió pidiendo folletos para su distribución. Cuando se celebraba alguna reunión social en la granja, nunca perdía la oportunidad de dar testimonio concerniente al Reino. De hecho, Jack, su hermano Bert (a quienes cariñosamente se les conocía como “tío Jack” y “tío Bertie”) y sus familias desplegaron tal celo que en toda la parte meridional del país se llegó a conocer la verdad como “la religión de McLuckie”.

LA DÉCADA DE LOS TREINTA

La sucursal de Sudáfrica persistía en su determinación de conseguir que el mensaje del Reino se estableciera firmemente entre todas las razas, por lo que en 1932 envió cuatro precursores, uno de los cuales fue Robert Nisbet quien sirve actualmente en Australia. El viaje no careció de dificultades. Solo habían estado diez días en el país cuando se citó a los precursores para que comparecieran ante el Departamento de Investigación Criminal. Unos días después, recibieron la orden de partir en 48 horas y se les dijo que no podían apelar. Pero ellos apelaron y, según informó el hermano Nisbet: “Se nos permitió permanecer seis meses a condición de que no trabajásemos entre los africanos”. Parece que en aquel tiempo esto es lo que más temían las autoridades.

De aquella visita que se hizo en 1932 hubo pocos resultados. Sin embargo, en 1938 se efectuó otro viaje y este produjo más fruto. Para entonces había suficientes publicadores como para que se formase la primera congregación de habla inglesa.

EL DESARROLLO POR SEPARADO DE LA OBRA: UN OBSTÁCULO QUE SALVAR

Mientras esto ocurría, apareció en la escena alguien que iba a contribuir mucho a que la obra se estableciese más firmemente, especialmente en la zona de Bulawayo. Fue Willie McGregor, quien a los 80 años todavía sirve como anciano en una de las congregaciones de Bulawayo. El hermano McGregor, que se bautizó en Escocia en 1924, llegó a Zimbabwe en 1929 como un joven empleado de banco. En 1933 se estableció en Bulawayo, y allí resultó ser muy útil a los hermanos durante unos años de muchas dificultades.

Hay que recordar que durante aquellos años el gobierno era muy poco cooperador con los Testigos, especialmente en lo relacionado con los hermanos africanos. Como lo explicó Robert Nisbet: “La oposición tanto por parte del gobierno como por parte de muchos rodesianos blancos, desde el punto de vista humano, había sido abrumadora”. Los opositores ejercían una constante presión para evitar que se esparciese el mensaje del Reino entre los de lengua vernácula.

Por esta razón, es interesante saber lo que sucedió en el primer estudio interracial de La Atalaya que se organizó en el país. Se condujo por medio de dos traductores. Pero dejemos que nos lo explique Willie McGregor:

“Cuando ya llevábamos una media hora de estudio, vimos que se nos acercaban unos doce o quince policías montados. Esto provocó cierto nerviosismo. Pedí a los hermanos que continuásemos nuestro estudio tal como lo habíamos estado haciendo. Al llegar la policía, nos rodeó, con los caballos encarados hacia nosotros, a una distancia desde donde podían oírnos (celebrábamos la reunión al aire libre debajo de un árbol). Permanecieron allí hasta la oración de conclusión, y después, a una señal, volvieron grupas y se marcharon”. No hubo arrestos, ni la menor molestia. ¿Sería esto una brecha abierta hacia la unificación de la obra? Aunque era poco, sirvió de comienzo.

BATALLAS LEGALES ESTABLECEN LAS BUENAS NUEVAS

Como no habían podido evitar que la verdad se arraigase en Zimbabwe, la oposición oficial tomó un nuevo giro. El año 1936 dio comienzo a una década que resultó en la persecución oficial más intensa de la historia de la obra en este país.

En aquel año, el gobierno presentó el Decreto de Sedición y declaró sediciosas catorce publicaciones de la Sociedad. En 1937 esta acción dio pie al primer litigio que sobre este decreto recibió audiencia en los tribunales. Así es como Willie McGregor describe lo que sucedió:

“La decisión del magistrado de Bulawayo en cuanto a la naturaleza sediciosa de las publicaciones fue apelada, y el Tribunal Supremo de Bulawayo reconoció que según el Decreto de Sedición estas publicaciones no eran sediciosas”. Como prueba de lo determinado que estaba el gobierno en aquel tiempo a detener la distribución de nuestra literatura bíblica, él dijo: “Entonces el gobierno apeló contra esta decisión ante la sala de apelación de Bloemfontein, Sudáfrica. En marzo de 1938 ese tribunal confirmó el fallo del Tribunal Supremo de Bulawayo, en cuanto a que la literatura no era sediciosa y desestimó la apelación con costas”.

Este caso resultó en un buen testimonio. El periódico Bulawayo Chronicle informó con todo detalle sobre la opinión del tribunal. George Phillips, de la sucursal de la Sociedad en Ciudad de El Cabo, se sentó junto al abogado de la Sociedad en el tribunal y le ayudó a hallar textos apropiados y a explicar extractos de las publicaciones que habían sido declaradas sediciosas. Dicho sea de paso, el abogado de la Sociedad era Mr. Hugh Beadle, quien posteriormente llegó a ser el Juez Principal de Rodesia (Zimbabwe).

SE INTENSIFICA LA OPOSICIÓN

En 1939 los opositores emprendieron una campaña más intensificada para reprimir las actividades del creciente grupo de Testigos celosos, aunque este todavía era pequeño. Para este tiempo había 477 publicadores en el país, de los cuales 16 eran blancos. Y fue contra estos últimos que especialmente se dirigió la oposición.

En ese mismo año se trasladó a Zimbabwe una familia que iba a ejercer una profunda influencia en la obra del Reino durante los siguientes años. Fue Bert McLuckie (el hermano de Jack) con su esposa Carmen y sus hijos. Incluso hoy en día, a sus 85 años de edad, a Bert McLuckie se le conoce por su enérgica manera de discursar y su incansable celo por Jehová. Este celo les condujo tanto a él como a su familia a muchas experiencias interesantes y emocionantes, como veremos.

Durante 1940 las actividades del pueblo de Jehová llegaron a ser tema de mucho interés y discusión, especialmente entre los líderes religiosos. Los periódicos publicaron cartas cuya intención era desprestigiar la obra de Jehová. Para contrarrestar esto, la sucursal de la Sociedad en Ciudad de El Cabo imprimió el tratado titulado Intolerancia religiosa en Rodesia del Sur. Se dirigió “A todos los rodesianos que aman el orden”. Este tratado fue entregado en todo hogar, oficina y lugar de negocios de Bulawayo y sus alrededores.

Después, en noviembre de 1940, el gobierno se aprovechó de la histeria de la guerra y proscribió la importación y distribución de toda la literatura de la Sociedad. Aquel puñado de hermanos, junto a Jack y Bert McLuckie y Willie McGregor que destacaban por su celo, decidieron poner a prueba la validez de esta restricción. De manera que se pusieron a testificar con la literatura, y entonces surgieron los problemas. Hubo arrestos por parte de la policía seguidos de juicios en los tribunales. Al principio la mayor parte de los casos fueron rechazados por los tribunales, pero esta situación pronto cambió.

Ocurrió un incidente interesante cuando Bert y Jack McLuckie se hallaban ante el tribunal. Jack era una de aquellas personas que no le gustaba que se le perdonase sobre la base de simples tecnicismos. Hubiera preferido ir a prisión. Seguro que les gustará que Bert les explique lo que sucedió:

“Se me concedió permiso para interrogar a los testigos que habían acusado a Jack. Como entre nosotros existe un gran parecido, les pregunté si podrían jurar que el que les abordó fue Jack y no yo. Al admitir que no podían estar seguros, el caso fue desestimado, lo que disgustó mucho a Jack”.

Durante aquellos días, fueron a parar a prisión una cantidad considerable de hermanos, algunos por distribuir literatura proscrita y otros por la cuestión de la neutralidad cristiana. Entre estos últimos estuvo Willie McGregor. El hermano McGregor, que para este tiempo ya ocupaba un cargo de responsabilidad en un banco, fue despedido. En cuanto a su encarcelamiento él dice: “Yo era el único prisionero en la cárcel europea que había sido sometido a trabajos forzados. Aunque otros habían sido sentenciados por asesinato, robo y alguna otra forma de violencia, jugaban al ajedrez, al dominó y leían libros para pasar el tiempo mientras a mí se me hacía trabajar pintando las tuberías y el enmaderado del exterior del edificio”.

VIENTOS DE CAMBIO EN LOS AÑOS CUARENTA

La primera parte de esta década vio pocos cambios en la actitud oficial para con la obra del Reino. En 1942 (el año en que Bert McLuckie pasó otros cuatro meses y medio en la cárcel) los hermanos sacaron extractos del Anuario e imprimieron un folleto titulado: Testigos de Jehová: ¿quiénes son? ¿en qué consiste su obra? Esto resultó en más arrestos. El que ni siquiera el nombre del editor constara en el folleto no importó. Entre los arrestados estuvieron Willie McGregor y Gerry Arsenis, un hermano griego recién bautizado, de Salisbury (la actual Harare).

Sin embargo, la situación empezó a cambiar gradualmente, se fue suavizando. En una larga carta dirigida al periódico Bulawayo Chronicle, una mujer escribió: “McLuckie mismo vino a nuestra casa. Vino con muy buenos modales, traía una Biblia en la mano, y cuando abrí la puerta dijo cortésmente: ‘Tengo un mensaje para usted, ¿le gustaría oírlo?’ Le respondí acaloradamente: ‘¿Todavía no han aprendido ustedes una lección?’ A lo cual él respondió: ‘¿Qué quiere decir? ¿Se refiere a que hemos estado en prisión?’ ‘Sí’, contesté, y llamé a mi esposo para que se encargase de él. Pero, ¿qué podíamos hacer? Era tan educado, con una Biblia en la mano, mi marido no pudo echarle a patadas ni siquiera llamar a la policía; no había nada en su comportamiento de lo cual pudiéramos quejarnos. Nos dejó perplejos, y se fue tan calmadamente como había venido”.

Durante la Segunda Guerra Mundial la cantidad de publicadores continuó aumentando, hasta llegar a 1.090 en 1943. Al año siguiente, a pesar de las restricciones en contra de la obra, se organizaron dos asambleas para los hermanos que hablaban la lengua vernácula y otra pequeña para la congregación de habla inglesa. La asistencia combinada de 1.101 a estas tres asambleas muestra que durante todo el tiempo en que los hermanos blancos estuvieron encarándose a las susodichas dificultades, los Testigos africanos todavía estaban muy activos.

SE SUPRIMEN LAS RESTRICCIONES

En 1946 el gobierno decidió suprimir las restricciones impuestas sobre la importación y distribución de la literatura de la Sociedad, lo que causó gran gozo entre los hermanos. Sin embargo, para este tiempo hacía falta mucho entrenamiento en el servicio de casa en casa, y hermanos que llevaran la delantera en el campo. El 1 de julio de 1947 se dio un importante paso adelante para hacer frente a esta necesidad, cuando Bert McLuckie fue asignado a abrir un almacén para la Sociedad en Bulawayo, bajo la dirección de la sucursal de Sudáfrica.

COMIENZA LA OBRA DE PRECURSOR

Hemos dicho muy poco hasta ahora en cuanto a la obra de precursor. Este rasgo en realidad comenzó en 1947. Antes solo hubo dos o tres precursores en el campo y, durante algunos años, ninguno. Sin embargo, en 1947 tuvimos tres precursores, dos de los cuales eran Nason Mukaronda y Robin Manyochi.

Desde entonces en adelante la obra de precursor empezó a crecer rápidamente. En 1949 tuvimos un promedio de 114 precursores, y en 1950 llegamos a 292, un aumento del 156%. En 1949 Zachariah Noah fue el primer hermano en emprender el servicio de precursor especial. De manera que la obra empezaba a tomar ímpetu.

NOS ORGANIZAMOS PARA LA OBRA QUE TENÍAMOS POR DELANTE

Hasta esta fecha la sucursal de Sudáfrica supervisaba la obra en Zimbabwe. Pero en 1948 hubo un cambio que tuvo efectos de largo alcance. En enero de ese año llegó nuestro primer graduado de la Escuela de Galaad, al que el Anuario llamó nuestro “regalo de Galaad”. Fue Eric Cooke. Poco después de su llegada también vinieron dos visitantes, los hermanos N. H. Knorr y M. G. Henschel. Su visita resultó en otro gran paso adelante hacia una mejor dirección y organización de las congregaciones: el establecimiento de una oficina sucursal a partir del 1 de septiembre de 1948, con Eric Cooke como superintendente.

Estaba claro que el campo necesitaba una mejor supervisión. Para entonces la cantidad de publicadores había llegado a más de 3.500, y estaban organizados en 117 congregaciones. De modo que en 1948 estas congregaciones fueron agrupadas en cinco circuitos. Uno puede imaginarse el trabajo que tenían que hacer nuestros superintendentes de circuito, solo cinco para un país de aproximadamente 800 kilómetros (400 millas) en cuadro. Aunque algunos de sus viajes los hacían en autobús o tren, la mayor parte los efectuaban en bicicleta. Pero así se empezó.

AYUDA ADICIONAL PROCEDENTE DE GALAAD

Se recordará que desde el principio la obra tuvo dificultades debido a que los hermanos europeos no podían trabajar en las zonas africanas. De hecho, los hermanos blancos no podían entrar en lo que entonces se llamaban Reservas de Nativos ni siquiera para supervisar la obra. Fue bajo estas circunstancias que en febrero de 1949 llegaron cuatro graduados de la décima clase de Galaad. Estos eran George y Ruby Bradley, Myrtle Taylor y Phyllis Kite. Myrtle Taylor se casaría más tarde con Eric Cooke y en la actualidad ambos sirven como misioneros en Sudáfrica.

Aunque a estos cuatro misioneros se les concedió permiso para permanecer en el país, fue solo a modo de prueba. ¿Por qué? Porque, según el jefe de Inmigración, a los testigos de Jehová todavía se les consideraba “sospechosos”. Sin embargo, después de varios meses de trabajar entre los blancos en Bulawayo, Eric Cooke fue llamado a la oficina de inmigración y se le dijo que el período de prueba ya había terminado. A los cuatro se les concedió residencia permanente. Esto fue una victoria que abriría el camino para que otros graduados de Galaad entrasen en el país durante los años siguientes.

SIGUEN LOS AUMENTOS

Aunque esta victoria no suprimió las restricciones impuestas a los blancos de trabajar en las zonas reservadas a los africanos, contribuyó en gran manera a establecer más firmemente la obra del Reino en las zonas de habla inglesa. Por ejemplo, en Bulawayo, el primer lugar donde se estableció la sucursal y casa misional, la congregación inglesa tuvo un aumento de publicadores de un 54% en el año 1949.

De esta congregación salió una de nuestras primeras precursoras que iría a la Escuela de Galaad, Doreen Kilgour. Ella se graduó en 1956 y después de unos cuantos años aquí en Zimbabwe fue trasladada a Sudáfrica donde sirvió como misionera hasta febrero de 1983. Entonces regresó aquí para atender a su madre de edad avanzada. Esta hermana continúa poniendo un excelente ejemplo como precursora especial.

Durante este período, los aumentos se sucedían rápidamente. En los tres años que transcurrieron desde 1948 hasta 1951 el máximo de publicadores pasó de 4.232 a 9.088, la cantidad de congregaciones subió de 117 a 191 y los circuitos de 5 a 7. En el año de servicio de 1951 hubo un aumento de un 37% en el promedio de publicadores.

AYUDA INESPERADA

Examinemos por un momento el sentimiento que muchos habían desarrollado contra los testigos de Jehová: el recelo respecto a sus móviles. Para ilustrarlo, veamos la experiencia que tuvo George Bradley en Salisbury durante el mes de junio de 1950, después que la oficina sucursal y casa misional había sido trasladada a la ciudad capital.

Mientras predicaba en la calle, se le acercó al hermano Bradley un hombre bien vestido que parecía bastante sorprendido de que se exhibiesen de una manera tan abierta las revistas La Atalaya y ¡Despertad! El hombre preguntó: “¿Esto no es comunista?” Al asegurársele de que no lo era, siguió diciendo: “Bien, me llamo Dendy-Young, soy miembro del Parlamento y debo reconocer que estoy en completa oscuridad respecto a su obra”. Aceptó dos revistas y pidió que se le visitase en su oficina al día siguiente.

Cuando se le visitó, el señor Dendy-Young declaró que las revistas eran completamente inofensivas y pidió una carta que expusiera claramente los motivos y propósitos de nuestra obra. ¿Por qué razón? Porque el Parlamento iba a debatir el Proyecto de Ley en cuanto a Actividades Subversivas, y el señor Dendy-Young tenía la impresión de que se iba a hablar de los testigos de Jehová en aquel debate. Quería leer al Parlamento una carta que presentase los hechos. Cumplió su palabra, y consiguió que se leyese toda la carta.

Aunque el Proyecto de Ley se convirtió en un Decreto Ley, nunca se ha aplicado a la obra de los testigos de Jehová.

PROBLEMAS RELACIONADOS CON LA IMPORTACIÓN

A principios de los años cincuenta surgieron muchos problemas relacionados con la importación de literatura bíblica al país. Desde que en el año 1947 se estableció un almacén, los permisos de importación se otorgaban anualmente sobre la base de una cuota limitada de dólares americanos. De manera que cuando hicimos una solicitud a principios de 1950, esperábamos lo mismo. Pero para sorpresa nuestra la petición fue denegada. Cuando la sucursal formuló una solicitud sobre la base de que la literatura era un regalo, algo completamente gratuito, también fue denegada. ¿Qué íbamos a hacer?

La única cosa que podíamos hacer era seguir presentando solicitudes, con la esperanza de que los funcionarios cedieran y nos permitieran importar literatura. Finalmente, en agosto de 1951 se concordó que podríamos importar literatura con la condición de que fuese a modo de regalo. Esto significaría que no saldría moneda extranjera del país, y por lo tanto no afectaría las divisas del gobierno.

La primera licencia que se nos concedió bajo este arreglo fue por valor de 11.200 dólares. Pensamos que esto debió ser un error. De manera que decidimos aprovecharnos de ello por temor de que no se nos concediese otra licencia. Pensando en esa posibilidad hicimos un pedido por el valor total, que incluyó 32.000 ejemplares del libro ¿Qué ha hecho la religión para la humanidad? Nos alegramos de que este libro resultara ser una excelente ayuda en el estudio de la Biblia porque estuvimos ofreciendo ejemplares de aquel pedido original hasta el año 1975, ¡veinticuatro años después!

MEJOR ORGANIZACIÓN PARA HACER FRENTE A LAS NECESIDADES

En los años subsiguientes al establecimiento de la oficina sucursal en 1948 hubo un crecimiento muy rápido. Aunque puede que las cifras sean frías, a veces revelan mucho. Por ejemplo, en 1949 tuvimos cinco asambleas de circuito con una asistencia combinada de 7.415 y se bautizaron un total de 647 personas. En los siguientes tres años, se bautizaron 5.186 personas en símbolo de su dedicación a Jehová. Unas 1.587 personas más que el promedio de publicadores de todo el país en el año en que se formó la sucursal.

Pero eso no fue todo. En diciembre de 1952 recibimos otra visita de los hermanos Knorr y Henschel. Esta vez, en una asamblea al aire libre que celebramos en plena estación lluviosa, nuestros visitantes hablaron a un auditorio de 15.000 personas, el doble de la asistencia que tuvimos en 1949.

Todo esto significaba que se necesitaba una mejor organización. De manera que durante esta visita, se compró una casa justo en el centro de la ciudad capital. Este lugar serviría como casa misional y también como la ubicación de la oficina sucursal durante los siguientes veinte años.

LA OBRA DE DISTRITO TRAE BENEFICIOS

Hasta 1953 la obra de distrito se llevaba a cabo desde la oficina sucursal. Pero ahora era patente que se necesitaba un superintendente de distrito fijo. Una de las razones era que la cantidad de circuitos había ascendido a trece. Así que, desde entonces en adelante se asignó a superintendentes de distrito permanentes, quienes, por varios años, fueron en su mayoría graduados de Galaad.

Aunque a los superintendentes de distrito todavía se les impedía el paso a ciertas zonas, aquella obra resultó beneficiosa. Por un lado, ayudó a muchos granjeros y mineros a liberarse de las ideas incorrectas que tenían respecto a nuestra obra.

Un ejemplo de esto se vio cuando se estaba organizando una asamblea de circuito en Mberengwa, una pequeña aldea ubicada en una amplia zona de granjeros y mineros europeos en la parte sur del país. Durante los preparativos para la asamblea, Ruby Bradley estaba predicando y llamó a la puerta de un caballero jubilado que vivía en una comunidad minera. Este hombre mostró bastante prejuicio contra nuestra actividad. Estaba profundamente preocupado por el efecto que esta tendría en los africanos.

Cuando se hubo desahogado, la hermana Bradley le preguntó: “¿Me daría una oportunidad para explicarle en qué consiste nuestra obra?” Él accedió, y durante los siguientes minutos ella le explicó la naturaleza y el propósito de la obra del Reino. También le habló de lo que habían dicho los gerentes de grandes compañías mineras (de los cuales él conocía a uno) en cuanto a la honradez y confiabilidad de los Testigos africanos. El hombre quedó tan favorablemente impresionado con lo que oyó que aceptó cuatro libros y una suscripción a las revistas La Atalaya y ¡Despertad!

Aquella visita resultó ser muy provechosa. Había mucha oposición a nuestra asamblea, y sabíamos que tratarían de que no se celebrase. Este hombre honrado asumió la responsabilidad de corregir los malentendidos. Fue al hotel de la aldea donde muchos estaban reunidos, y les explicó lo que había aprendido. Como resultado, no volvimos a tener problemas para nuestras asambleas en aquella zona.

El interés que se desarrolló por el mensaje del Reino en esas zonas remotas durante aquel tiempo fue algo sobresaliente. El superintendente de distrito y su esposa se quedaban muchas veces sin literatura, por lo que recurrían a ofrecer suscripciones.

Otro beneficio que produjo la obra de distrito fue la presentación de las películas de la Sociedad, empezando en 1954 con La Sociedad del Nuevo Mundo en acción. La primera proyección se hizo en una asamblea de circuito. En ese circuito había aproximadamente 700 publicadores, pero la asistencia llegó a 3.378. ¡Qué emocionante fue! Las otras películas que se presentaron desde entonces continuaron atrayendo a grandes multitudes, muchos de los cuales expresaron su sorpresa al ver el alcance mundial de la organización de Jehová.

EMPIEZA UNA OBRA DE LIMPIEZA

Como ya se ha mencionado, a principios de los años cincuenta tuvimos un crecimiento muy rápido. Sin embargo, como consecuencia surgieron ciertos problemas. Se hizo patente que muchos de los que se bautizaban no se habían limpiado realmente de sus costumbres y prácticas incorrectas. Se bautizaban muchas personas que simplemente asistían a las asambleas de circuito y que en realidad no habían hecho una dedicación a Jehová. Para algunos solo era una fase pasajera y, para otros, nada más que una simple curiosidad por algo nuevo.

Además había muchos que no habían legalizado apropiadamente su matrimonio. Lo que sucedía es que, antes de que el hombre blanco llegase a este país, los matrimonios se llevaban a cabo según la costumbre africana, con un mediador, el precio de la novia, etc. Tales prácticas continuaron incluso después que el gobierno exigiera registro civil de los matrimonios. Para hacer frente al problema, el gobierno decidió conceder validez a todos los matrimonios tribuales que se habían celebrado antes del 1 de enero de 1951. Sin embargo, desde aquella fecha en adelante, todos los matrimonios tenían que ser registrados legalmente para que tuvieran reconocimiento oficial. Pero, por supuesto, las costumbres tardan en desaparecer. Así que muchos continuaron apegándose a sus antiguas prácticas.

Sin embargo, la Sociedad no podía aceptar los matrimonios tribuales contraídos después del 1 de enero de 1951, pues ya no estaban reconocidos por el gobierno (Rom. 13:1, 2; Luc. 2:1-5). Todo este asunto fue examinado cuidadosamente, y se les notificaron los requisitos bíblicos a las congregaciones. A todos los que se habían casado a partir de enero de 1951 y que no habían legalizado su matrimonio, se les concedió seis meses para hacerlo. Si para ese tiempo no habían hecho nada, y no había ninguna circunstancia atenuante, eran expulsados.

Fue animador ver que una gran cantidad de hermanos que estaban en esa posición dieron inmediatamente los pasos necesarios, debido a su amor a Jehová, para que su matrimonio estuviese en plena armonía con las Escrituras. Esto no era sencillo. Muchas veces implicaba ir a países vecinos, o que algunos parientes viniesen de esos países antes de que se les concediese a los Testigos el permiso para proseguir con la legalización de su matrimonio.

No obstante, hubo bastantes que realmente no deseaban armonizar sus vidas con la voluntad de Jehová. Por consiguiente, a comienzos del año 1955 se expulsó a cientos de personas que no querían aceptar las normas de justicia de Jehová. De todos modos, ha sido muy estimulador ver que, después de todos estos años, algunos que fueron expulsados durante aquel tiempo, han legalizado recientemente su matrimonio, han sido readmitidos, y ahora están sirviendo felizmente a Jehová.

EL SERVICIO DE PRECURSOR SUFRE UN REVÉS

En 1949 el servicio de precursor empezó a progresar. En aquel año tuvimos 114 precursores. Solo tres años después, en 1952, hubo un promedio de 949, además de 6 precursores especiales. ¡Aquello era maravilloso! No obstante, al pasar el tiempo llegó a ser obvio que una gran cantidad de estos precursores no estaban enviando informes exactos. Muchos de ellos, en lugar de informar el tiempo que verdaderamente pasaban en el servicio del campo, informaban el requisito de 100 horas. Pero, ¿a qué era debido? Porque muchos no sabían leer ni escribir y por lo tanto no podían mantener un registro adecuado de su servicio del campo.

En 1955 se consultó este asunto con la central de la Sociedad. La respuesta fue que solo podrían continuar como precursores los que supieran leer y escribir. De manera que nuestra cantidad de precursores disminuyó. Por supuesto, esto se hizo de manera gradual, a medida que los superintendentes de circuito visitaban las congregaciones donde servían estos precursores. Nos sentimos felices de decir que incluso en los años setenta algunos de aquellos hermanos volvieron a las filas de los precursores como resultado de las clases de leer y escribir celebradas en la congregación.

LA LUCHA POR RECONOCIMIENTO LEGAL

Parece apropiado volver a mencionar aquí la necesidad que teníamos de una mejor supervisión de nuestras congregaciones en las tierras comunales. Hasta ese tiempo, los superintendentes de distrito, debido a que eran europeos, todavía no tenían permiso para entrar en esas zonas del país. Esto significaba que casi la mitad del país estaba fuera de su alcance. Podían servir a los superintendentes de circuito y asistir a las asambleas de circuito, pero siempre que esto se realizase fuera de esas zonas. Esto obstaculizó en gran manera los esfuerzos de la Sociedad por fortalecer a las congregaciones en las tierras comunales.

¿Qué se podía hacer? El problema básico radicaba en que no éramos una religión reconocida. Por consiguiente, la pregunta era: ¿Cómo podríamos conseguir que se nos reconociese?

Lester Davey, que había venido en 1954 de la Escuela de Galaad y que en aquel tiempo servía como superintendente de sucursal, pensó que si se conseguía autorización para celebrar matrimonios se daría un gran paso hacia la consecución del reconocimiento legal. De hecho, desde el año 1949 en adelante se había estado solicitando dicha autorización, pero esta había sido consecutivamente denegada.

Uno de los grandes obstáculos para su concesión consistía en que todos los testigos de Jehová son ministros. La objeción oficial era: ya que el Decreto para Matrimonios Cristianos estipula que cualquier ministro de una religión reconocida puede celebrar casamientos, cualquier testigo de Jehová podrá hacerlo. Sin embargo, se les garantizó que solo actuarían en esta capacidad los representantes de la Sociedad que tuvieran certificados especiales de ordenación.

¡Por fin lo logramos! En mayo de 1956, siete hermanos, entre graduados de Galaad y betelitas, recibieron autorización oficial para celebrar matrimonios. ¡Fue un paso importante hacia la consecución del pleno reconocimiento legal!

VICTORIAS POSTERIORES

En junio del mismo año, dimos la bienvenida a un matrimonio americano, Bud y Joan Miller. Después de haber pasado por Galaad, el hermano Miller fue enviado para ocupar el puesto de superintendente de sucursal. Bajo su dirección se prosiguió la lucha por conseguir que los superintendentes viajantes europeos tuviesen el derecho de entrar en las reservas. Fue entonces que la decisión de autorizar a los Testigos a celebrar matrimonios resultó ser providencial. Se sostuvo una constante correspondencia con la oficina del Secretario de Asuntos Nativos. Estas son algunas citas de cartas recibidas de esa oficina:

27 de septiembre de 1956: “Con referencia a: Entrada de supervisores europeos en las reservas de los nativos. El asunto está bajo estudio”.

8 de diciembre de 1956: “Solo se permitirá la entrada a las reservas y zonas de nativos a supervisores europeos de la Sociedad con licencia para celebrar matrimonios otorgada por el Departamento de Justicia e Interior”.

14 de enero de 1957: “He expedido permisos a los mencionados señores para entrar en las reservas y zonas de nativos”.

Por fin los superintendentes de distrito junto con los de circuito pudieron visitar las congregaciones de una vasta zona en la que hasta entonces no se les había permitido entrar. Verdaderamente Jehová estaba dirigiendo los asuntos a fin de que Su voluntad pudiera efectuarse en todo lugar del país.

LOS PORQUÉS DE LAS DISMINUCIONES

Además de lo mencionado anteriormente, hay otras razones por las que, durante cierto tiempo, nuestro índice de aumento disminuyó en gran manera. Para estar seguros de que solo se bautizaría a quienes realmente calificaran, se requirió de todos los candidatos que pasaran primero por un curso de estudio, no muy diferente del que ahora se bosqueja en el libro Organizados para efectuar nuestro ministerio. Hecho esto, el candidato tenía que ser aprobado por el superintendente de congregación. Pero eso no era todo. Los candidatos aún serían entrevistados por el superintendente de distrito en las asambleas de circuito y por representantes especiales de la Sociedad en las asambleas de distrito.

Pues bien, es de imaginar en qué resultó todo esto. Efectivamente, la cantidad de personas bautizadas disminuyó. Por ejemplo, en 1957, en una asamblea a la que asistieron 16.000 personas, solo se bautizaron 100 (una disminución considerable al compararse con las cifras anteriores). Sin embargo, el resultado definitivo fue el de congregaciones espiritualmente fuertes, congregaciones compuestas por personas que realmente se estaban vistiendo de la nueva personalidad por medio de conocimiento exacto. (Col. 3:10.)

Otro factor que afectó la proporción de aumento en publicadores, fue el que se rellenaran incorrectamente los informes. Este asunto ya había sido tratado en el caso de los precursores, pero muchos publicadores también estaban haciendo informes inexactos.

El efecto de todo esto se puede ver en los cinco años que transcurrieron de 1957 a 1962. Durante ese período se bautizaron 3.600, pero no hubo aumento en publicadores. De hecho, de 1962 a 1967 siguió la disminución. No fue sino hasta 1968 que la cantidad de publicadores empezó a subir de nuevo.

EL PLENO RECONOCIMIENTO LEGAL AÚN ESTABA PENDIENTE

Extraño como pueda parecer, un departamento del gobierno podía conceder reconocimiento al pueblo de Jehová sin que necesariamente los otros lo hiciesen. Así, mientras que el Departamento de Justicia e Interior, y el de Asuntos Nativos, finalmente dieron reconocimiento legal a los Testigos, el Departamento de Educación seguía rehusando hacerlo. Esto resultó en complicaciones. ¿De qué manera?

En aquel tiempo la mayor parte de la instrucción escolar que se efectuaba fuera de los grandes centros escolares estaba bajo el control de las organizaciones religiosas. La normativa del gobierno estipulaba que a los estudiantes se les matriculara en las escuelas sin discriminarles y que a los niños no se les diera instrucción religiosa en contra de los deseos de sus padres.

Algunas organizaciones religiosas acataron las regulaciones del gobierno en este asunto, pero otras no lo hicieron. Estas últimas estaban determinadas a no permitir que los hijos de los testigos de Jehová recibieran educación en sus escuelas a menos que también asistiesen a la escuela dominical y a otras clases religiosas que no formaban parte del programa de estudios.

Don Morrison, quien junto con su esposa, Marj, llegó de la Escuela de Galaad en 1955 y estaba efectuando la obra de distrito, dice: “Algunas religiones declaraban abiertamente que expulsarían a cualquier testigo de Jehová que objetara y también impedirían que fuese readmitido al año siguiente”. Sin embargo, cuando el asunto llegó al Departamento de Educación, las escuelas alegaban que carecían de plazas. Solo podían aceptar un número limitado de estudiantes, pero siempre se aseguraban de que entre ellos no estuvieran los hijos de los testigos de Jehová. Otros informaron que la razón para expulsar a los niños era su “desobediencia”. Esta “desobediencia” consistía en su negativa a asistir a la escuela dominical, cosa que el Departamento de Educación no requería.

En consecuencia, tanto por esta como por otras cuestiones, llegó a ser indispensable que se nos reconociese oficialmente como una religión.

Allá en 1950, el Departamento de Educación notificó a todas las escuelas que no se debería permitir la entrada a testigos de Jehová adultos que pretendieran impartir enseñanza religiosa, ni siquiera para instruir a los niños de los Testigos. En 1956 llegó la misma respuesta: “Tengo que notificarle, muy a pesar mío, que el Ministro no está dispuesto a reconocer a la Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania como una denominación religiosa facultada para impartir a los alumnos en las escuelas instrucción religiosa”. En 1957 llegó una respuesta similar.

Transcurrieron varios años hasta que el Departamento de Educación finalmente cambió su postura en este asunto, pero hablaremos de esto después.

HERMANOS EXPERIMENTADOS FORTALECEN EL CAMPO

A estas alturas convendría mencionar a dos parejas que pueden dar una idea de la aptitud de la mayoría de los misioneros que fueron enviados a este país.

La primera pareja, Ted y Joyce Buckingham, llegó en junio de 1959 después de graduarse en la Escuela de Galaad. Desde entonces, hasta que fueron trasladados a Sierra Leona a mediados de los setenta, sirvieron en la obra de circuito principalmente en el campo de habla inglesa. De hecho, por más de diez años este matrimonio viajó de congregación en congregación casi cada semana. Su circuito era todo el país. Cuando el hermano Buckingham enfermó gravemente, estando ya en Sierra Leona, partieron para servir en la oficina sucursal de Londres. Pero los hermanos de aquí todavía sienten un profundo cariño por ellos.

El otro matrimonio es John y Val Miles. Esta pareja americana fue trasladada de Zambia en junio de 1960 debido a la necesidad de un superintendente de distrito. No hay duda de que ellos podrían escribir un libro sobre sus experiencias. Pero aquí se da una. Estaban visitando una pequeña congregación cerca de la carretera principal y, según explica el hermano Miles:

“Decidimos acampar durante la semana en un lugar precioso y recogido al lado de la carretera principal y cerca de la congregación. Sin embargo, los hermanos locales creyeron que deberíamos acampar en otro lugar aún más cerca. Aunque hubiéramos preferido el lugar que escogimos, decidimos trasladarnos al lugar más cercano debido a que era más conveniente.

”Una noche estábamos cenando y oímos lo que parecía un tiroteo, pero no hicimos caso pensando que eran las explosiones producidas por el tubo de escape de un camión. Al día siguiente, mientras comíamos, oímos en la radio que había habido un tiroteo entre la policía y los independentistas justo en la zona donde íbamos a acampar. En el transcurso del mismo murieron tres independentistas, y algunos policías resultaron heridos. Imagínense cómo nos sentimos cuando después vimos los agujeros de las balas en la mesa, los bancos del campamento y en los árboles circundantes. ¡Cuántas gracias le dimos a Jehová de que se nos impulsara a cambiar de lugar!”. Actualmente el hermano y la hermana Miles sirven fielmente en Lesotho.

EXPERIENCIAS DE SUPERINTENDENTES DE DISTRITO

¿Les gustaría oír más acerca de las experiencias poco comunes que tuvieron algunos superintendentes de distrito y sus respectivas esposas? En una ocasión, en un lugar llamado Kariba, en la parte occidental del país, el hermano Morrison estaba sentado fuera de su tienda por la noche escribiendo a máquina. La hermana Morrison se había ido a acostar a la tienda. “Estaba acostada —declaró ella— cuando oí un extraño sonido que parecía un resoplido. Llamé a Don, pero no me oía. De nuevo oí aquel sonido. Esta vez salí a donde estaba Don para decírselo.”

“Entonces tomé la linterna —dijo el hermano Morrison— y entré en la tienda. Allí, entre el borde de la tienda y la literatura que teníamos dentro, pude ver el cuerpo de una serpiente más gruesa que mi puño. Salí rápidamente, cogí un tubo de hierro, y fui hacia la parte de atrás de la tienda. Allí, a la vista, estaba la cola de la serpiente, de manera que la golpeé con el tubo. Enseguida asomó la cabeza irguiéndose mientras bufaba. Era una víbora bufidora. Ya la había herido de modo que terminé de matarla con el tubo de hierro.” Ni que decir tiene que la hermana Morrison no durmió muy bien aquella noche.

“Nuestra primera experiencia con escorpiones —dice Ruby Bradley— la tuvimos la primera vez que montamos nuestra tienda cuando servíamos en la obra de distrito. Estábamos a punto de acostarnos cuando nos dimos cuenta de que algo había entrado por debajo de la tienda. Era un escorpión, y enseguida lo matamos. Pero entonces vino otro, y otro. No fue sino hasta que matamos a cuatro que nos dimos cuenta de que era nuestra luz lo que los estaba atrayendo. De manera que decidimos que lo mejor que podíamos hacer era apagar la luz.”

En marzo de 1962 llegó otra pareja de misioneros, John e Irene McBrine. El hermano McBrine había asistido al curso de diez meses de la Escuela de Galaad y fue enviado para asumir las responsabilidades de superintendente de sucursal. Sin embargo, primero participó en la obra de distrito con el fin de familiarizarse con el país. Él nos explica lo que sucedió:

“George Bradley, de la oficina sucursal, nos llevó a Irene y a mí a una pequeña asamblea de circuito en la espesura a unos 90 kilómetros (55 millas) de la ciudad más próxima. Dio la casualidad de que coincidimos con la fase final de un huracán, y llovía torrencialmente.

”El lugar de asamblea estaba al otro lado de lo que había sido una pequeña corriente de agua, pero que ahora se había convertido en un río turbulento. Era evidente que aquella noche no podrían celebrarse las sesiones de asamblea, por lo que los hermanos africanos se refugiaron donde pudieron.

”¿Qué íbamos a hacer? En realidad, no había nada que pudiéramos hacer excepto esperar. Habíamos montado nuestra tienda al llegar, pero por temor a que traspasase el agua debido a la fuerte tormenta, los tres decidimos dormir en la camioneta, George intentó acostarse en el asiento delantero e Irene y yo en la parte trasera. ¡Que noche pasamos! Afuera, la tormenta era cada vez más intensa por la aumentante velocidad del viento. Hubo un momento en que miramos hacia la tienda, y ¿qué vimos? ¡Unos diez centímetros de agua cubrían el suelo! Dimos gracias por haber decidido dormir, o intentar dormir, en la camioneta.

”A la mañana siguiente las cosas fueron mejor. Las lluvias habían aflojado y pronto los hermanos locales hallaron una escuela donde pudimos celebrar nuestro programa de asamblea. El entusiasmo de nuestros hermanos, que habían aguantado mucho más que nosotros, compensó de sobra todo lo que habíamos pasado”.

SE AVECINAN NUBARRONES

Al acercarnos a mediados de los sesenta se empezaron a notar visos de inquietud. Anteriormente, los superintendentes viajantes tenían que protegerse de los animales salvajes. Al viajar de una congregación a otra algunos superintendentes incluso se ataban a ramas altas de árboles para pasar la noche con el fin de protegerse de las bestias salvajes. Pero ahora los peligros venían de una fuente diferente: los humanos (compárese con 2 Corintios 11:23-27). Empezó a surgir la intimidación política.

Uno de los primeros hermanos que experimentó los efectos de esta situación fue Arimón Muringa, que servía como superintendente de congregación en la ciudad capital. El 12 de enero de 1965 fue arrestado. ¿Por qué? Porque se dijo que había sido identificado “como uno de los muchos que en el pasado habían sido culpables de actos de violencia”. Por supuesto esto era falso, pero antes de ser declarado inocente tuvo que pasar un mes lleno de angustiosas experiencias.

Debido a que sin haberle juzgado le habían dado una sentencia de noventa días, el hermano Muringa hizo una solicitud para apelar. Se le dijo que no habría apelación. No satisfecho con esta respuesta, John McBrine, en representación de la sucursal, apeló directamente al Ministro de Orden Público. Esta apelación junto con la excelente recomendación por parte del patrón del hermano Muringa, finalmente resultó en que fuese libertado después de un mes de prisión.

Pero ¿cómo fue tratado en prisión? Él dijo: “Las autoridades de la prisión me trataron bien, pero algunos de los prisioneros se portaron de manera muy brutal conmigo. En dos ocasiones me pegaron tan fuerte que perdí el conocimiento. Lo hicieron para intentar obligarme a que me hiciera miembro de su partido político. Me dieron estas dos palizas, en cada ocasión, golpeándome en la espalda desnuda con un cinturón recio y abofeteándome después con dureza por lo menos unas nueve personas”.

El hermano Muringa mantuvo una conducta cristiana tan buena durante esta experiencia que, ya hacia el final, algunos de los que le habían atormentado empezaron a ponerse de su lado. Su posición inflexible resultaría después en una gran fuente de estímulo para otros.

SUPERINTENDENTES DE DISTRITO LOCALES

Por muchos años los misioneros hicieron la mayor parte del trabajo de supervisión. Sin embargo, al empezar la década de los sesenta se consideró apropiado utilizar más a los hermanos locales. Este paso resultó providencial.

El primer hermano local que sirvió como superintendente de distrito fue Isaac Chiadzwa, que empezó en esta obra junto con su esposa Ivy, en diciembre de 1962. Luego en 1966, Sizulu Khumalo, otro hermano local experimentado, empezó en la obra de distrito y resultó ser de gran ayuda a los hermanos durante los años de extremas dificultades y penalidades que vinieron después.

El tener a tales hermanos en la obra de distrito fue una verdadera bendición. Por un lado, al estar familiarizados con el lenguaje local y las costumbres podían hacer mucho más para llegar a la raíz de los problemas de los publicadores. Conocían a los hermanos y sabían a lo que estos se encaraban. Siendo nativos podían ir y venir mucho más libremente que los misioneros, y especialmente cuando empezaron a aumentar las tensiones y los extranjeros se convirtieron rápidamente en una fuente de sospecha. Por la manera en que se desenvolvieron los asuntos después, estábamos seguros de que era la voluntad de Jehová que ahora se usasen hermanos locales.

MEDIDAS DE EMERGENCIA AFECTAN LAS ASAMBLEAS DE CIRCUITO

Cuando el gobierno de Rodesia declaró su independencia el 11 de noviembre de 1965, se instituyeron unas medidas de emergencia que afectaron nuestras actividades. Por un lado el gobierno requería que presentásemos a la Junta de Censura una muestra de todas las publicaciones que entraban en el país, incluyendo cada ejemplar de las revistas. Esto representaba sobre todo una incomodidad, pues ni siquiera una sola vez encontraron algo en nuestras publicaciones que impidiese su entrada en el país.

Lo que más nos afectó fueron los rígidos controles de toda reunión pública. Se prohibieron las reuniones de más de unas cuantas personas a no ser que se tuviese permiso de las autoridades pertinentes. Aunque en realidad esto no aplicaba a las reuniones puramente religiosas, tales reuniones fueron prohibidas en algunas de las zonas de disturbios.

Llegó a ser bastante frustratorio, pues casi cada vez que la oficina sucursal solicitaba a las autoridades pertinentes un permiso para celebrar una asamblea de circuito, este era denegado. De manera que al final se decidió no celebrar asambleas de circuito. Solo nos reuniríamos en asambleas de distrito, y estas tendrían lugar en sitios bien protegidos.

En vista de esto, es de imaginar nuestra sorpresa cuando un día, en 1969, recibimos una carta de algunas congregaciones de Bulawayo, en la que se incluía... ¡un programa de asamblea de circuito! Sí, habían montado su propia asamblea, preparado su propio programa, repartido asignaciones y organizado una cafetería. Aunque no debieron anticiparse, resultó ser algo positivo. En aquella asamblea se reunieron cientos de nuestros hermanos.

Esto nos dio una idea. En vez de que la Sociedad solicitara el permiso a las autoridades en pro de cada circuito, ¿por qué no dejar que los mismos hermanos locales lo solicitasen a las autoridades de su localidad? Esto resultó, y finalmente se organizaron de nuevo asambleas de circuito. El superintendente de circuito escogía a hermanos locales bien conocidos para presentar la solicitud, y siempre dio resultado. Desde entonces hemos estado celebrando nuestras asambleas de circuito en todas las zonas, aunque continúan las medidas de emergencia. Es evidente que Jehová había dirigido los asuntos.

SE RESUELVE UNA VIEJA CUESTIÓN

Regresemos al relato sobre la lucha por conseguir pleno reconocimiento como organización religiosa. Se recordará que el pueblo de Jehová ya había conseguido que dos departamentos gubernamentales, el Ministerio de Asuntos Nativos y el Ministerio de Justicia e Interior le reconocieran, pero el Ministerio de Educación aún no lo había hecho.

Por esta razón, en febrero de 1966 la oficina sucursal sacó a relucir de nuevo este asunto al escribir una carta detallada formulando nuestra solicitud por reconocimiento como organización religiosa. El 8 de marzo vino la respuesta: “Siento que, después de haberlo considerado, no pueda acceder a su petición”.

Inmediatamente telefoneamos, y después de mucho argumentar, conseguimos una entrevista con el ministro. Se nos concedió el 23 de marzo. Celebrada la entrevista transcurrieron cuatro meses sin recibir respuesta. ¿Harían caso omiso de nuestra petición?

Por fin, el 21 de julio recibimos una carta del Ministro de Educación: “Hemos estudiado detalladamente esta cuestión y se ha decidido poner a los testigos de Jehová en la lista oficial de denominaciones religiosas reconocidas por el Ministerio de Educación”. ¡Una victoria después de dieciséis años de lucha! Esto no solo nos abrió el camino de acceso a las escuelas para impartir instrucción religiosa, sino que también resolvió el problema de la expulsión de nuestros hijos de la escuela. ¡Cuántas gracias dimos a Jehová por esta victoria!

MISIONEROS PROCEDENTES DE MALAWI

En 1968 empezó un nuevo capítulo para nuestra sucursal: la superintendencia de los intereses del Reino en Malawi. En principio, la razón para esta asignación fue la proscripción que se impuso a los Testigos en aquel país en octubre de 1967, por lo que en noviembre de ese año los misioneros fueron expulsados de Malawi. De estos misioneros, finalmente dos matrimonios fueron asignados a Zimbabwe: Keith y Anne Eaton, y Hal y Joyce Bentley.

UNA ASIGNACIÓN SINGULAR

El matrimonio Bentley había tenido una asignación singular: servir a los hermanos de Mozambique, un país que hasta el momento de la proscripción en Malawi había estado bajo la dirección de esa sucursal. Al mirar un mapa de África se verá que Mozambique es un país largo y bastante estrecho situado en la costa oriental africana. Se extiende hacia el norte desde Sudáfrica, a lo largo de la frontera oriental de Zimbabwe, bordeando el extremo sur de Malawi. El gobierno de Mozambique nunca ha reconocido a la organización de los testigos de Jehová. Hasta aquí todos los esfuerzos por conseguir reconocimiento legal han fracasado. Pero escuchemos lo que el hermano Bentley nos explica en cuanto a la asignación que tuvieron:

“Fue por febrero de 1962 que Joyce y yo recibimos la asignación de visitar a los hermanos de Mozambique. Nuestro primer viaje lo hicimos en avión desde Blantyre en Malawi, hasta Lourenço Marques (actualmente Maputo), la capital de Mozambique. Allí encontramos un pequeño grupo de personas interesadas que se reunían en el hogar de un sargento del ejército, que vivía dentro del recinto militar.

”Después de regresar unas cuantas veces por el mismo medio, se decidió que deberíamos ir por carretera y llevar nuestro equipo de acampar, entrando en el país como turistas. Para hacerlo usamos una camioneta Volkswagen. Las carreteras que descendían por la costa pasando por Beira, eran en su mayor parte de grava y se encontraban en muy mal estado. Además, la distancia que teníamos que viajar era de unos 1.600 kilómetros (1.000 millas)”.

Debido a la guerra que había en Mozambique, posteriormente los hermanos Bentley vieron necesario ir desde Beira hasta Lourenço Marques vía Salisbury. Esto representaba un viaje de más de 2.000 kilómetros (1.300 millas), sólo de ida, y ellos hacían este recorrido cada seis meses. Viajaban por carretera una distancia muy considerable, pero fueron bendecidos viendo crecer la congregación.

Después de unos cuantos años limitaron sus viajes a la parte norte del país. “Más tarde nos dimos cuenta de que probablemente en este cambio había intervenido Jehová —dijo el hermano Bentley— pues la policía secreta de Lourenço Marques estaba esperando atraparnos la siguiente vez que fuésemos allí.”

Este matrimonio tuvo muchas experiencias emocionantes: unas veces arrestados, otras a punto de serlo, y otras conminados a abandonar el país. Pero pudieron hacer un trabajo magnífico, fortaleciendo a muchos nuevos publicadores y personas interesadas. La hermana Bentley nos explica una experiencia que tuvieron en Beira:

“Una joven que había estado estudiando en Portugal se trasladó a Mozambique. Escribió a la Sociedad preguntando si le podrían seguir conduciendo el estudio. Nos dieron el nombre y la dirección. Cuando llamamos al apartamento vino a la puerta una mujer. Le preguntamos: ‘¿Es usted Clotilde de Gomes?’ ‘Soy Clotilde, pero no de Gomes’, fue la respuesta. ‘Soy Clotilde de Almeida’. Como no queríamos perder una oportunidad de dar testimonio, le explicamos por qué preguntábamos por la otra mujer”. Rápidamente esta mujer fue a llamar a una vecina y posteriormente la otra Clotilde también fue localizada. ¿Cuál fue el resultado?

La hermana Bentley nos dice: “La primera mujer que deseábamos ver actualmente es una Testigo dedicada junto a sus cinco hijos, y su esposo es anciano en la congregación. Los padres y el hermano de su esposo son todos Testigos. La segunda mujer también está bautizada, así como la vecina y el esposo e hijo de esta”.

Cuando les preguntamos qué pensaban de aquella asignación, el hermano Bentley lo resumió de la siguiente manera: “Había ocasiones en que pensábamos que sería agradable estar en algún lugar lejos del calor y la humedad, y libres de la inquietud de ser arrestados en cualquier momento. Sin embargo, mirando atrás, nos damos cuenta de que tuvimos un maravilloso privilegio de servicio en aquella asignación y que la bendición y la protección de Jehová nunca dejó de acompañarnos”.

El matrimonio Bentley fue trasladado después a Botswana, donde continúan poniendo un ejemplo excelente como misioneros.

PERSECUCIÓN EN MALAWI

Volvamos ahora a la proscripción de los testigos de Jehová en Malawi ocurrida en octubre de 1967. Después de esta proscripción, hubo una ola de persecución que según lo describió una revista fue: “La persecución de cristianos más brutal e inhumana de este siglo veinte”. Este mismo artículo declaró: “Para igualar los horripilantes relatos de sufrimiento, crueldad y obscenidad [...], uno tendría que remontarse al exterminio de los protestantes primitivos llamados valdenses en el sudeste de Francia e Italia allá en los siglos quince y dieciséis”.

¿Por qué se cometieron estas atrocidades? Debido a la posición estrictamente neutral que mantiene el pueblo de Jehová en cuanto a la política. Cuando en aquellos días se le preguntó al hermano Justin Zacuruka por qué eran sometidos a tales tratos los cristianos verdaderos, este Testigo declaró: “Porque rehusamos comprar una tarjeta política”. Como en el caso de los testigos de Jehová por todo el mundo, estos cristianos rehusaron violar su neutralidad cristiana, aunque tuvieran que aguantar los tratos más crueles. De hecho, hubo quienes hasta perdieron su vida.

La actitud de todos los leales se puede resumir bien en las palabras de un hermano de edad avanzada, el hermano Samson Khumbanyiwa, que perdió su casa, sus muebles, su ropa y todo lo que tenía. Él dijo: “Sé que nunca estoy solo, y Jehová me ha protegido”. Es tal y como dijo el salmista: “Son muchas las calamidades del justo, pero de todas ellas Jehová lo libra”. (Sal. 34:19.)

AYUDA PARA LOS NECESITADOS

Debido a la intensidad de la persecución, miles de Testigos de Malawi consideraron necesario huir del país. Algunos fueron a Zambia, solo para que les mandaran de regreso a Malawi. Otros miles huyeron a Mozambique, a Milange, al otro lado de la frontera de Malawi. Allí permanecieron hasta 1970 aproximadamente, cuando empezaron a infiltrarse de nuevo en su propio país.

En Mozambique nuestros hermanos estaban a salvo de las manos de sus perseguidores. Pero ahora se encaraban a otros problemas. Estaban sin alimento, y carecían de ropa y abrigo. Lo habían dejado todo en la huida. Por lo tanto, ¿qué iban a hacer?

Extraño como parezca, aunque los Testigos nunca han tenido reconocimiento legal en Mozambique, estos refugiados fueron tratados con la máxima amabilidad. Las autoridades mozambiqueñas proporcionaron camiones para transportar a nuestros hermanos al interior del país a un lugar llamado Mocuba, a unos 160 kilómetros (100 millas) de la frontera con Malawi. Allí les dieron terreno para cultivar y les proporcionaron casas, hachas, azadas y semillas. También les suministraron cada día sacos de 90 kilogramos (200 libras) de alimento (maíz molido) para que comiesen. Esto fue una gran ayuda para nuestros hermanos y vieron que esta era la manera en que Jehová proveía para ellos.

Sin embargo, se necesitaba más ayuda. Además de lo que estaba proporcionando el gobierno de Mozambique, había una terrible necesidad de alimento, ropa, mantas y medicinas. ¿Cómo se iban a satisfacer estas necesidades? La única manera de transportar estas cosas desde Zimbabwe era por carretera, pero para ello había que cruzar Malawi. Con lo que acababa de ocurrir allí, ¿habría posibilidad de pasar con estas provisiones necesarias?

UN VIAJE LLENO DE EMOCIONES

Fue pensando en estas incógnitas que John McBrine y Jim Mundell —un misionero que junto con su esposa Kathy acababa de ser deportado de Zambia y estaba temporalmente en Zimbabwe— partieron de Salisbury el 22 de febrero de 1968 en una furgoneta Volkswagen llena de ropa y mantas donadas. Antes de partir habían hecho todo lo posible para obtener certificados de aduana para poder pasar su carga a través de los diversos puestos fronterizos. Sin embargo, debido a las regulaciones y restricciones no pudieron conseguirlos. Lo único que les quedaba, era confiar completamente en Jehová para que les guiase y dirigiese. Cada puesto fronterizo era una causa de preocupación, pero los pasaron todos sin dificultad. Era como si los ángeles estuvieran presentes a lo largo de todo el camino.

El viaje no era fácil. Entre Salisbury y la frontera de Mozambique en el lado oriental de Malawi había una distancia de 640 kilómetros (400 millas). La mayor parte de la carretera era muy accidentada, y todavía más en los restantes 160 kilómetros (100 millas) hasta llegar a Mocuba.

ALGUNAS DESILUSIONES

Naturalmente, una de las primeras cosas que John McBrine y Jim Mundell deseaban hacer, era visitar a los hermanos en los dos campos de refugiados en los que estaban. Así que la primera cosa que hicieron la mañana del 24 de febrero fue ir a ver al administrador del campo para conseguir el permiso. Pero, ¡cuán desilusionados se quedaron cuando el administrador les dijo que esto no sería posible! ¿Por qué? Porque su gobierno no reconocía a los testigos de Jehová.

Sin embargo, el administrador era un hombre amable y sugirió que esperasen hasta que él presentase el caso a su gobierno. Esperaron tres días y finalmente llegó la respuesta: ‘No había Testigos de Jehová en Mozambique, solo refugiados que el gobierno había ayudado por razones humanitarias. Si confiaban en el administrador del campo deberían dejar la ropa con él; pero si no podían hacerlo, tenían que llevársela’. ¡Qué decepción! ¡Haber hecho un viaje tan largo y ni siquiera poder ver a aquellos hermanos leales que habían aguantado tanto! Lamentablemente no podían hacer nada.

Tenían que decidir qué hacer con la ropa y las mantas. ¿Qué otra posibilidad había aparte de confiar en el administrador? Eso hicieron.

Naturalmente, la cantidad de ropa y mantas transportadas en la camioneta eran insuficientes para las necesidades de los hermanos de Malawi. Sin embargo, los dos misioneros también habían traído una donación de fondos para las necesidades adicionales de aquellos hermanos. Se llegó a un acuerdo que firmaron los dos hermanos, el administrador del gobierno y un comerciante indio. Los fondos que se contribuyeron se entregaron al administrador, y al comerciante se le entregó un pedido correspondiente a esa cantidad. Él tenía que suministrar vestidos, pantalones y más mantas. Al recibir el pedido el administrador le pagaría y llevaría las mercancías a los campos donde estaban los hermanos.

UN FINAL FELIZ

El desenlace de este relato da cuenta del resultado del viaje. Cuando regresaban, estando todavía en Mozambique, los dos hermanos vieron a unos africanos junto a la carretera con sus bicicletas cargadas de mantas. ¡Eran hermanos! El administrador les había dado todo aquello. Naturalmente, ambos hermanos se sintieron muy felices de saber que el administrador cumplía con su palabra y estaba actuando con rapidez. Pero su mayor alegría provino de saber que por lo menos se habían puesto en contacto con algunos Testigos de los campos. Como pudiera esperarse, esto resultó en un gran intercambio de estímulo, entre los hermanos que habían hecho el viaje y los de los campos.

A partir de entonces, Malawi y Mozambique estuvieron bajo la supervisión de la sucursal de Zimbabwe; Malawi por varios años, mientras que Mozambique aún continúa.

OTRA CUESTIÓN A LA QUE HACER FRENTE: LA BRUJERÍA

Para este tiempo, muchos de los hermanos de Zimbabwe tenían otro problema al que hacer frente. En este país se ha practicado la brujería durante siglos, pero hacia 1969 esta tomó un giro que le dio mucha prominencia. A fin de que se entienda el problema que tuvieron que afrontar nuestros hermanos, convendría explicar un poco los antecedentes del mismo.

Aunque casi todos los africanos de Zimbabwe son cristianos nominales, con un pequeño porcentaje de musulmanes, la superstición y la brujería todavía están muy extendidas. Aún hay hechiceros que utilizan huesos, pieles de animales, tocados hechos de plumas, y que pronuncian conjuros.

Los brujos están divididos en dos clases: los muroyis, que son brujos o practicantes de magia negra, y los n’angas, que son adivinadores o sanadores. El muroyi es el que mata. Él hechiza a las personas y se dice que es el responsable de las muertes prematuras y extrañas. Su actividad es ilegal y si se le encuentra practicando su hechicería puede ser aprehendido y procesado.

De otra parte está el n’anga, quien no se dedica necesariamente a causar la muerte. Es un sanador, aunque a veces los n’angas son utilizados para pronunciar conjuros mortíferos. Se dice que puede romper el conjuro del muroyi. El n’anga puede estar legalmente registrado ante el gobierno.

Para el año 1969, el n’anga empezaba a destacar por su aptitud para descubrir a los practicantes de brujería. Y esto era así no solo en las tierras comunales (anteriormente reservas), sino también en las granjas y minas donde por lo general vivían cientos de trabajadores con sus familias. Cada vez que había un rumor de brujería la comunidad llamaba al n’anga. Entonces se les convocaba para que compareciesen ante él.

Después de ciertos conjuros, el n’anga, ayudado por sus cantores, podía invocar a los espíritus para que le proporcionaran información en cuanto a quién estaba practicando brujería. Si el acusado era “identificado”, el jefe lo entregaba a los tribunales, donde sería juzgado según la Ley de Brujería. Naturalmente, todavía tenía que probarse su culpabilidad según los cánones legales.

SE PONE A PRUEBA A NUESTROS HERMANOS

Pero, ¿por qué significó esto una prueba para nuestros hermanos? Aunque al n’anga se le considera un sanador y un hombre bueno, no deja de estar implicado en espiritismo. Aquí es donde surgió el problema para los hermanos. Naturalmente, cuando se convocaba a la comunidad ante el n’anga, los hermanos rehusaban ir. De manera que el jefe, o el administrador de la mina o la granja, según fuese el caso, les hacía entrar a la fuerza.

La gran mayoría se mantuvo firme pero, triste es decirlo, hubo unos cuantos que cedieron ante estas circunstancias. Más tarde algunos de estos se arrepintieron genuinamente y ahora están sirviendo felizmente a Jehová de nuevo.

La actitud general de los hermanos se ilustra bien por la experiencia de Paul Ndlovu, quien entonces servía como precursor especial. Tenía 67 años y estaba tullido debido a un ataque de apoplejía. Cuando fue llevado a la fuerza ante el jefe, se le dijo: “Más vale que se arrodille [en reconocimiento del n’anga] tal como todos los demás”. Su respuesta fue clara: “Yo no me inclinaré ante ningún hombre porque esto significa adoración falsa. Usted bien sabe que soy un ministro de los testigos de Jehová, y no puedo obedecerle en esto”.

La firme posición de este hermano hizo que el jefe se enfureciera. Llamó a cuatro policías para que le esposasen y le obligasen a entrar en la habitación con el n’anga. El hermano Ndlovu continúa: “Entonces me empujaron dentro de la habitación y allí me encontré con algunos cantores esperando para recibirme con sus cánticos ceremoniales como es la costumbre”. ¿Y qué les dijo? “Yo no participo en el demonismo, y nunca me arrodillaré delante de ustedes porque soy testigo de Jehová.”

La firmeza del hermano fue recompensada, pues el n’anga aceptó un ejemplar del libro La Verdad, ¡y hasta contribuyó por él!

VICTORIA PARA LA ADORACIÓN VERDADERA

No pasó mucho tiempo antes de que esta práctica empezara a esparcirse por todas partes del país, causando muchas pruebas para los siervos leales de Jehová. Una experiencia de una congregación ubicada en una comunidad minera al norte del país muestra el grado al que llegaban para intentar quebrantar la integridad del pueblo de Dios. Debido a que hubo rumores de que se estaba practicando brujería, los empleados más antiguos solicitaron la audiencia de un n’anga. El informe de la policía sobre este suceso nos explica lo que sucedió entonces:

“Se le hizo la propuesta al empresario de la mina quien, después de investigar las credenciales del Nganga [ahora deletreado n’anga] y encontrarlas en orden, concordó, poniendo por condición que participasen todos [cursivas nuestras] los del recinto. Los empleados más antiguos aceptaron esa condición.

”El día que el Nganga llevó a cabo su ritual, todas las personas del recinto, con la excepción de los testigos de Jehová, [...] se presentaron delante del Nganga. Los empleados de más antigüedad intentaron persuadir a la secta, [...] pero ellos siguieron rehusando. Los llevaron ante el administrador de la mina, pero todo fue en vano pues ellos le dijeron que preferirían dejar su empleo antes que presentarse ante el Nganga”.

Y eso es precisamente lo que ocurrió. Todos nuestros hermanos fueron despedidos de sus empleos. Pero, ¿qué sucedió entonces?

La entera congregación se trasladó a otra mina donde todos los hermanos obtuvieron empleo. De manera que todavía tenían una congregación completa, con todos los hermanos responsables y un precursor. Además, esta mina estaba situada en un territorio no asignado, una zona que, de repente, ¡llegó a estar atendida por una congregación completamente organizada! De hecho, ni siquiera se tuvo que cambiar el nombre de la congregación, ya que este era Cromo, y se habían trasladado de una mina de cromo a otra.

¿Y qué hay del empresario de la mina que despidió a todos sus trabajadores que eran Testigos? Lo sintió mucho cuando se dio cuenta de que había expulsado a sus mejores trabajadores. De hecho, más tarde volvió a dar empleo a algunos de ellos. Como él mismo dijo al superintendente de distrito que estaba en esa zona: “Despedí a los mejores trabajadores que tenía”. ¡Ciertamente la fidelidad de nuestros hermanos resultó en un testimonio excelente!

ENTRANDO EN LA DÉCADA DE LOS SETENTA

En 1960 se llegó al promedio de publicadores más alto hasta entonces, 12.487, con un máximo de 13.493. Sin embargo, desde entonces hasta 1967 fue disminuyendo gradualmente. De hecho, el promedio de publicadores llegó a 9.384, el más bajo desde 1952. Esto se debió en gran manera a que se estaba limpiando la organización de quienes no eran realmente testigos de Jehová.

Entonces, en 1967 empezó de nuevo el aumento, a tal grado, que para 1971 se alcanzó un promedio de 11.430 publicadores y un máximo de 12.456. Esta tendencia continuó hasta 1976, cuando de nuevo empezó a disminuir la cantidad de publicadores. ¿Por qué? Porque desde entonces hasta el final de la década, este país atravesó lo que al parecer fueron los años más sombríos de su historia. ¿Cómo afectó esto a nuestros hermanos? Para saberlo, vayamos al principio de la década de los setenta.

En esta década hubo muchas dificultades y pruebas para el pueblo de Jehová. Entre estas estuvieron las pruebas respecto al empleo, la cuestión de la neutralidad y los estragos de la guerra, además de la pérdida de sus hogares, ganado, campos, así como maltrato físico y hasta la misma muerte. También hubo intentos por parte de los opositores de presionar al gobierno para que proscribiese la obra del Reino. Esto nos recuerda las palabras del apóstol Pablo después que fue apedreado y dejado por muerto a las afueras de Listra. Él dijo: “Tenemos que entrar en el reino de Dios a través de muchas tribulaciones”. (Hech. 14:22.)

JEHOVÁ SUMINISTRA AYUDA

¿Cómo podría estar preparado el pueblo de Jehová para enfrentarse a las pruebas que se le avecinaban? Providencialmente hubo dos maneras de hacerlo. Una fue por medio de tener ancianos y siervos ministeriales nombrados en las congregaciones por el Cuerpo Gobernante. Esto comenzó en 1972, y no pudo haber empezado en un tiempo más apropiado.

Fue conmovedor ver cómo respondieron los hermanos a las instrucciones del Cuerpo Gobernante, basadas en la Biblia, respecto a aquellos nombramientos. Cuando se examinaron los requisitos bíblicos, varias congregaciones hallaron que no había quien calificara como anciano o siervo ministerial. Una congregación escribió: “Después de considerar los requisitos junto con el superintendente de circuito, reconocimos que no había nadie que calificase como anciano ni siervo ministerial. Pero nos esforzaremos por reunir los requisitos el año próximo”.

James Mubata, miembro del comité de la sucursal que ha estado en Betel desde 1966, comentando recientemente en cuanto a los efectos casi inmediatos que produjo el nombramiento de ancianos en las congregaciones, dijo: “No solo ayudó a que hubiesen disponibles más hermanos aptos para la enseñanza, lo que beneficiaría a las congregaciones, sino que también, quienes ya servían como maestros empezaron a mejorar según iban esforzándose. Además, la limpieza de las congregaciones recibió una atención mucho mejor. Antes de 1972 los siervos de muchas congregaciones no estaban tratando con rapidez los males cometidos. Pero casi inmediatamente después del establecimiento de los cuerpos de ancianos, estos casos recibieron atención. Hasta tal grado que por algún tiempo estuvimos mucho más ocupados que nunca tratando tales casos”.

Todo esto le dio un gran impulso a la espiritualidad de las congregaciones. Los hermanos que no calificaron por no ejercer la debida supervisión al desarrollo espiritual de sus familias, tomaron conciencia de la necesidad de aplicar el consejo bíblico. Por otra parte, quienes no habían tenido la oportunidad de utilizar al máximo su destreza, aptitudes y preparación espiritual, ahora estaban usando estas cualidades para el bien de las congregaciones. Como consecuencia, se desarrolló una organización mucho más fuerte que claramente estaba en mejor posición de ayudar a los hermanos a enfrentarse a lo que se les avecinaba en el futuro.

UNA NUEVA SUCURSAL

La otra provisión oportuna de Jehová fue la construcción de una nueva casa Betel de tres pisos. Durante su visita en el año 1971, el hermano Knorr dedicó muchas horas a estudiar nuestra necesidad de un hogar y oficina sucursal más espacioso. Al tiempo de su visita, varios miembros de la familia Betel estaban viviendo en apartamentos cercanos, y la oficina y departamento de envíos dejaban mucho que desear. Desde 1953 habíamos estado viviendo en una casa de planta baja con solo cinco dormitorios. De hecho, cuando nos visitó el hermano Knorr tres de aquellos dormitorios habían sido convertidos en oficinas. Por lo tanto se decidió que deberíamos buscar unas nuevas instalaciones.

Después de varios intentos infructuosos por conseguir permiso para edificar lo que queríamos en otro lugar, se decidió derribar nuestro antiguo hogar y edificar unas nuevas instalaciones en aquel mismo terreno. Este proyecto de construcción empezó en diciembre de 1972. Diez meses después nos trasladamos. ¡Qué ocasión más feliz!

Aunque la construcción de este proyecto no fue uno de los “prodigios en dos días” que actualmente se han visto en la construcción de Salones del Reino, no obstante fue tema de conversación en el vecindario. De hecho, tanto las autoridades locales como las personas de las inmediaciones recibieron un excelente testimonio. Fue un hecho muy comentado el que cientos de personas, hombres y mujeres, niñitos y mayores, ayudaran de alguna manera.

El inspector municipal de construcción hizo unos comentarios favorables acerca del edificio. Aunque al principio era bastante indiferente, gradualmente empezó a simpatizar debido a la amigabilidad de todos. Este hombre comentó: “Están haciendo un buen progreso. Tienen buena mano de obra aquí. No hubieran conseguido esto si hubieran pagado por ello”. Un contratista de obras que trabajaba al otro lado de la carretera dijo: “Gusta saber que todavía hay personas que creen lo suficiente en algo como para hacer una cosa así”. En realidad, nuestro excelente edificio fue construido casi al cien por cien por voluntarios o bajo su dirección.

Aunque sería imposible mencionar por nombre a todos los que mostraron tan buena disposición y abnegación, creemos que se deberían mencionar algunos ejemplos sobresalientes, como Peter Drewett. Él dejó su empleo y vino a la ciudad con su esposa e hija para vivir en un remolque durante todo el tiempo del proyecto. También, Noel Ellerman quien junto con su esposa y sus dos hijos, trasladó su pequeño remolque al polvoriento lugar de construcción, donde vivieron unos ocho meses. Además, debemos mencionar a Eric Cargill, un hombre de negocios que no solo proporcionó equipo de construcción esencial y parte de su propia mano de obra, sino que también dedicó diariamente la mitad de su tiempo al proyecto hasta que este se completó.

LA CUESTIÓN DEL TABACO

Como se mencionó anteriormente en el relato, al principio de los años setenta surgieron varias cuestiones. Una de estas era el asunto de cultivar tabaco o trabajar en granjas o para firmas que tenían que ver con la producción y elaboración de tabaco. En Zimbabwe esto se convirtió en un problema de importancia, ya que el tabaco es una de las principales fuentes de ingresos para el país. Es el principal producto de exportación con el que se consiguen las sumamente necesitadas divisas extranjeras.

Para 1972, los hermanos que trabajaban en esos lugares empezaron a cuestionarse si su empleo armonizaba con los principios bíblicos. De hecho, cuando se empezaron a recomendar hermanos como ancianos y siervos ministeriales, varios no aceptaron por razones de conciencia. Un superintendente viajante lo explicó así: “Hay varios hermanos que calificarían como ancianos por su excelente registro de servicio. Pero ellos mismos han pedido que no se les recomiende como ancianos o siervos ministeriales porque trabajan en una granja donde se cultiva y empaqueta tabaco. Por causa de su conciencia han pedido que no se les recomiende”.

Algunos que habían estado cultivando tabaco lo dejaron poco después, y otros hicieron planes similares. Un hermano lo expresó de esta manera: “Muchos de nosotros nos deshicimos de nuestras esposas secundarias cuando entendimos cómo Dios considera el asunto, por lo tanto el dejar de cultivar tabaco tiene que ser fácil”.

LOS HERMANOS SE MANTIENEN FIRMES

Fue oportuno que los hermanos razonaran de esta manera, porque esta línea de pensamiento iba a facilitarles mucho las cosas dos años después. A principios de 1974, en el Ministerio del Reino salió un suplemento especial titulado “Armonizando nuestro empleo con el ‘amor al prójimo’”. Este suplemento presentó claramente el punto de vista bíblico en cuanto a este asunto. Fumar tabaco contamina la carne y además es una falta que merece expulsión. Siendo este el caso, ¿sería correcto que un cristiano cultivase esta planta o la elaborase y la vendiese a otros? Desde el punto de vista bíblico la respuesta obvia es: No. No podíamos hacerlo y pretender amar a nuestro prójimo. Así se razonaba en aquel suplemento. (Luc. 10:27; 2 Cor. 7:1.)

La respuesta de los hermanos fue muy conmovedora. Intente ponerse en el lugar de estos hermanos. Supóngase que tiene un trabajo de mucha responsabilidad en una granja donde se produce tabaco. Debido a ello tiene una casa y posiblemente un terreno donde puede apacentar su propio ganado. Ahora, de repente, se encara con una gran decisión. Su patrón le dice que si no quiere trabajar en la producción de tabaco, tendrá que buscarse un empleo en otro lugar. Puede que tenga varios hijos pequeños. ¿Qué hará?

¡Nuestros hermanos lo hicieron! Sí, estuvieron dispuestos a perderlo todo antes que separarse de la organización de Jehová. Muchos sufrieron severas pérdidas financieras, pero mantuvieron el favor de Jehová. Se podrían contar con los dedos de la mano los que tuvieron que ser expulsados. ¡Cuánto llegamos a apreciar a aquellos queridos hermanos que se mantuvieron tan firmes a favor de la justicia de Dios!

REACCIONES CONTRADICTORIAS

Naturalmente, esta posición por parte de los hermanos provocó muchas reacciones, la mayoría de las cuales fueron adversas. Artículos en los periódicos y cartas al director llegaron a ser cosa común. Miembros del Parlamento expresaron su crítica tanto fuera como dentro del Parlamento, y algunos de ellos de manera muy vehemente. Para mostrar hasta dónde llegaron, un escritor de una revista mensual declaró: “Los Testigos de Jehová han sido criticados severamente dentro y fuera del Parlamento. [...] Bajo la nueva legislación ahora pueden ser despojados de su ciudadanía y perder su inmunidad contra la deportación”. Él llamó a esta situación “una tempestad en un vaso de agua”.

Los mismos granjeros reaccionaban de manera contradictoria. Algunos eran malintencionados. Hubo quien escribió a la Sociedad diciendo lo que pensaba de los testigos de Jehová; otros telefonearon. Sin embargo, aun así les hubiera gustado tener a testigos de Jehová en puestos de confianza en sus granjas.

Por consiguiente, hubo varios granjeros que se esforzaron mucho por complacer a los hermanos. Antes que perder a trabajadores buenos y confiables, estaban dispuestos a darles trabajo que no estuviera relacionado con la producción de tabaco. Por supuesto, los hermanos apreciaron esto.

Consideremos la experiencia de un hermano que trabajaba como vendedor de tabaco. Dándose cuenta de que no podía permanecer en este tipo de trabajo, el hermano presentó su dimisión, pero su patrón la rehusó. Por lo tanto, el hermano simplemente no se presentó al trabajo. Cuando su patrón fue a su casa para averiguar por qué no estaba trabajando, él le explicó la situación. El patrón lo encomió por su honradez y enfatizó que no quería perderle como empleado.

Aprovechándose de esta situación, el Testigo entonces estableció las condiciones para quedarse. No solo debía quedar exento de trabajos relacionados con el tabaco, también deseaba tiempo libre para todas las reuniones. El patrón accedió, aunque esto repercutiría en una reducción de salario.

“De mi experiencia —concluyó este hermano— he aprendido que siempre que aguantemos cuando nos enfrentamos a problemas en nuestros lugares de trabajo seglar, seremos bendecidos. También he aprendido la importancia de interesarse uno más en su crecimiento espiritual según se avanza con la organización de Jehová.” Este hermano ahora está sirviendo como anciano.

LAS BUENAS NUEVAS SE ESPARCEN EN MEDIO DE ADVERSIDADES

En realidad, el que los hermanos tuvieran que mudarse de un lugar a otro contribuyó mucho al esparcimiento de las buenas nuevas del Reino. Por esta causa, se formaron nuevas congregaciones aun en zonas hasta entonces aisladas. Por ejemplo, un hermano tenía una mina en un territorio aislado. Los hermanos se enteraron de que precisaba trabajadores y de que estaba dispuesto a ayudar a los necesitados. En poco tiempo veinte hermanos trabajaban para él. Estos, junto con sus familias, formaron una congregación que todavía existe. También hubo otros que estuvieron prestos a ayudar según sus posibilidades.

Algunos de los que perdieron su empleo por la cuestión del tabaco volvieron a sus lugares de origen, donde, en muchos casos, no había ninguna congregación. Como resultado, la palabra de Jehová se ha predicado en zonas donde no se había podido predicar antes.

Pero, ¿cómo terminó todo esto? Extraño como parezca, fue la misma Asociación Tabacalera la que finalmente zanjó el asunto por el sencillo proceso de publicar un anuncio del presidente de la Asociación en uno de sus boletines mensuales para los cultivadores de tabaco. Este anuncio declaró que esta era una cuestión religiosa para los Testigos y que no debería convertirse en un litigio. En el ejemplar de junio de 1974 del boletín Rhodesia Tobacco Forum se hizo un comentario interesante. En la página 27 se dijo lo siguiente con respecto a los testigos de Jehová: “En el mismo artículo [un artículo de un periódico] se dijo que el Secretario de Agricultura había descrito la acción como ‘al parecer un intento deliberado de provocar un trastorno en la economía’. Sin embargo, las cifras implicadas difícilmente garantizarían tal hipótesis”. Este comentario por parte de la misma Asociación Tabacalera de Rodesia, debió tranquilizar la situación pues ya no se molestó más a los hermanos. En realidad, se había dado un excelente testimonio en cuanto a la lealtad del pueblo de Jehová.

LA CUESTIÓN DE LA NEUTRALIDAD PASA A UN PRIMER PLANO

Mientras que el problema del tabaco afectaba a nuestros hermanos africanos, también en 1972 surgió otra cuestión que al principio solo afectaba a nuestros hermanos blancos. Tenía que ver con la neutralidad del cristiano en los asuntos de las naciones. La cuestión no se generalizó hasta que empezó lo que algunos llamaron la “lucha por la liberación” y otros, la “guerra terrorista”. Por supuesto, el problema surgió como resultado del servicio militar obligatorio para los de raza blanca.

Conforme se fue intensificando la lucha, especialmente a lo largo de las fronteras del país, se redoblaron los esfuerzos para implicar a la población entera en la defensa nacional. Sin embargo, al principio el reclutamiento se limitó a los varones blancos. Esto afectó a una cantidad considerable de jóvenes Testigos, muchos de los cuales tuvieron que sufrir sentencias de prisión, y algunos de ellos más de una vez, debido a mantener, por motivos de conciencia, su posición de neutralidad cristiana.

La peculiaridad de este reclutamiento consistía en llamar a filas durante ciertos períodos al año, después de lo cual se podía seguir en el empleo seglar. Por lo tanto, un hermano podía ser llevado a los tribunales cada vez que por conciencia rehusaba obedecer un llamamiento, y esto significaba que podía exponerse a la posibilidad de una condena de prisión tras otra. De hecho, ¡hubo quien recibió papeles de reincorporación mientras estaba en prisión!

A los jóvenes casados y con familia se les hizo especialmente difícil, no solo porque tenían que dejar atrás a sus familias cuando iban a prisión, sino también porque debido a esto solían perder su empleo. Al salir, se les hacía necesario buscar otro trabajo. Cuando lo hacían, siempre se les preguntaba por su situación militar. Al explicar los hechos, a menudo la respuesta era: “Lo siento. Me gustaría darle empleo pero no puedo a menos que cumpla con su servicio militar”. Para algunos, esto se convirtió en un problema muy serio.

UNO DE LOS PRIMEROS CASOS

Uno de los primeros que tuvo que aguantar estas pruebas fue Bob Hawkes. Él ya había recibido entrenamiento militar cuando empezó a estudiar la Biblia con los testigos de Jehová. Sólo había estudiado seis meses cuando, en enero de 1973, se le ordenó que se incorporase a filas. ¿Dejamos que nos lo explique él mismo?

“Debido a lo que había aprendido en mis estudios de la Biblia decidí no ir. Para este tiempo mi esposa Molly, estaba encinta de dos meses.”

¿Qué sucedió cuando no se incorporó?

“Se me citó para que compareciese ante el tribunal y recibí una condena de treinta días efectivos en la cárcel y tres meses de sentencia suspendida.”

¿Resultó ser una prueba difícil para él?

“Mucho. Aquí estaba yo, sin siquiera haberme bautizado y sentado tras unos barrotes. Estaba completamente solo en un mundo muy extraño. Todo era tan confuso. Entonces Molly se cansó y me escribió una carta diciéndome que me abandonaría. Por si fuera poco, mi padre vino a verme, trayéndome un montón de literatura que condenaba a los Testigos. Le hice saber que pasara lo que pasase estaba determinado a apegarme a mi posición como objetor de conciencia. Mi único consuelo lo recibía al orar a Jehová.”

LOS PROBLEMAS SE AGRAVAN

Cuando Bob Hawkes fue puesto en libertad, se encontró con que sus problemas aún no habían terminado. En casa, su esposa Molly le entregó su equipo de soldado y le propuso que se fuera a la “maleza”, es decir, a luchar. Bob comenta: “Le dije que nunca debería intentar obligarme a ir y ni siquiera mencionármelo otra vez”.

Entonces Bob volvió a su empleo sólo para hallar que quedaba despedido en el acto. “Cuando le dije a Molly que había sido despedido —dice Bob— aún no comprendo cómo se quedó conmigo, en vista de que todavía era muy indiferente para con la verdad.”

Poco después de esto Bob se bautizó y volvió a prisión, esta vez por seis meses, además de los tres meses de sentencia suspendida de la anterior ocasión. En conjunto, estuvo en prisión tres veces, y la última por un período de ocho meses.

¿QUÉ PASÓ CON MOLLY?

Preguntémosle: “¿Y tú, Molly, qué tienes que decir sobre todo esto?”.

“Aunque estábamos estudiando, realmente la verdad no significaba mucho para mí. Bob era diferente. Tan pronto como aprendía algo, hacía cambios. Por lo tanto, había que dejar de fumar, asistir a fiestas y otras cosas. Por entonces quedé encinta y la cuestión de la sangre comenzó a preocuparme. Toda nuestra vida estaba siendo afectada.

”Luego Bob fue encarcelado. Pensé que era algo terrible. ¿Cómo podía hacernos eso? Fue entonces cuando decidí darle un ultimátum. Así que le escribí amenazándole con abandonarle. Sin embargo, para mis adentros sabía que yo en realidad no sentía lo que decía y no hubiera podido hacerlo.”

¿Qué hizo cambiar a Molly y aceptar la verdad?

“Tuvo mucho que ver la bondad que me mostraron las hermanas. Recibía paquetes de comestibles, carne, pan, y otra ayuda material. Pero, además, los hermanos me animaban espiritualmente y me mostraban interés amoroso. Poco a poco influyó en mí. Me hizo pensar. De modo que empecé a prepararme para el bautismo. Me bauticé justo después de que Bob saliese definitivamente de la cárcel.”

Después de eso el hermano Hawkes fue llamado una vez más. Sin embargo, en esa ocasión, no fue encarcelado debido a que tenía planes de aceptar un empleo en otro país.

Esta experiencia es característica de lo que experimentaron varios hermanos nuestros. De hecho, a medida que la edad de movilización fue elevada hasta los 50 años y finalmente hasta los 60, se vieron implicados una gran cantidad de hermanos. Pero dejemos este relato para más adelante.

LOS POLÍTICOS COMIENZAN A OPONERSE

Con toda esta publicidad acerca de cuestiones como el tabaco y la neutralidad cristiana, es fácil imaginar que los Testigos fueran noticia. Sin duda, incitados por algunas personas que se sentían muy molestas por la posición neutral de los Testigos, algunos miembros del Parlamento comenzaron a incomodar al gobierno para que tomase acción y frenase la predicación.

Además de ser objeto de críticas y ataques en los medios informativos, los Testigos también fueron un tema de mucha discusión en los debates parlamentarios, particularmente en el debate del 4 de diciembre de 1973, cuando el Parlamento discutió las enmiendas del Acta de Defensa y el Acta de Ciudadanía. Veamos algunos extractos de esos debates:

“Las creencias de esta secta [testigos de Jehová] son la mismísima antítesis de las iglesias acreditadas y establecidas.” (Ministro de Defensa.)

“En breve se tiene el propósito de [...] disponer que un testigo de Jehová sentenciado a seis meses o más de encarcelamiento, sin opción a pagar multa, por un delito de desobediencia sobre la base de una conciencia religiosa, sufra la pérdida de su ciudadanía y, en caso de no ser ciudadano, sea deportado.” (Ministro de Defensa.)

“Esas convicciones [de los objetores de conciencia en general] normalmente están relacionadas con la cuestión de quitar vidas humanas y la situación se resuelve asignándoles deberes de no combatiente [...]. La excepción [...] es la secta conocida como testigos de Jehová la cual, creo, es una organización perniciosa que no tiene base ni justificación para su actitud hacia el servicio militar.” (Miembro del Parlamento.)

“Lo que procuramos es que los testigos de Jehová no tengan impacto alguno ni influencia en jóvenes aptos para el servicio y en quienes están haciendo el servicio militar.” (Ministro de Defensa.)

Parece que la posición valerosa de los hermanos estaba influyendo de varias maneras.

AUMENTA LA TENSIÓN

Hacia finales de 1974 el aumento de la tensión era palpable. Así se indicó en una carta enviada el 8 de octubre de 1974 desde esta sucursal a la central de la Sociedad. En parte, hacía referencia al rumor de que nuestra organización iba a ser sometida a una “investigación completa”. En ella se dijo: “En el momento de escribir esta carta no hemos oído nada más y las autoridades tampoco se han puesto en contacto con nosotros. Han circulado rumores de que en diciembre va a emprenderse cierta acción, pero no podemos confirmarlo.

”Por todo el país gran parte de la población se puso en contra de nuestras actividades, especialmente nuestro ministerio de casa en casa”.

Comenzaron a aparecer por todas partes rótulos con la inscripción “Testigos de Jehová No”. De hecho, una persona muy emprendedora comenzó a venderlos de casa en casa. Durante un tiempo, ganó bastante dinero.

SE PROPUSO CIERTA ACCIÓN

A comienzos del mes de febrero de 1975, la sucursal llegó a tener en su poder las actas de una reunión muy importante. Era una reunión del Frente Nacional Ejecutivo de Rodesia, el partido político en el poder en aquel entonces. Gran parte de esa reunión, celebrada el 31 de enero de 1975, trataba de los testigos de Jehová, y en ella se presentaron varios puntos en cuanto a por qué creían que debía tomarse acción en contra de los testigos de Jehová.

Es fácil imaginar cómo nos sentíamos entonces. ¿Qué iba a suceder? ¿Iban a ser proscritos los testigos de Jehová? ¿Serían deportados los misioneros? Simplemente no sabíamos qué esperar.

Aunque los que presentaron esas sugerencias al gobierno eran a su vez miembros del partido en el poder y de hecho algunos de ellos hasta eran miembros del Parlamento, parece que el gobierno adoptó un punto de vista más racional, puesto que no se tomó ninguna acción oficial en contra de la predicación o de la organización ni entonces ni después. Le estamos muy agradecidos a Jehová por ello.

NEUTRALIDAD EN ZONAS CONFLICTIVAS

Pero no solo fue la cuestión militar la que requirió que los hermanos mantuvieran la firme postura de separarse del mundo, sino que también surgieron otras situaciones (Juan 15:19). Por ejemplo, el hermano Will Vosloo tenía una granja situada en una zona que durante la guerra llegó a ser muy conflictiva. Estaba a 62 kilómetros (39 millas) de la congregación donde servía de anciano. A poca distancia de su granja había un reducto de independentistas que había tenido frecuentes enfrentamientos con las fuerzas gubernamentales de seguridad.

Un día, poco tiempo después de bautizarse, el hermano Vosloo y su esposa Gisela, estaban en su hogar leyendo la Biblia en el Salmo 112:7, donde dice: “No tendrá miedo siquiera de malas noticias. Su corazón es constante, confiado en Jehová”. Una hora después llegó un policía advirtiendo a las personas que había “terroristas” en la zona. Insistió en que el granjero se armara para protegerse, pero el hermano Vosloo rehusó.

“Desde ese tiempo en adelante se ejerció más y más presión sobre mí —dijo el hermano Vosloo— para que participase en la protección de nuestra comunidad. Mis vecinos no podían entender mi actitud; para ellos era cobardía. Un día en el servicio del campo un hombre me dijo: ‘Usted será el primero en huir cuando las cosas se pongan al rojo vivo’. Se equivocó. Actualmente todavía continúo en la granja, pero todos ellos se marcharon.”

LA NEUTRALIDAD RESULTA EN PROTECCIÓN

A pesar de ser hostigados por los granjeros de la vecindad, el hermano Vosloo y su familia recibieron ánimo de una fuente inesperada. Un día fue a verle un superintendente de circuito y le dijo: “Soy tu hermano y vengo de la otra orilla del río Umfuli. No debes preocuparte. La gente de esa zona está al corriente de tu posición neutral. Estarás a salvo”. Esas palabras resultaron ser ciertas.

Un día, poco tiempo después, mientras los tractoristas del hermano Vosloo estaban trabajando en el campo, se les acercó de súbito un grupo de guerrilleros y entonces dijeron: “Conocemos a este hombre. No queremos quemar sus tractores”. Y así fue, aunque quemaron los tractores de los vecinos, destruyendo además sus bombas extractoras de agua, el equipo del hermano Vosloo permaneció intacto. Posteriormente, mientras él y su familia estaban de vacaciones, varias granjas de la zona fueron destruidas, pero no se tocó la casa del hermano Vosloo. Y todo fue debido a que su posición neutral respecto a la política era bien conocida.

Eso duró unos cuantos años, de hecho, hasta el final de la guerra. A los Vosloo incluso les visitaron delegaciones en representación de la comunidad tratando de presionarles y “avergonzarles” a fin de que se armasen para protegerse a sí mismos y a otros. Todos los demás de la zona viajaban fuertemente armados. Pero el hermano Vosloo cita las propias palabras de Gisela cuando esta decía inflexiblemente: “Nada de pistolas ni rifles”.

La situación comenzó a ir de mal en peor. Algunas tiendas locales fueron incendiadas. Las carreteras se sembraron de minas. Se implantó el toque de queda y eso hizo que a los niños les fuese extremadamente difícil viajar a la escuela. Así que finalmente, el hermano Vosloo decidió alquilar una casa en la ciudad para que pudiese vivir allí su familia mientras él continuaba trabajando en la granja. Pero, al mirar atrás a toda esta experiencia, él reconoce que su verdadera protección se debió a su posición neutral y plena confianza en Jehová, tal como está escrito: “Cuando quiera que te acuestes no sentirás pavor; y ciertamente te acostarás, y tu sueño tendrá que ser placentero. No tendrás que temer ninguna cosa pavorosa repentina, [...]. Pues Jehová mismo resultará ser, de hecho, tu confianza, y él ciertamente guardará tu pie de captura”. (Pro. 3:24-26.)

UNA PARADOJA

Algo realmente insólito: la mismísima posición neutral que hacía que nuestros jóvenes hermanos blancos fuesen encarcelados, dio a nuestros hermanos africanos una libertad que pocas veces disfrutaron otras organizaciones, religiosas o de otra índole.

A medida que transcurría el tiempo, el aumento de la acción guerrillera en algunas zonas hizo que se incrementasen las medidas de seguridad. Se prohibieron las reuniones, y se cerraron tiendas y escuelas. Los hermanos tenían que ser muy cautelosos en el ministerio del campo y al celebrar sus reuniones cristianas.

En febrero de 1973, se programó una asamblea de circuito en una de esas zonas. ¿Se autorizaría su celebración? Confiando plenamente en la dirección de Jehová, los hermanos de la localidad se dirigieron al jefe de la zona con una carta que debía entregarse al comisario de distrito. Aunque el jefe no cursó la carta enseguida, permitió a los hermanos que comenzasen con los preparativos.

Posteriormente, cuando el hermano Isaac Chiadzwa, el superintendente de distrito, llegó al lugar, se dirigió a la oficina del comisario de distrito para informarle de su presencia y conseguir el permiso para entrar en la zona en la que se iba a celebrar la asamblea. “Cuando solicité permiso para entrar en la zona de Dotito —dijo— todos los que estaban en la oficina del comisario se rieron y creyeron que estaba loco. ¡Cómo se sorprendieron después cuando oyeron decir a uno de los funcionarios: ‘Les conocemos y sabemos cuál es su postura respecto a las condiciones actuales’!”

¡Efectivamente! ¡Se concedió permiso para celebrar la asamblea! La única restricción que impusieron fue la de no tener sesiones ya avanzada la tarde. Incluso el jefe de la zona se sorprendió y quedó impresionado.

El hermano Chiadzwa explicó que mientras efectuaba la obra de distrito en aquel tiempo hallaba muchas barricadas. Dijo: “Siempre se me permitía continuar debido a que era testigo de Jehová. En una barricada se le ordenó a todo el mundo que descargase su vehículo para una inspección. Tan pronto como bajé de la furgoneta, uno de los policías vio mi cartera. Después de abrirla, me preguntó quién era y qué hacía. Cuando le respondí que era testigo de Jehová, me dijo que no descargase mi furgoneta, la cual, dicho sea de paso, estaba cargada de literatura y con todo nuestro equipo. Cuando otro policía oyó eso, quiso saber por qué la furgoneta no debía ser descargada. Pude oír al primer policía decir: ‘Él es testigo de Jehová. Esas personas no nos causan problemas’”.

El superintendente de distrito dijo que todos los hermanos de esa zona llevaban consigo la literatura de la Sociedad, incluso cuando trabajaban en los campos. En muchas ocasiones eso les libró de ser golpeados y de otra clase de malos tratos. Resulta curioso que el mismo grupo de personas que en ciertas ocasiones resultaba tan odioso a las autoridades pudiera ser tan favorecido en otras.

Después relataremos algo más al respecto, pero ahora regresemos a Malawi.

PERSECUCIÓN EN MALAWI

Según nuestra última referencia a los hermanos de Malawi, estos habían huido de su tierra natal a Milange, en Mozambique, al este de Malawi. Para 1970 muchos de ellos comenzaron a regresar a sus hogares, donde trataron de establecerse de nuevo, pero esta situación no duró mucho tiempo.

En 1972 otra ola de cruel persecución azotó a nuestros hermanos. El periódico San Francisco Examiner la denominó una “guerra religiosa” y dijo: “Es una guerra muy unilateral, en la cual la fuerza se opone a la fe”. La forma que asumió fue muy similar a la de la ola de persecución del año 1967, solo que en esta ocasión fue mucho más intensa.

La Liga Juvenil y el Movimiento de Jóvenes Pioneros llevaron la batuta en esta “guerra”. Se organizaron en grupos, cuyo número de integrantes oscilaba entre doce y cien. Entonces fueron de aldea en aldea, armados con palos, cachiporras, machetes y hachas, buscando y atacando a los testigos de Jehová y sus propiedades. (¡Despertad! 8 de marzo de 1973.)

Muchas hermanas fueron violadas; hubo quien recibió palizas crueles con tablas de madera provistas de clavos. A un hermano le ataron hierba seca alrededor del cuerpo, y le prendieron fuego. Ardió literalmente hasta morir.

Al hermano Michael Yadanga y a su familia los abandonaron en medio de una reserva de caza donde había animales salvajes. Tuvieron que andar varios kilómetros para hallar un autobús. Cuando regresaron a casa, trataron de nuevo de persuadirles bajo amenazas para que adquiriesen una tarjeta política del partido. La respuesta del hermano Yadanga fue: “He perdido mis dientes por no querer comprar una tarjeta. He perdido mi empleo por no comprar una tarjeta. He sido golpeado duramente, han destruido mi hogar y fui obligado a huir a Zambia, todo por no querer comprar una tarjeta. No la voy a comprar ahora”. Posteriormente, un miembro amigable de la Liga Juvenil les advirtió que iban en su busca, así que este hermano y su familia huyeron a Mozambique.

Además de las palizas y otras crueldades físicas, a los Testigos les cerraban sus negocios, les congelaban sus cuentas bancarias, les confiscaban sus propiedades, les destruían o robaban sus cosechas y se les despedía de sus trabajos. ¿Qué podían hacer salvo abandonar el país? Eso es precisamente lo que hicieron.

En esta ocasión la mayoría huyó a Zambia y unos 19.000 de ellos establecieron un campo de refugiados en Sinda Misale.

AYUDA PROCEDENTE DE LA HERMANDAD INTERNACIONAL

No pasó mucho tiempo antes de que comenzase a llegarles socorro. Llegó de todas partes de la Tierra, en forma de dinero, ropa, alimento y otros artículos. Los hermanos de Zambia proveyeron rápidamente toneladas de artículos alimenticios, mantas y ropa de cama, herramientas de cultivo así como otras cosas. Desde Sudáfrica llegaron camiones cargados con lonas alquitranadas, mantas, plásticos, palas, hachas y otros artículos. Para entregar estas cosas nuestros hermanos tuvieron que recorrer 2.400 kilómetros (1.500 millas) hasta llegar a Sinda Misale. Aunque tuvieron muchas dificultades, con la guía amorosa de Jehová pudieron entregar su mercancía. En conjunto se proveyó a los hermanos de Sinda Misale muchísimas toneladas de alimento, ropa, medicinas y otros artículos.

¡DE NUEVO EN MARCHA!

Lamentablemente, esa tregua fue solo transitoria. El gobierno de Zambia, con el pretexto de trasladar a esos hermanos a otro lugar, lo que hizo fue enviarlos a todos de regreso a Malawi. Allí comenzaron de nuevo las persecuciones. Así que los hermanos huyeron una vez más de su tierra natal, en esta ocasión a Mlangeni, Mozambique, al oeste de Malawi.

En breve se establecieron 12 campos de refugiados en Mozambique, en los que llegaron a vivir un máximo de unas 34.000 personas. En 1975 el gobierno de Mozambique repatrió a la fuerza a nuestros hermanos de la zona de Mlangeni a Malawi. Desde allí la mayoría huyó de nuevo hacia Mozambique, esta vez al este, donde actualmente se hallan aún muchos de ellos.

Habiendo llegado a este punto creemos que será de interés conocer las experiencias que relataron Cyril e Ina Long. Vivían en Blantyre, Malawi, cuando estalló de nuevo la persecución en 1972. Este fue su relato:

“Una familia cruzaba un puente sobre un río desbordado cuando unos individuos los rodearon preguntándoles por sus tarjetas del partido político. Al explicar los padres por qué no las tenían, arrojaron a los niños a las turbulentas aguas. Uno de los niños sólo tenía seis meses, pero afortunadamente los niños mayores sabían nadar y pudieron salvar al bebé. Con la mano protectora de Jehová sobre ellos, todos escaparon de la muerte.

”Otro hermano fue golpeado hasta quedar inconsciente, luego lo rociaron con gasolina, y le prendieron fuego hasta que murió abrasado. Tristemente obligaron tanto a su esposa, que estaba encinta, como a sus seis hijos, a presenciar aquella cruel escena”.

AYUDA PARA LOS PERSEGUIDOS

El hermano Long vio necesario hacer algo para ayudar a los hermanos, quienes eran víctimas de robo y maltrato físico. De manera que se concertó un lugar secreto para reunirse desde donde recoger a los hermanos que huían y llevarlos hasta la frontera. En el primer viaje se pudo transportar a unos treinta en dos furgonetas Volkswagen. Algunos trajeron sus bicicletas pero se dieron cuenta que no podían llevarlas consigo, de manera que las abandonaron en la maleza junto a la carretera, sabiendo que nunca más las recuperarían.

“A lo largo de toda la carretera —dice Ina— había barricadas y cada vez que se pasaba por una los hermanos tenían que echarse al suelo de la furgoneta y cubrirse con mantas. Como Cyril es blanco y era al que veían, le hacían señales de que pasase y no le registraban. A las 3 de la madrugada llegaron a salvo al campo de refugiados en Mozambique.

”Algunos días más tarde vino a vernos un superintendente de circuito para informarnos que había necesidad urgente de medicinas y mantas ya que el campamento de Zambia tenía aproximadamente 12.000 personas que vivían a la intemperie. Era invierno y muchos padecían de catarros, diarreas, inflamación de garganta y otras afecciones. Además, varios de ellos tenían cortes, contusiones y quemaduras graves debido al maltrato que habían recibido. ¿Qué podíamos hacer nosotros para ayudarles?

”Después de orar fervientemente a Jehová, decidimos dirigirnos a un farmacéutico para comprar medicamentos. Eso era algo muy peligroso porque fácilmente podía habernos denunciado a las autoridades. Sin embargo, nos dirigimos a él y le explicamos la situación.

”Resultó que este farmacéutico estaba enojado porque el gobierno le había obligado a despedir a uno de sus empleados de más confianza, que era testigo de Jehová. Así que en vez de denunciarnos, estaba muy contento de poder ayudar.” Imagínese la sorpresa y el gozo de Cyril e Ina Long, cuando regresaron al día siguiente a recoger el pedido y recibieron ¡dos grandes cajas de medicamentos completamente gratis para los hermanos del campo de refugiados! Cuando trataron de pagar los medicamentos, el farmacéutico les dijo: “Es lo menos que puedo hacer por personas tan leales a las que se está tratando de manera tan vergonzosa”.

Poco después de eso, Cyril Long y otro hermano viajaron de noche al campamento, en esta ocasión con un cargamento de mantas. El hermano Long dijo: “Se nos saltaban las lágrimas por lo que vimos: Una familia entera de seis miembros estaba acurrucada bajo una sola manta, tratando de calentarse unos a otros con sus cuerpos; había una hermana que la habían golpeado y quemado con leños candentes tan cruelmente que no podía acostarse en el suelo. Había que mantenerla erguida con haces de hierba”.

Para cerrar este relato quisiéramos contar una experiencia más, que realmente conmovió a la hermana Long. Debido a que el gobierno había congelado todas las cuentas bancarias de los hermanos, nadie podía retirar fondos con los que pagar un medio público de transporte para huir. Ella cuenta: “Se me acercaron dos hermanos y me dijeron: ‘Pudimos retirar nuestros ahorros antes de que fuesen congeladas nuestras cuentas. Hemos comprado billetes para el autobús para nuestra familia y nos sobra este dinero. ¿Por favor, podrían entregarlo a otros que lo necesiten?’ A pesar de que esos hermanos habían perdido sus empleos, su amor fraternal los impulsó a compartir lo que les había sobrado con otros, sabiendo que Jehová proveería”.

No cabe duda de que cada vez que Cyril e Ina Long recuerdan esa ocasión, su propia fe en el cuidado amoroso de Jehová se fortalece.

UN VIAJE A MOZAMBIQUE

En el año 1975, cuando todavía existían los campos de refugiados de Mozambique, al oeste de Malawi, surgió un problema similar al que experimentó la congregación cristiana primitiva (Hech. 6:1-6). Tuvo que ver con la distribución de las provisiones contribuidas. Se decidió que la mejor manera de zanjar este asunto sería por una visita personal de un hermano de la sucursal. Por consiguiente, en febrero de 1975, Keith Eaton, miembro del comité de la sucursal, partió para esos campos. Llegar hasta allí no era fácil. El viaje tenía que efectuarse en avión dando un rodeo. Viajó desde Salisbury hasta Beira, en la costa oriental de Mozambique. Allí se alojó esa noche y visitó a algunos hermanos locales. Después se dirigió hacia Tete junto al río Zambeze y desde allí a Vila Coutinho (actualmente Ulongue), donde se hallaban emplazados entonces seis campos de refugiados.

Una situación que dificultaba llegar a ese destino era el que Mozambique experimentaba entonces un cambio: de un gobierno minoritario portugués a uno de mayoría negra. Por lo tanto, no era fácil cruzar la frontera, especialmente para los extranjeros.

Sin embargo, ayudado por hermanos que fueron a recibirle al aeropuerto de Vila Coutinho, el hermano Eaton pudo visitar los campos. Una vez allí consideró los problemas de los hermanos, escuchando sus desgarradores informes sobre su situación y ofreciéndoles sugerencias prácticas. No cabe duda de que este contacto personal con un representante de la Sociedad contribuyó mucho a estimular a los hermanos.

APOSTASÍA EN LOS CAMPOS

Cuando finalmente los hermanos pudieron ordenar su vida en los campos de Milange, Mozambique, al este de Malawi, llegaron a estar bastante bien establecidos. Sin embargo, con el tiempo surgieron otros problemas.

En 1976 hubo quienes, inesperadamente, empezaron a afirmar que eran ungidos y a celebrar reuniones especiales independientemente de las congregaciones. Abogaban por enseñanzas que no eran bíblicas. Según ellos tenían la unción por espíritu y desde 1975 Jehová ya no trataba con las congregaciones a través de los ancianos sino por medio de ellos.

Uno de los cabecillas fue hallado desnudo por la policía cerca del monte Mlanje en la frontera de Mozambique, y fue escoltado de regreso a la zona de los campos de refugiados en la parte oriental del país. Les dijo a sus seguidores que, al igual que Moisés, obedecía una llamada de Jehová de subir a la montaña para recibir instrucciones. Triste es decirlo, pero esos falsos maestros que profesaban ser ungidos tuvieron muchos seguidores, y la apostasía no se detuvo hasta que fueron expulsados más de 500. Un buen número de los que fueron desviados, con el tiempo se dieron cuenta de su error, regresaron con una actitud de arrepentimiento y fueron readmitidos en la congregación.

Nos causa gran satisfacción el que dos de los hermanos responsables de la obra en Mozambique pudieran asistir al curso de cinco semanas de Galaad para miembros de Comités de Sucursal. Eso ha ayudado a proporcionar una buena supervisión teocrática a la obra en ese país.

LA GUERRA INCREMENTA LOS PROBLEMAS

Regresemos de nuevo a Zimbabwe. A medida que la guerra se intensificó, también lo hicieron los problemas a los que tenían que enfrentarse nuestros hermanos. La vida llegó a ser muy agitada. En muchos lugares era imposible concebir una vida normal. Para muchos no había medios de saber lo que acontecería al día siguiente. Traten de colocarse en el lugar de la familia de este hermano que escribió a la Sociedad lo siguiente:

“Les escribo para contarles lo que le sucedió a mi familia, mi esposa y cinco hijos. Mientras trabajaban en mi maizal se libraron de la muerte por muy poco. Había soldados a ambos lados del campo que comenzaron a disparar unos contra otros. Mi familia se tendió en el suelo mientras oía silbar los proyectiles sobre su cabeza. Estallaron granadas de mortero a penas a 9 metros (10 yardas) de ellos. Estaban justo en medio del tiroteo y sin embargo escaparon ilesos. Creo que esto se debió a la protección de Jehová. Los árboles que había alrededor de la casa quedaron muy dañados por los proyectiles de los bazucas, pero ninguno alcanzó mi casa”.

Luego relata otro problema, de naturaleza diferente, que surgió:

“Por la noche llegaron algunos soldados a nuestra casa. Me hicieron varias preguntas, y les dije que era testigo de Jehová. Querían que mis hijas se fueran con ellos esa noche, pero, por propia iniciativa, mis hijas se negaron y dijeron que no iban a ir con ellos. Los soldados las amenazaron con matarlas, no obstante las jóvenes siguieron resistiéndose pues tenían presentes las palabras de Jesús en Mateo 10:28 y Revelación 2:10, que habíamos considerado con anterioridad en nuestro estudio de familia. Finalmente, los soldados decidieron dejarlas tranquilas.

”Las jóvenes del mundo que consintieron en ir con ellos sufrieron maltrato sexual. Le estamos agradecidos a Jehová por la manera en que sigue cuidando de nosotros en estos tiempos peligrosos”.

Lamentablemente, no todas nuestras hermanas jóvenes se libraron tan fácilmente. Un superintendente de circuito, Michael Chikara, nos dijo lo que le sucedió a una hermana joven. Primero, fue golpeada en el mentón. Luego “mientras se recuperaba del golpe, un grupo de hombres la sujetaron y la violaron, y como resultado ahora tiene un niño”.

El hermano Chikara también contó la experiencia que le relató una hermana de 17 años. Esta es su triste historia: “Fui llevada a la fuerza por soldados y me golpearon en cuatro ocasiones diferentes, dos veces por soldados de un bando y otras dos por los del bando contrario”. La primera vez que me golpearon no creí que sobreviviría. Mientras me recuperaba, llegaron a la zona soldados del otro bando reuniendo a todas las jóvenes y obligándolas a asistir a sus reuniones.

“En esa ocasión un hombre me dijo que extendiese en el suelo una manta e insistió en que me acostase con él. Eché a correr llorando, mientras él me perseguía. Se le unió otro hombre y ambos trataron de obligarme a cometer un acto inmoral. Me derribaron de un culatazo, pero al caer grité tan fuerte que finalmente me dejaron. Entonces me mezclé entre una gran muchedumbre de personas que estaba presente y finalmente fui ayudada a regresar a casa al abrigo de la noche sin que lo supiesen los que me habían atacado.

”Pocos meses después vino otro grupo de soldados a nuestra localidad y me llevaron, junto con otras nueve jóvenes, alegando que habíamos intimado con los soldados del bando opuesto. Por supuesto, en mi caso esto no era verdad. No obstante, todas fuimos golpeadas hasta el extremo de no poder movernos por varias semanas. En conjunto, fui golpeada cuatro veces.”

Esta excelente hermana sigue espiritualmente fuerte a pesar de que es la única de su familia que está en la verdad.

RAPTOS: UNA PRÁCTICA COMÚN

En ciertas zonas llegó a ser una práctica muy común el raptar a adolescentes. Llegaban grupos de soldados a pueblos pequeños y ordenaban que todo el mundo se reuniese fuera de sus casas. Entonces, mientras se obligaba a los adultos a cantar canciones, los soldados se llevaban a jóvenes de ambos sexos. La práctica era llevarse a los jóvenes varones para recibir entrenamiento militar y a las muchachas para cocinar y para propósitos inmorales. Algunos padres jamás volvieron a ver a sus hijos.

A veces incluso nuestros hermanos tuvieron que sufrir esta terrible congoja. Un precursor escribió a la Sociedad diciendo: “Mi hija y cinco jóvenes más fueron raptados. Los seis eran Testigos dedicados y bautizados”. Algunos de nuestros hermanos cristianos tuvieron la triste experiencia de ver regresar a sus hijos, no como Testigos, sino como soldados entrenados en el ‘arte’ de la guerra. Sin embargo, hubo muy pocos casos de estos.

UNA JOVEN Y VALIENTE TESTIGO

Un caso emocionante fue el de Catherine Mbona, una hermana de 14 años de los distritos orientales, que fue raptada. Sus padres (Michael, su padre, ha servido de precursor muchos años) se preguntaban si volverían a verla de nuevo. Imagínese su gozo y su alivio cuando, pocos días después, fue devuelta a su pueblo, sin sufrir daño.

“¿Qué te hicieron?”, preguntaron a Catherine. “Nada”, respondió ella.

“Entonces, ¿qué hiciste durante todo este tiempo?”

“Les hablaba de Jehová, les predicaba”, dijo Catherine.

Pocos días después se presentó en el pueblo el jefe del grupo de soldados y buscó a los padres de la muchacha. Los padres estaban bastante recelosos, sin embargo, este hombre había viajado especialmente hasta el pueblo para felicitar a los padres por lo bien que habían educado a su hija.

ALDEAS PROTEGIDAS

Debido a que más y más aldeas se convertían en zonas conflictivas, y además muchas de ellas servían de escondite y baluarte para los guerrilleros, el gobierno comenzó a trasladar a los habitantes de esas aldeas a zonas valladas, o Aldeas Protegidas. Aunque eso se hizo con la intención de proteger a los habitantes, resultó en que tuvieron que dejar tras sí hogares, propiedades, ganado y cosechas, —todo— a excepción de las pocas pertenencias que pudieron llevar consigo.

En 1973 el superintendente de circuito, Reuben Mpedza, informó: “Con respecto a las congregaciones de Mukumbura, Musingwa y Chiutsi, el gobierno está trasladando a las personas de estas localidades a los lugares donde quieren que permanezcan. Actualmente algunos de los hermanos están sin hogar debido a este traslado”.

Imagínese lo que tiene que haber sido, hallarse súbitamente con su familia en una zona vallada sin nada excepto lo más imprescindible. Sin casas, sin instalaciones sanitarias; y durmiendo a campo raso. ¿Cuál fue la reacción de los hermanos ante esto? El superintendente de circuito dijo en su informe: “Pese a todo, es muy animador saber que a pesar de esos obstáculos los hermanos están predicando celosamente el Reino de Jehová como la única esperanza para la humanidad angustiada”.

Es interesante ver la diferencia de actitud entre la gente en general y los testigos de Jehová respecto a tales lugares. Mientras que la mayoría se lamentaba por sus pérdidas materiales, los Testigos se ocupaban en ajustarse a la nueva situación. Es más, debido a tener personas tan cerca, a los hermanos les era mucho más fácil llevarles el mensaje del Reino.

En uno de esos lugares, las hermanas mayores estaban muy contentas. Anteriormente no podían hacer el precursorado auxiliar debido al toque de queda y también porque las personas del territorio de la congregación estaban muy esparcidas, pero según ellas mismas expresaron: “Ahora las personas están todas juntas, y será muy fácil para nosotras hacer el precursorado auxiliar”.

Por supuesto, el traslado de personas a Aldeas Protegidas afectó a algunas congregaciones. Frecuentemente los superintendentes de circuito no sabían si la congregación que tenían que visitar estaría allí cuando llegaran. Sin embargo, cuando terminó la guerra y se suprimieron las Aldeas Protegidas, los hermanos regresaron gradualmente a sus hogares y trataron de reanudar su vida. Algunas congregaciones que no habían sido visitadas por un superintendente de circuito durante dos o tres años comenzaron a ser visitadas de nuevo.

ORGANIZADOS PARA ENFRENTARSE A LA SITUACIÓN

No es difícil imaginar que durante la guerra hubo que efectuar cambios para hacer frente a diferentes circunstancias.

Para ayudar a los ancianos se organizaron reuniones anuales especiales, conducidas en cada circuito por los superintendentes de circuito y distrito, y basadas en un programa preparado por la sucursal. Ese programa se centraba especialmente en las necesidades del momento que tenían los hermanos. Los ancianos mostraron mucho aprecio por esta provisión, ya que era justamente lo que necesitaban para ayudarles en su obra de pastoreo bajo condiciones adversas. No solo los mismos ancianos, sino también muchos hermanos escribieron a la Sociedad para hacerles saber lo mucho que se estaban beneficiando del entrenamiento recibido por los ancianos.

No cabe duda que estas reuniones especiales, además de la preparación que normalmente recibían los ancianos por medio de la Escuela del Ministerio del Reino y las reuniones especiales en las asambleas de circuito, contribuyeron mucho a la solidaridad de los hermanos durante el tiempo que duró la guerra.

“ÁTENLO A UN ÁRBOL Y DEJEN QUE MUERA”

Después de asistir a una de esas reuniones especiales para los ancianos, Jeremiah Chesa, un hermano de edad avanzada, pasó por una grave experiencia. El hermano Chesa, que vive en una zona rural, relató:

“Durante la noche un grupo de soldados me sacó de casa y me llevó a la espesura; entonces me preguntaron: ‘¿Dónde estuviste el sábado y el domingo?’ Les dije que había ido a una reunión religiosa. ‘¿Sabes, viejo, que ha llegado tu hora? Hemos matado ya a muchas personas más importantes que tú, perro miserable.’ Y entonces gritaron: ‘¡Matémosle!’.

”No obstante, uno de ellos dijo: ‘No, más bien, atémosle de pies y manos a un árbol y abandonémosle hasta que muera’. Después de conseguir una cuerda dijeron: ‘Dinos si prefieres morir o dejar de adorar a tu Dios’.

”‘Francamente —dije— no quiero engañarlos diciéndoles que voy a dejar de adorar. Adoro día y noche.’

”Furiosos por esa respuesta, alguien gritó: ‘¡Átenlo a un árbol y dejen que muera!’ De manera que pasé toda la noche atado a un árbol”.

Al día siguiente, hacia el mediodía pasó un cazador y vio al hermano Chesa atado al árbol. A pesar de la sorpresa, y algo temeroso, tuvo el valor de soltar a nuestro hermano que regresó a su casa. ¿Pero que pasó después? El hermano Chesa sigue su relato:

“Pocos días después los soldados llegaron a mi casa y quisieron saber cómo me había soltado del árbol. Me llevaron a la espesura y me preguntaron quién me había soltado. Les dije que mi respuesta estaba en la Biblia en el Salmo 146:5-7. Entonces se ordenó que se leyese ese texto.

”Cinco personas a las que se les había ordenado volver a leer el pasaje fueron golpeadas porque los jefes pensaban que no lo estaban leyendo correctamente. Fue interesante escuchar su conversación: ‘¿Quién lo soltó realmente?’ ‘Convendría dejarlo ir en paz.’ ‘Tienes suerte, viejo’”.

¿Qué había hecho cambiar súbitamente a esos presuntos asesinos? El texto que leyeron dice en parte: “Feliz es [aquel] [...] cuya esperanza está en Jehová su Dios, [...] Jehová está soltando a los que están atados”. El hermano Chesa regresó a casa en libertad.

“JEHOVÁ [...] SIEMPRE ESTÁ CONTIGO”

Así se expresó ante una de nuestras fieles hermanas una mujer que no era Testigo. ¿Qué circunstancias determinaron esta declaración? La respuesta nos la da la experiencia que el hermano Tauzen Chawanda y su esposa tuvieron mientras trabajaban en una plantación de té en los distritos orientales:

“El 23 de diciembre de 1976, llegó un grupo de soldados a la casa que teníamos en la plantación. Algunos de ellos fueron enviados a todos los hogares para reunir a las personas. Fuimos llevados a la zona de la fábrica y nos dijeron que nos sentásemos en círculo. Los únicos Testigos éramos mi esposa y yo.

”Acto seguido, dijeron a todas las mujeres que retrocediesen para contemplar cómo mataban a sus esposos. Mi esposa y yo oramos en voz alta a Jehová pidiendo su protección. A medida que mi esposa retrocedía, una mujer le dijo: ‘Te irá mejor a ti porque Jehová es tu salvador, y siempre está contigo’.

”Una vez que las mujeres se hubieron retirado, los soldados dijeron a los hombres: ‘Les dijimos que no siguiesen trabajando pero siguieron haciéndolo’. Dicho eso, dos soldados dispararon sobre los hombres con sus ametralladoras. Después los soldados partieron apresuradamente.

”Inmediatamente las mujeres se abalanzaron sobre sus esposos, ignorando si estaban muertos o no. Cuando mi esposa trató de levantarme, le dije que estaba bien, pero al principio no me creía. Todos los esposos de las otras mujeres estaban muertos, así que ellas regresaron al recinto. Yo mismo también regresé más tarde y hallé que todas se habían reunido en nuestra casa.

”Cuando llegué, la mujer que había hablado antes sobre la protección de Jehová le decía a mi esposa: ‘¡Te lo dije, Jehová está con tu esposo. Mira, ha regresado vivo debido a la protección de Dios!’”.

REUNIÉNDONOS BAJO CONDICIONES ADVERSAS

Nos alegra decir que durante todo este tiempo de adversidades pudimos celebrar asambleas de circuito y distrito. Se debió a que el mayor número de asambleas se celebró en las zonas más seguras del país. Hubo ocasiones en que los hermanos de circuitos en zonas conflictivas tuvieron que reunirse con hermanos de otro circuito. Pero por lo menos no se perdieron el programa y se les mantuvo espiritualmente fuertes.

Sin embargo, en muchos lugares, era un verdadero problema celebrar las reuniones de congregación por causa, principalmente, de los toques de queda que restringían los desplazamientos de un lugar a otro. Puesto que la Conmemoración de la Cena del Señor se celebra después del atardecer, a veces planteaba un gran problema. Por lo general, el toque de queda duraba desde el atardecer hasta el alba, aunque a veces comenzaba a las 4 de la tarde y se extendía hasta las 9 de la mañana del día siguiente.

Una buena medida para vencer este problema en la fecha de la Conmemoración, especialmente en congregaciones pequeñas de zonas rurales, fue reunir a todos los hermanos en el hogar de uno de ellos. Allí celebrarían la Conmemoración de la muerte de Cristo a la hora apropiada. Por supuesto, después no podrían regresar a sus hogares pues, debido a las estipulaciones del toque de queda, no hubieran podido alejarse más de unos pocos metros de la casa del hermano. De manera que pasaban la velada cantando cánticos del Reino y contando experiencias. A la mañana siguiente todos regresaban a sus hogares, felices por haber obedecido el mandato de Cristo de reunirse para esta ocasión tan importante. (1 Cor. 11:23, 24.)

SE AYUDA A LAS PERSONAS INTERESADAS

En realidad todo lo que se hizo para celebrar la Conmemoración, así como otras reuniones de congregación, contribuyó mucho a ayudar a las personas interesadas de esas localidades, así como a los mismos hermanos. Debido al temor de ser golpeados o de recibir otra clase de malos tratos, las personas interesadas no se decidían a asistir abiertamente a las reuniones. Pero parece que les animó la idea de permanecer toda la noche.

Un hermano de una congregación de 13 Testigos escribió a la sucursal para decir lo emocionados que estaban por haber tenido una asistencia de 106 a la Conmemoración; unos 90 más que el número de publicadores.

Otro hermano, Michael Mafara, que para entonces era precursor especial, halló un singular medio de vencer el problema del toque de queda e incluso ayudar a personas interesadas. En esa localidad el toque de queda era muy estricto. Solo se permitía salir desde el mediodía hasta las dos de la tarde. En esa congregación los hermanos estaban repartidos en tres grupos, y la única manera de desplazarse era andando. ¿Qué se podía hacer?

El hermano Mafara tuvo una idea. Escogió tres hogares donde celebrar las reuniones. Los hermanos se desplazarían a uno de esos hogares durante las dos horas libres. Permanecerían allí hasta el mediodía del día siguiente, para entonces regresar a sus hogares. A la próxima reunión todos irían a uno de los otros hogares, y así sucesivamente. Eso hizo que pudiesen reunirse durante varias horas, disfrutar de compañerismo, y fortalecerse unos a otros espiritualmente.

Respecto a los resultados, el hermano Mafara escribió: “Cuando visité los grupos, vi que hasta personas interesadas habían ido, aun teniendo que quedarse por la noche, para poder asistir a las reuniones. A pesar de que solo hay 13 publicadores en la congregación, durante el tiempo del toque de queda, la asistencia fue de 21, más que antes de su implantación”.

“COMO ESCONDITE CONTRA EL VIENTO”

El profeta Isaías habló de aquellos que serían pastores y superintendentes en la organización visible de Jehová. Los comparó a un “escondite contra el viento y escondrijo contra la tempestad de lluvia” (Isa. 32:2). Nuestros leales superintendentes viajantes resultaron ser exactamente eso durante los años de la guerra.

Valerosamente soportaron toda clase de dificultades por amor a sus hermanos. Algunos caminaron durante varios días a través de la espesura, por zonas montañosas, cruzando ríos peligrosos, durmiendo a la intemperie, todo a fin de llegar a congregaciones y publicadores aislados para estimularles a permanecer firmes en la fe.

Para ilustrar esto nos gustaría relatar la experiencia de uno de los superintendentes de circuito, el hermano Isaiah Makore. Él y el hermano Obet Sose, viajaron unos 130 kilómetros (80 millas) en bicicleta hasta una parte remota y peligrosa del país para visitar tres congregaciones pequeñas en esa localidad. Durante el camino de regreso se encontraron con los independentistas. Pero dejemos que el superintendente de circuito nos cuente lo que sucedió:

“Cuando habíamos viajado aproximadamente 14 kilómetros (9 millas), vimos de pronto a unos hombres armados en la espesura que nos llamaban. Nos detuvimos y fuimos con nuestras bicicletas hacia donde estaban. En poco tiempo nos despojaron de cosas tales como nuestros nuevos relojes de pulsera, dinero y otras pertenencias. Con el dinero que tenía estaba el de las remesas que las congregaciones visitadas me habían entregado para enviar a la sucursal.

”Simultáneamente nos interrogaban: quiénes éramos y qué hacíamos allí. Parece que sospechaban que éramos agentes o funcionarios gubernamentales. No sabiendo lo que iba a sucedernos, oré en silencio a Jehová pidiéndole ayuda, sobre todo para no transigir. Después, el hermano Sose me dijo que él había hecho lo mismo.

”Finalmente, pudimos convencer a esos hombres de que éramos testigos de Jehová y ministros de religión. Me sorprendí mucho cuando nos devolvieron todo el dinero que nos habían quitado, a pesar de que se quedaron con nuestros relojes y uno o dos objetos más.

”Entonces nos dijeron que podíamos marcharnos, y cuando estábamos a punto de hacerlo oímos el sonido de un vehículo del ejército que se aproximaba. ¡Comenzó el tiroteo! En un momento nos hallamos tendidos en el suelo. Las balas venían de todas partes. Felizmente, salimos de esta sin un solo rasguño, y continuamos nuestro viaje en bicicleta a lo largo de los 127 kilómetros (79 millas) hasta nuestro destino”.

SOPORTANDO LA TORTURA

A algunos de nuestros superintendentes viajantes, así como a algunos hermanos y hermanas, les infligieron crueles torturas. Un ejemplo de esto fue el de John Hunguka. Por lo general, nuestra posición neutral era conocida y respetada. Sin embargo, en este caso, parece que la postura firme de John como testigo de Jehová fue lo que causó el terrible tratamiento que recibió. He aquí su relato:

“Me dirigía a pie hacia la próxima congregación. En el camino, tenía que encontrarme con un hermano que iba a acompañarme. Justo en el momento de encontrarnos, nos vimos súbitamente rodeados de soldados. Tenían en su poder un aparato eléctrico que usaban para torturar a las personas a fin de que les revelasen información concerniente a los que estaban en el bando contrario.

”El hermano Mukwambo fue el primero en ser sometido a esta clase de tortura. Recibió repetidas descargas eléctricas en su cuerpo a medida que trataban de arrancarle información que no poseía. Entretanto, me habían ordenado que me sentase de espaldas a ellos de manera que no podía ver lo que pasaba. Hice una oración en silencio a Jehová pidiéndole que nos ayudase a ambos a mantener firme nuestra fe. Finalmente el hermano Mukwambo perdió el conocimiento.

”Después, me interrogaron a mí. Cuando supieron que era testigo de Jehová, uno de los soldados comenzó a aplicarme descargas eléctricas hasta que quedé inconsciente. Cuando recobré de nuevo el conocimiento, volvieron a interrogarme. Les repetí mi postura neutral. Parece que cada vez que mencionaba a los testigos de Jehová aumentaba su cólera.

”A continuación me obligaron a desvestirme y aplicaron el aparato a mis partes genitales. Luego, amenazándome con matarme si informaba lo que me habían hecho, me dejaron ir. Con la ayuda del hermano Mukwambo pude llegar a su casa. Al día siguiente los hermanos me llevaron hasta un autobús que iba a Mutare, donde recibí tratamiento médico”.

¿Cómo se sintió el hermano John Hunguka debido a esta experiencia? “No dudé de la protección de Jehová a través de toda esta persecución. Por el contrario, me acercó a Él más que nunca antes. Estaba resuelto a continuar visitando a los hermanos en esas localidades a pesar de los problemas.” Y eso es exactamente lo que hizo, puesto que la semana siguiente regresó a la misma zona para continuar con la obra de circuito.

VOLVAMOS A LA CUESTIÓN DE LA NEUTRALIDAD

Mientras nuestros hermanos africanos, especialmente en las zonas rurales, se enfrentaban a grandes pruebas de fe, varios de nuestros hermanos blancos tenían que defender su fe delante de los tribunales. Para ese tiempo, muchos más se vieron afectados puesto que se había aumentado la edad para la movilización a los 50 años.

Esto tuvo un aspecto positivo puesto que esos hermanos mayores, muchos de ellos ancianos en las congregaciones, estaban en mejor posición para hablar denodadamente respecto a su lealtad al reino mesiánico. Dieron un magnífico testimonio a muchas personas. Por ejemplo Gordon Hein, quien amablemente pero con firmeza, dijo a la Junta de Exención: “Pueden colocarme contra esa pared y fusilarme, pero no voy a transigir en cuanto a mi posición para con Jehová y Su Reino”.

Otro hermano que tuvo la oportunidad de dar un excelente testimonio ante la Junta de Exención fue Koos deWet. A pesar de que este hermano presentó su postura basada en las Escrituras de manera muy clara y contundente, la Junta denegó su solicitud de exención. El hermano deWet relata lo que sucedió:

“Después que decidieron no otorgarme la exención, el Director de las Fuerzas de Seguridad vino a informarme privadamente de su decisión. Durante la conversación dirigí su atención al hecho de que entre los que estaban luchando en contra de este país no se hallaba ni un solo testigo de Jehová. Contestó que era consciente de ello. ‘¿Y por qué es usted consciente de ello? —le pregunté, y entonces añadí— Porque los testigos de Jehová en esos países vecinos adoptan exactamente la misma postura que yo he adoptado delante de usted hoy’.

”Entonces reconoció que aunque había considerado a los Testigos como una molestia, a través de los años se había dado cuenta de que tienen la religión más deseable”.

LLEGA A CONOCERSE EXTENSAMENTE LA POSICIÓN NEUTRAL

Para entonces estaba quedando muy claro ante todo el país que los testigos de Jehová no apoyaban a ninguno de los dos bandos. Nuestros hermanos de las zonas comunales bien pueden testificar al respecto.

La siguiente experiencia ocurrió en el año 1978. Se anunció la asamblea de distrito “Fe Victoriosa” y los hermanos que vivían en la zona de Hurungwe querían asistir. Para ello tenían que alquilar un autobús, pero que sea David Mupfururirwa quien lo relate. Él era superintendente de distrito en ese tiempo. Actualmente sirve de precursor especial junto con su esposa Betty.

“Los independentistas controlaban esa zona en particular, incluso el uso de los autobuses para entrar y salir de ella. Nadie podía alquilar un autobús ni siquiera salir de la localidad sin permiso de los independentistas. Pero aun suponiendo que se concediera permiso, habría problemas. ¿Por qué? Debido a que a lo largo del camino se hallarían barricadas de las fuerzas gubernamentales de seguridad. Sabían que si llegaba un autobús era porque los guerrilleros lo habían permitido. Por lo tanto esos autobuses eran sospechosos y se les registraba totalmente, incluyendo equipaje y paquetes, en busca de bombas u otras armas letales.

”Bajo esas circunstancias, se le informó al comandante de los independentistas que los Testigos trataban de alquilar un autobús. Preguntado el dueño del autobús sobre la certeza de la noticia, la confirmó, indicando además que él aún no había tomado ninguna decisión. Esto se le informó al comandante. Y, según les dijeron a los hermanos, la conversación posterior discurrió en estos términos:

”‘Comandante, ¿sabía que los que querían alquilar el autobús son testigos de Jehová?’. ‘Sí —fue la respuesta—. ¡Entonces por qué no nos lo dijo antes! No habríamos perdido tiempo investigando. Usted sabe que son neutrales en política. No representan una amenaza para nosotros. De hecho, me siento mucho mejor entre ellos que entre nosotros. Permitamos que alquilen el autobús’.

”Más tarde, hablando con los hermanos, el conductor del autobús dijo: ‘¡A ustedes les apoya Jehová! Otras iglesias han tratado de alquilar autobuses pero les ha sido denegado, tanto por parte de los independentistas como de las fuerzas de seguridad’.”

OTRO OBSTÁCULO QUE VENCER

Así que ¡en marcha se pusieron los hermanos camino a Chinhoyi, a la asamblea de distrito! Pero entonces llegaron a una barricada que habían puesto las fuerzas de seguridad. Se le ordenó a todo el mundo que bajase del autobús y abriese su equipaje y paquetes. Cuando los hermanos comenzaron a hacerlo, un soldado preguntó de dónde venían y a dónde se dirigían. Un hermano dijo: “Somos testigos de Jehová y nos dirigimos a Chinhoyi para nuestra asamblea religiosa”.

“¿Son todos testigos de Jehová?” preguntó el soldado:

“Sí señor”, fue la respuesta.

“Entonces vuelvan a cargar su equipaje y sigan hacia su asamblea.”

A medida que subían al autobús se oyó la siguiente conversación entre dos de los soldados:

“¡Oye!, ¿por qué dejas ir a ese autobús?”

“Son testigos de Jehová, los ciudadanos más pacíficos que jamás puedas encontrar. No podemos perder tiempo con ellos.”

Por cierto, referente a esta asamblea, los independentistas de la zona les dijeron a los hermanos que no tenían que preocuparse. Que no nos molestarían. Y así resultó ser.

LOS DÍAS MÁS TENEBROSOS DE LA GUERRA

Estábamos entrando ya en los momentos más cruciales de la guerra. No había ningún lugar seguro. A medida que a las fuerzas gubernamentales se les presionaba más, se abrían frentes en cualquier lugar del país, tanto en las ciudades como en la zona rural. A principios de 1978, las bombas y granadas de mano estallaban en cualquier zona urbana. En la capital, una bomba hizo volar un muro lateral de unos grandes almacenes, matando y mutilando a varias personas. En Mutare una mujer entró en una sección de un comercio con una granada atada a la pierna. Estalló, matándola a ella, y a otras personas.

Debido a esto, se implantaron rígidas medidas de seguridad. No se podía entrar en una tienda sin ser previamente registrado. Los caminos rurales de grava estaban minados, y solo se permitía viajar por la mayor parte de las carreteras en convoy protegido por el ejército y durante las horas diurnas.

LAS CONGREGACIONES FUERON AFECTADAS

Por supuesto, todo esto afectó de modo importante la actividad de las congregaciones, actividad que quedó interrumpida en muchos lugares. Se les hacía imposible a los superintendentes de circuito llegar a algunas congregaciones de sus circuitos. Se hizo un esfuerzo por vencer el problema asignando a hermanos locales confiables para que hiciesen lo posible por mantenerse en contacto con esas congregaciones. Al ser hermanos de la localidad, tenían ventaja sobre los superintendentes viajantes, los cuales a menudo eran extraños en la zona.

A pesar de estas medidas, algunas congregaciones quedaron tan incomunicadas que no se supo nada de ellas durante dos o tres años. A la sucursal le llegaban noticias de congregaciones enteras cuyos hermanos habían tenido que huir de sus hogares, y vivir en las cuevas de las montañas hasta que llegase el momento de poder regresar a salvo.

Por supuesto, esas condiciones afectaron mucho los informes que la Sociedad recibía. De hecho, hubo un continuo descenso en la cantidad de publicadores, pues de 12.127 que informaron en 1976 descendió a 10.087 en 1981. Esto se debió en gran parte a las condiciones existentes durante ese tiempo.

Tan pronto como pudieron hacerlo, los superintendentes de circuito comenzaron a ponerse en contacto con esas congregaciones “perdidas”. El hermano John Hunguka envió este informe estimulador:

“Estos hermanos no han recibido la visita de un superintendente de circuito en dos años, debido a la guerra. Es animador saber cómo se han enfrentado a los problemas. Los padres han protegido con firmeza a sus hijos contra la intimidación, la violencia y los violadores armados. Mantuvieron en alto las elevadas normas morales bíblicas. Y todavía siguen comportándose como testigos de Jehová pese a haber estado separados de otros durante dos años”.

El hermano Hunguka continuó diciendo que algunos se hicieron inactivos durante ese período, y unos pocos transigieron en su neutralidad debido al temor. Sin embargo, ¡qué emocionante fue ver que la gran mayoría de nuestros hermanos soportaron todas esas pruebas sin quebrantar su dedicación a Jehová!

CONFIARON EN JEHOVÁ

Al mirar retrospectivamente a esos años críticos, hay algo que resalta con toda claridad. Los leales a Jehová ‘confiaron en Él con todo su corazón’, y Él, a su vez, los protegió y ayudó a aguantar (Pro. 3:5). He aquí algunas experiencias que lo confirman:

Por ejemplo la situación de Eric y Jane Hitz, los cuales durante gran parte de ese tiempo efectuaron la obra de circuito para las congregaciones de habla inglesa. Ha de tenerse en cuenta que, especialmente durante los últimos años de la guerra, solo se podía viajar por las principales carreteras en convoy, y que muchos de los caminos de grava estaban sembrados de minas. Además, podían aparecer bandas súbitamente.

El hermano y la hermana Hitz tenían que viajar por muchas de esas carreteras. A pesar de las presiones que ejercieron sobre ellos, estaban determinados a no llevar armas para protegerse; más bien, confiaban en Jehová. El hermano Hitz dijo: “A menudo nos decían que estábamos locos al viajar por ciertas carreteras, de las que nunca saldríamos vivos. Pero Jehová nos protegió. Era tanto el amor e interés que nos mostraban los hermanos que visitábamos, que nos hacían sentir que el esfuerzo valía la pena”.

La hermana Hitz explicó que en una ocasión, por alguna razón, se marcharon de una congregación un día después de lo que habían previsto. Al día siguiente, mientras viajaban, vieron los restos carbonizados de un convoy que había sido atacado. Si hubiesen viajado el día anterior tal como habían planeado, habrían estado en ese convoy. “Esa fue solo una de muchas experiencias similares”, añadió ella.

Este matrimonio fiel asistió más adelante a la Escuela de Galaad y actualmente sirven de misioneros en Suiza.

Otro ejemplo de confianza plena en Jehová fue el de Stephen Gumpo quien está actualmente en Betel con su esposa Gladys. El hermano Gumpo, cuando era precursor especial, tuvo la misma experiencia con el aparato eléctrico de tortura que el hermano John Hunguka. “Cuando te aplican ese aparato —dijo— lo más fácil del mundo es hacer cualquier cosa, mentir, transigir, cualquier cosa por librarse uno de ese dolor tan atroz. La fuerza que provee Jehová fue lo único que me permitió aguantar y permanecer fiel a Él.” El hermano Gumpo explicó que otros habían muerto a consecuencia de recibir esa misma clase de tortura.

LA ESPERANZA DE LA RESURRECCIÓN, UNA AYUDA PARA AGUANTAR

Aunque hay numerosos ejemplos de protección y salvación de una muerte segura, obviamente por la intervención milagrosa de Jehová, esto no significa que siempre se eludirá la muerte. A veces la ‘fidelidad hasta la muerte’ es la manera de demostrar nuestra lealtad a Jehová, con lo que se nos garantiza “la corona de la vida” por medio de la resurrección. (Sant. 1:12.)

Fue penoso y a la vez fortalecedor leer la carta de un hermano muy fiel, Tembe Mtshiywa, quien mostró su confianza en Jehová creyendo firmemente en la resurrección. Perdió tres hijos a causa de la guerra. Dos de ellos murieron cuando su automóvil fue atacado; y el tercero, Abutte, un hermano joven que hacía la obra de circuito, fue asesinado mientras se trasladaba de una congregación a otra en bicicleta. Que sepamos, fue el único testigo de Jehová muerto durante la guerra por el hecho de ser Testigo.

El hermano Mtshiywa dice que amigos y parientes e incluso el jefe local, ejercieron gran presión en él para que apaciguase a sus antepasados, insistiendo en que le había sobrevenido calamidad por haberse negado a adorar a sus antepasados. Sin embargo, resistió esta presión con firmeza, manteniendo una fe sólida en la esperanza de la resurrección. Dice que el consuelo que recibió de los hermanos y de la organización de Jehová contribuyó a sostenerle. El hermano todavía sirve como precursor y anciano.

“JEHOVÁ SABE LIBRAR”

¡Cuán ciertas han resultado ser esas palabras! (2 Ped. 2:9.) Alguien que puede atestiguarlas es Jeremiah Mupondi, un joven que perdió una oreja. Ahora es precursor especial. ¿Cómo le ocurrió esto? Este es su relato:

“Acabábamos de trabajar junto con el superintendente de circuito y un grupo de publicadores cuando, al regresar a casa [en zona rural], hallamos un grupo de soldados que nos estaban esperando. Nos habían visto con el superintendente de circuito y creyeron que éramos traidores. Dijeron que habían sido enviados para capturarnos.

”En el transcurso de la conversación, trataron de obligarnos a gritar lemas tales como ‘¡Arriba la guerra!’ ‘¡Abajo Jesús!’ Nos negamos con toda firmeza. Acto seguido, a los varones nos ataron las manos a la espalda con alambre. También cogieron nuestra literatura y la quemaron.

”Con nosotros estaba una hermana joven. Le exigieron que admitiese que la habían obligado a ser testigo de Jehová. Como se negó, la golpearon hasta dejarla inconsciente. Cuando recobró el conocimiento, oyó que decían que había confesado haber sido obligada a ser Testigo. Desde el suelo gritó: ‘¡Eso es mentira. No he dicho eso!’ De nuevo la golpearon dejándola inconsciente.

”A otro hermano y a mí nos obligaron a tendernos en el suelo. Al hermano lo golpearon hasta que casi quedó ciego. En cuanto a mí, me agarraron por la oreja y blandiendo un cuchillo, me dijeron que si no repetía los lemas me cortarían la oreja. Permanecí callado. Cumpliendo su amenaza, me cortaron la oreja. Fue entonces que el poder de la esperanza de la resurrección me infundió fortaleza.

”Después, nuestros perseguidores se dirigieron a la hermana Muchini y la amenazaron con cortar en pedazos a su bebé de cinco meses si se negaba a repetir los lemas, ‘¡Arriba la guerra!’ y ‘¡Abajo Jesús!’. Enfrentada a esta amenaza, y aun sabiendo lo que ya habían hecho, esta hermana leal se negó a repetir los lemas. Debió impresionarlos, porque no mataron al bebé.

”Finalmente, nos dejaron marchar. Sin embargo, diez días después nos atacó otra pandilla con las mismas amenazas y maltrato. Los cinco permanecimos fieles”.

En esta última ocasión el hermano Mupondi dijo a los hombres que le estaban tratando tan cruelmente: “No vamos a dejar de predicar y reunirnos, tanto si nos matan como si no. Estamos resueltos incluso a morir por el nombre de Jehová”. Fue entonces cuando se oyó a algunos de los perseguidores decir mientras se iban: “Jehová es el Dios verdadero”.

Después de esta experiencia, tanto el hermano Mupondi como su hermano mayor emprendieron el precursorado. Desde entonces él y su compañero, Arnold Chamburuka, han tenido experiencias muy emocionantes en el precursorado especial.

REORGANIZACIÓN DESPUÉS DE LA GUERRA

Finalmente concluyó la guerra. Después de unos meses de gobierno provisional británico, desde comienzos de 1980 hasta abril de ese mismo año, este país llegó a estar por primera vez bajo un gobierno mayoritario. Desde entonces recibió su nuevo nombre: Zimbabwe.

Se inició una época de rehabilitación, no solo en el país sino también en el pueblo de Jehová. Sin embargo, mientras que el programa de reorganización instituido por el nuevo gobierno ha estado, y continúa estando, plagado de problemas, el pueblo de Jehová ha seguido progresando firmemente. De hecho, esto nos hace recordar la situación de la congregación cristiana del primer siglo. Después de un período de dificultades y persecución, el relato de Hechos 9:31, dice: “Entonces, verdaderamente, la congregación por toda Judea y Galilea y Samaria entró en un período de paz, edificándose; y como andaba en el temor de Jehová y en el consuelo del espíritu santo, siguió multiplicándose”.

Eso es lo que ocurrió aquí. Con el programa gubernamental de amnistía, los hermanos que estaban encarcelados fueron soltados y se les permitió regresar a sus actividades normales. Hermanos que habían enviado a sus familias a ciudades y pueblos para que estuvieran protegidas durante la guerra se reunieron de nuevo con sus seres queridos. Congregaciones que habían sido desbaratadas comenzaron a estabilizarse de nuevo. Con esa atmósfera pacífica la obra de testificar el Reino empezó a cobrar ímpetu, tal como muestran las siguientes cifras:

Promedio de Promedio de Asistencia a la

publicadores precursores Conmemoración

1981 10.078 560 28.103

1983 11.552 750 33.914

Como puede verse por las cifras, nuestros hermanos no tardaron mucho tiempo en reemprender una excelente actividad teocrática. De hecho, los promedios de los publicadores individuales han experimentado un aumento sensible, lo cual muestra que individualmente los hermanos están haciendo mucho más que antes de 1981.

AUMENTA EL INTERÉS EN EL MENSAJE DEL REINO

Terminada la guerra, y durante algún tiempo, la gente no se entretenía en escuchar el mensaje del Reino. Durante la guerra les habían hecho muchas promesas, y ahora esperaban verlas realizadas. Pero no fue así.

Las secuelas de la guerra pronto se hicieron evidentes. Aumentó el delito y la violencia, algo que casi no se conocía en el país antes de la guerra. Incluso las escaseces de cosas básicas empezaron a ser un gran problema por primera vez. Los secuestros y otras actividades disidentes convirtieron algunas zonas del país en lugares peligrosos.

Todo esto causó un gran efecto en muchos que empezaban a dudar seriamente de la capacidad del hombre para dirigir sus asuntos. Hubo quienes comenzaron a recordar la posición de los testigos de Jehová durante la guerra: permanecer firmes a favor del reino mesiánico de Dios como el único remedio para los males de la humanidad. Como dijo en una carta una persona que escribió a la Sociedad: “Estaba muy opuesto a ustedes debido a su postura durante la guerra. Pero ahora me doy cuenta de que son en verdad el pueblo de Dios”.

La sucursal nunca había recibido tantas cartas solicitando la ayuda de los testigos de Jehová como las que ha estado recibiendo desde que terminó la guerra. Por ejemplo, se recibió una carta de una persona interesada que dijo: “Me entusiasmó leer acerca de tales buenas nuevas, porque solía beber y fumar y estaba metido en política hasta que un amigo me dio un libro. Solía sentirme atado, pero ahora me siento libre. Deseo estudiar la Biblia con ustedes. Por favor, ¿pueden enviarme una Biblia para que pueda estudiar con los testigos de Jehová?”.

En las congregaciones los hermanos han tenido experiencias similares. Rabson Daniel, un superintendente de circuito que lleva 34 años en el servicio de tiempo completo, escribió acerca de la situación. Dijo que en algunas localidades las personas han ido a fin de mes a los hogares de los hermanos a buscar revistas. Una precursora, mientras se preparaba para la obra con las revistas, las colocó todas a las personas que fueron a su puerta ¡antes de salir de casa!

El director de una escuela escribió recientemente a la Sociedad solicitando 45 ejemplares de cualquier libro o folleto que creyésemos que podría usar como base para sus clases de religión. De otra escuela la sucursal recibió esta carta:

“Les escribo en nombre del personal y los estudiantes de la Escuela Secundaria de Nyangani. Fue fundada en 1981, y somos una escuela en desarrollo, que hace pocos meses hemos comenzado a recopilar una biblioteca. Naturalmente consideramos que la religión es un aspecto esencial de la educación. Recientemente nos fueron donadas algunas de sus publicaciones y consideramos que son excelentes para nuestras necesidades, por lo que nos gustaría tener más información. Un ejemplo de esto es la revista ¡Despertad! ya que es de fácil lectura y abarca una gama muy amplia de artículos.

”Si tienen alguna lista actualizada de precios nos será de gran ayuda en el futuro”.

TODAVÍA SUBSISTEN ALGUNOS PROBLEMAS

Naturalmente, el cambio de circunstancias no quería decir que ahora los siervos de Dios no tendrían problemas. Las mismas condiciones a las que se encaraban las personas en general también les afectaban a ellos. Aún habría que esperar problemas de zonas conflictivas en las que se desarrollaban actividades antigubernamentales y un sinfín de delitos y amenazas de bombas.

Además de esas condiciones, nuestros hermanos tuvieron que enfrentarse a otros problemas que añadieron una prueba adicional a su fe. Las organizaciones políticas locales causaron muchos de estos problemas en su esfuerzo por obligar a los Testigos a participar en los asuntos políticos. Nuestro consecuente rechazo a toda implicación política causó mucho hostigamiento, pero también resultó en muchas oportunidades excelentes de dar un testimonio ante las autoridades locales, así como a grupos de personas.

El hermano Ben Mapuranga, superintendente de circuito, nos habló de Tauzen Brown, un hermano que fue llevado ante una muchedumbre de aproximadamente 400 personas para explicar el motivo de su negativa a hacerse miembro del partido político. Primero el hermano Brown tuvo que explicar por qué se negó a repetir un lema político. Después dio un excelente testimonio en defensa del reino de Dios y la neutralidad cristiana.

Cuando concluyó, el presidente dijo que se pusiesen de pie todos los testigos de Jehová que estaban presentes. Una vez de pie, les preguntó: “¿También están ustedes de acuerdo en no querer obtener tarjetas políticas?” “¡Sí! —dijeron todos con entusiasmo— estamos de acuerdo porque nosotros también somos ministros de Dios.” Ante esto, el público gritó que deberían darles una paliza, pero el presidente dijo: “No hay que golpearlos. Esas personas son inocentes. Dejémosles ir a sus casas. Han explicado su posición”.

LA POSTURA OFICIAL HACIA LOS TESTIGOS

Mientras que por todo el país los grupos políticos locales, especialmente los movimientos juveniles, habían tratado de obligar a nuestros hermanos a transigir en su neutralidad, la postura oficial del gobierno en este asunto ha sido muy animadora. La política general ha sido la de dejar que el pueblo de Jehová continúe su obra del Reino sin ser molestado.

A principios del año 1983 hubo una reunión política en una localidad a la que asistió un ministro del gabinete. Al finalizar su discurso, hubo una sesión de preguntas. Una de las preguntas tuvo que ver con los testigos de Jehová y su negativa a apoyar las actividades políticas. El ministro del gabinete preguntó a la muchedumbre: “¿Lucharon contra nosotros los testigos de Jehová durante nuestra batalla por la libertad?”.

“No.”

“¿Luchan contra nosotros ahora?”

De nuevo reconocieron: “No”.

“Entonces déjenlos en paz. No son nuestros enemigos.”

En otros lugares del país se han hecho preguntas similares dándose aproximadamente las mismas respuestas.

“¡DÉJENLOS IR Y SEGUIR!”

Una experiencia reciente, que envió el superintendente de distrito Caleb Mandiwanza, corrobora el punto de vista actual que tienen las autoridades gubernamentales para con la obra del Reino. Fue acerca de dos hermanos que viven en una zona rural y que fueron llevados ante los funcionarios del partido político local para que explicasen por qué se negaban a obtener tarjetas del partido. Como no se aceptó la explicación que dieron, los funcionarios del partido decidieron enviar a esos dos hermanos a la central del partido en una localidad mayor. Allí tuvieron otra oportunidad para explicar la razón bíblica de su postura.

De nuevo hubo confusión en cuanto a lo que debía hacerse. Así que los dos fueron llevados a la Comisaría de Policía. La policía sugirió que se llamase por teléfono a las oficinas del gobierno en Harare, lo cual se hizo. ¿Cual fue la respuesta?: “El gobierno conoce esa organización. Déjenlos. No los hagan volver de nuevo. Déjenlos ir y seguir con su predicación. No les molesten ni les llamen para que acudan a sus reuniones [políticas]”.

“PARA EL ADELANTAMIENTO DE LAS BUENAS NUEVAS”

Al escribir a la congregación de Filipos el apóstol Pablo dijo que las cosas que le habían ocurrido resultaron “para el adelantamiento de las buenas nuevas” (Fili. 1:12). Eso también es cierto actualmente. La experiencia que acaba de relatarse resultó en un excelente testimonio en la localidad donde vivían los dos hermanos, hasta el punto que una persona renunció oficialmente a su religión y solicitó estudiar la Biblia con los testigos de Jehová. La siguiente experiencia aún lo demuestra mejor.

El precursor especial Kenias Chemere tenía varios estudios con profesores y directores de escuela. Seis de ellos se dieron cuenta de que estaban aprendiendo la verdad y por ello renunciaron a ser miembros del partido político local. Esto provocó una gran conmoción. El concejal local tomó cartas en el asunto e incluso ordenó que todos los testigos de Jehová saliesen del territorio bajo su jurisdicción en un plazo de pocas semanas.

Siguiendo las sugerencias de la sucursal, el precursor especial junto con el superintendente de circuito Steyn Madakuchekwa, llevaron el caso al administrador del distrito. De allí fue llevado a la policía. El resultado fue que al concejal que ordenó a los Testigos que saliesen de la zona, se le advirtió que les dejase en paz y lo mismo se le dijo al presidente del partido político local, quien le dijo al hermano Chemere: “El asunto está zanjado. Ya hemos sido fuertemente advertidos”.

¿En que resultó todo? Con toda seguridad, “para el adelantamiento de las buenas nuevas”. Se han comenzado nuevos estudios bíblicos. Quienes ya mostraban interés en la verdad han sido motivados a adoptar una posición firme, y algunos incluso a prepararse para el bautismo. Aunque al precursor especial se le había asignado a otro lugar, el superintendente de circuito pidió que se le permitiese permanecer allí debido al repentino aumento de interés que surgió en el mensaje del Reino.

Otros dos precursores especiales jóvenes que tuvieron una experiencia similar escribieron recientemente acerca de los resultados que se produjeron en su asignación. Ellos dijeron: “Cierto hombre que estaba muy opuesto cuando la entera congregación adoptó una posición neutral, ahora está estudiando la Biblia con nosotros. Está progresando muy bien. Dejó de fumar en una semana, después de haber fumado durante 25 años. Cuando aprendió que su religión era parte de Babilonia la Grande, dejó de asociarse con ella”.

Podrían relatarse muchas experiencias similares que demuestran la ‘gran puerta de actividad’ que se nos ha abierto (1 Cor. 16:9). Le damos las gracias a Jehová por concedernos un campo tan productivo. Pero, como también dijo Pablo, “hay muchos opositores”. Eso es algo que podemos esperar. Sin embargo, debido a la acción oficial para evitar que nuestros hermanos sean intimidados, la situación es mucho más tranquila, y disfrutamos de más libertad en nuestra obra.

CELOSOS DE OBRAS EXCELENTES

Nuestros hermanos han aprovechado rápidamente las circunstancias actuales para adelantar los intereses del Reino. La publicación Mi libro de historias bíblicas ha disfrutado de enorme popularidad entre profesores y estudiantes. Un hermano, Sheva Mawasu, que es maestro de escuela, dice que “el director llegó a la conclusión de que el libro Historias Bíblicas encajaba bien con el programa de estudios sobre las Escrituras. Me complace decirles que actualmente está usando ese libro en su clase”.

Este mismo hermano aprovechó la situación y consiguió que se usasen las publicaciones Aprenda a leer y escribir en las clases de segundo grado, y Tu juventud, aprovechándola de la mejor manera con los estudiantes de grados superiores.

Otro hermano joven con mucha iniciativa halló la solución a un problema escolar. Dicho hermano se negó a cantar canciones políticas y a orar en grupo en la escuela. También se negó a participar en ciertos tipos de entretenimiento. Él nos cuenta lo que ocurrió:

“Cuando le informaron al director que no participaba en los himnos y las oraciones, me llamó a su despacho. Me preguntó por qué no participaba, y le expliqué mis motivos. Entonces le pregunté si quería que cantásemos nuestras canciones. Estuvo de acuerdo, y al poco tiempo los hijos de los testigos de Jehová y otros, así como el profesor, estaban cantando el cántico ‘Adora a Jehová en tu juventud’”.

Este hermano joven, Jerasi Nyakurita, hacía el precursorado auxiliar durante sus años escolares y actualmente es precursor regular.

SE SUSCITA EL INTERÉS

Toda esta actividad, además de los excelentes artículos de las revistas La Atalaya y ¡Despertad! así como las otras publicaciones, ha despertado mucho interés en el mensaje del Reino. Constantemente llegan a la sucursal cartas de aprecio. Por ejemplo, citamos de una carta que envió un joven estudiante de un instituto de segunda enseñanza:

“No puedo expresar el agradecimiento que siento por su bondad, me parece que Dios mismo me ha bendecido. Les agradezco que me enviasen a su mensajero leal y amoroso para ayudarme. Deseo animar a todos los testigos de Jehová a seguir haciendo esta obra, incluyendo la publicación de libros tan útiles como Escogiendo el mejor modo de vivir. No he hallado nada que pueda criticar de sus libros”.

Algunas personas interesadas hasta emplean las publicaciones para estudiar con otros en lugares donde actualmente no hay Testigos. Una de tales personas envió dinero para pagar el importe de cuatro suscripciones a La Atalaya y en su carta dijo: “Vivimos en una zona remota donde hemos comenzado a leer Nharire [La Atalaya en shona]. Pronto les pediremos que nos envíen a un conductor para ayudarnos. Somos aproximadamente siete familias, unas 12 personas”.

Ahora, aun las autoridades locales mismas dan la bienvenida a los Testigos. Recientemente, un precursor especial fue asignado a un territorio aislado. El hermano Chinamhora, que tiene algunas propiedades en ese lugar, fue a ver a las autoridades locales explicándoles que habría un precursor especial allí. El presidente del partido político local en ese pueblo le dijo al hermano Chinamhora: “Esa es una buena noticia. Traígalo aquí, y le diremos al partido que habrá un predicador yendo de casa en casa, y que no le causen problemas”.

El subjefe local comentó: “Eso es bueno. Es algo que llenará de amor este lugar y hará que descienda el índice de delincuencia en el país”. A quien sea precursor especial... ¿no le gustaría una asignación así?

LA SEQUÍA: UN PROBLEMA ACTUAL

Durante los pasados tres años ha surgido un problema de índole diferente. Al igual que otros países del hemisferio sur, Zimbabwe ha padecido de sequía. Ha resultado ser la peor registrada hasta la fecha. En muchos lugares el ganado muere como moscas. Los animales salvajes se comen la corteza de los árboles a fin de conseguir algo de humedad para sus cuerpos. Esta sequía, por supuesto, ha afectado mucho a la población, incluso a nuestros hermanos.

Hermanos bondadosos se han apresurado a ayudar a sus compañeros de creencia menos afortunados. Un modo de hacer frente a este problema es por medio de los circuitos. Los superintendentes de distrito consideran el asunto con los ancianos en las asambleas de circuito. Entonces se les encarga la responsabilidad de coger lo que los hermanos han donado y entregarlo donde más se necesite. Al hacerlo así se evita la posibilidad de que empleados de correos sin escrúpulos roben alimento y ropa donados. Se han enviado muchas cartas a la sucursal dando gracias por la ayuda.

Al concluir este informe lo hacemos con gran regocijo. Durante los pasados 24 años no pudimos superar nuestro máximo de 13.493 publicadores. Sin embargo, el mes de abril de 1984 alcanzamos un nuevo máximo de 13.621. Además, nuestra cifra máxima de precursores regulares y auxiliares era de 1.191, pero en abril fue de 2.114, ¡casi el doble del máximo anterior! La asistencia a la Conmemoración en 1984 superó los 38.000, la cual es tres veces mayor que la cantidad de publicadores y unos 4.000 más que el máximo de 33.914 que tuvimos en 1983. ¡En verdad, Jehová está dando el aumento!

JEHOVÁ NUESTRO AYUDANTE

El dicho, “cualquier tiempo pasado fue mejor”, no tiene lugar en el vocabulario del pueblo de Jehová que mira hacia adelante. Tenemos muchas bendiciones ante nosotros para que añoremos el pasado. Sin embargo, podemos reflexionar en el pasado de manera provechosa. Y a medida que lo hacemos, solo podemos llegar a una conclusión, la que expresó David en el Salmo 34:19: “Son muchas las calamidades del justo, pero de todas ellas Jehová lo libra”. ¡Cuán cierto ha sido esto en Zimbabwe!

Reflexionando en el pasado, cuando la obra del Reino en este país estaba en su infancia, pensamos en hermanos resueltos como Nason Mukaronda, Robin Manyochi, Wilson Stima, Willie McGregor, los McLuckie y otros. Todos ellos todavía siguen firmes a pesar de su edad avanzada. ¡Qué felices deben sentirse al contemplar cómo Jehová ha apoyado a Su pueblo a través de todas sus pruebas, y cómo los ha llevado a su condición actual de prosperidad espiritual!

Estamos agradecidos a las autoridades gubernamentales que han adoptado una actitud tan excelente para con nuestra obra. Oramos respecto a ellas “a fin de que sigamos llevando una vida tranquila y quieta con plena devoción piadosa y seriedad” (1 Tim. 2:2). Pero al mismo tiempo sabemos que es Jehová el que protege a Su pueblo y cuida amorosamente de él, a medida que lo dirige a su liberación final en el Nuevo Orden justo que ha preparado. Prescindiendo de lo que venga, Jehová resultará ser nuestra “plaza fuerte en el tiempo de angustia” como en todas las demás ocasiones, porque nos hemos refugiado en Él. (Sal. 37:39, 40.)

[Mapa de la página 173]

(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)

ZIMBABWE

Chinhoyi

Cataratas Victoria

Harare

Hwange

Mutare

Bulawayo

ZAMBIA

BOTSWANA

MOZAMBIQUE

Ulongue

Tete

Milange

Mocuba

Beira

MALAWI

Monte Mlamje

Blantyre

OCÉANO ÍNDICO

[Ilustración de la página 114]

En 1924 Hamilton K. Maseko (izquierda) comenzó a testificar en Bulawayo. Nason Mukaronda fue el primero que se bautizó en este país (1924)

[Ilustración de la página 117]

Wilson Stima (76 años) y Robin Manyochi (85 años) conocieron la verdad en la década de los años veinte. Ambos son precursores especiales

[Ilustración de la página 120]

Parte de la familia McLuckie, que se destacaron en los comienzos de la obra de predicación en Zimbabwe y Malawi

[Ilustración de la página 122]

Willie McGregor fue a Zimbabwe en 1929 y contribuyó en gran manera a establecer la obra del Reino en la zona de Bulawayo

[Ilustración de la página 127]

Eric Cooke (junto a su esposa, Myrtle) fue el primer superintendente de sucursal de Zimbabwe

[Ilustración de la página 129]

Asamblea en Zimbabwe durante la visita del hermano Henschel en 1955

[Ilustración de la página 130]

Bautismo en la asamblea de 1955

[Ilustración de la página 143]

John Miles (junto a su esposa, Val) sirvieron en la obra de distrito y en la oficina sucursal desde 1960 hasta 1979, fecha en que fueron asignados como misioneros en Lesotho

[Ilustración de la página 145]

Graduados de Galaad que sirven actualmente en Zimbabwe. De izquierda a derecha, en segundo término: George Bradley, Irene McBrine, Lester Davey, Keith Eaton, Don Morrison; en primer término: Ruby Bradley, John McBrine, Anne Eaton, Marj Morrison

[Ilustración de la página 146]

En su calidad de superintendente de circuito y distrito, el graduado de Galaad Sizulu Khumalo ha sido una gran ayuda para los hermanos africanos

[Ilustración de la página 151]

Después de servir en Malawi, Hal y Joyce Bentley fueron asignados a Zimbabwe

[Ilustración de la página 164]

Oficina sucursal de Zimbabwe, completada en 1973

[Ilustración de la página 195]

Jeremiah Chesa fue atado a un árbol y abandonado para que muriese

[Ilustración de la página 203]

Los superintendentes de circuito John Hunguka (que fue torturado con una máquina eléctrica) y Michael Chikara

[Ilustración de la página 212]

Cuando Jeremiah Mupondi se negó a gritar lemas tales como “¡Abajo Jesús!” le cortaron la oreja

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