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  • Jehová desafiado con escarnio por la hostilidad babilónica contra los testigos ungidos
    La Atalaya 1967 | 15 de febrero
    • manifestando las Escrituras, adhiriéndose a hechos y han raciocinado desde una posición de conocimiento cabal y exacto de las Escrituras, siempre defendiendo la verdad de la Biblia y la Divinidad Soberana de Jehová. Ahora se puede apreciar por qué muchos clérigos pretenden de manera benévola entender y citan de los argumentos de los adversarios de Job en vez de los que presentó Job mismo. Una autoridad dice: “Las palabras de sus amigos [de Job] . . . son más aceptables que muchas de las declaraciones más arrebatadas de Job.”g

      30 Ahora se ha demostrado claramente que los de modo de pensar babilónico solo pueden entender el sibboleth de la apostasía y, por lo tanto, tales sectarios jamás pueden apreciar los dichos shibboleth de la adoración verdadera de Jehová defendidos antiguamente por Job, luego por Jesucristo y sus apóstoles y ahora por los modernos testigos de Jehová. Aunque ha sido desafiado con escarnio por siglos por Satanás y sus agentes babilonizados, el Dios verdadero Jehová ha sido vindicado por sus siervos verdaderos en la Tierra. Jehová mismo ha mostrado cuál lado ha resultado estar en lo correcto. A los apóstatas sectarios modernos Jehová dice: “Mi cólera se ha puesto ardiente contra ti y tus dos compañeros, porque ustedes no han hablado concerniente a mi lo que es verídico como mi siervo Job.” (Job 42:7) Felices son los ungidos de Jehová hoy día que en su restauración semejante a la de Job desde 1919 continúan aguantando la hostilidad babilónica dirigida contra ellos al apoyar fielmente la Divinidad Soberana de Jehová como el Magnífico Rey de la Eternidad. “Ahora al Rey de la eternidad, incorruptible, invisible, el único Dios, sea honra y gloria para siempre jamás. Amén.”—1 Tim. 1:17.

  • Una familia se muda al África Occidental tropical
    La Atalaya 1967 | 15 de febrero
    • Una familia se muda al África Occidental tropical

      MIENTRAS el avión se movía lentamente por la pista en el aeropuerto Gatwick de Londres, y progresivamente aceleraba, mi esposa y yo nos preguntábamos en qué clase de aventura estábamos embarcando. ¡Dejábamos atrás a nuestros amigos y parientes y volábamos hacia el África Occidental tropical!

      ¿Qué nos había hecho tomar la decisión de mudarnos al África, especialmente teniendo en cuenta que tenemos dos hijitos? Puesto que había tenido cinco años de experiencia como maestro, mi esposa y yo decidimos que podíamos usar esto para mayor provecho en otra parte del mundo, donde fuera mayor la necesidad de predicadores de las buenas nuevas del Reino. Ambos gozábamos de buena salud, con dos hijos robustos, y tenía un empleo de maestro esperándome en África, que nos brindaba alojamiento adecuado y la seguridad de un contrato.

      Sabíamos que tendríamos que hacer muchos cambios en nuestra vida para enfrentarnos a la nueva situación, pero como el funcionario en Londres había dicho durante mi entrevista para este puesto, “se necesita un espíritu de misionero para aceptar un puesto de maestro en el África.” ¡Poco se imaginaba que ésta era la razón más importante que influyó en nosotros para tomar este paso! Nuestro deseo principal era de ayudar al pueblo africano a entender más acerca de Dios y de sus propósitos para la humanidad.

      Llegamos a Freetown, la capital de Sierra Leona, a mediados de la estación lluviosa. No tardamos mucho en enterarnos que llueve más aquí en un solo día que en varias semanas en Inglaterra. Sin embargo, uno pronto se acostumbra a ello, ¡y aquí por lo menos es una lluvia templada! La lluvia parecía hacer que todo creciera con profusión, abundando palmeras, naranjos, plátanos y árboles paw-paw. Nos impresionó la cantidad de verdor, en todos sus distintos matices, un contraste tan agradable al borde del desierto del Sáhara sobre el cual habíamos volado anteriormente.

      Había edificios modernos y elevados en Freetown, pero en nuestro viaje en un vehículo campero hacia el interior a nuestro nuevo hogar hallamos que casi todos los aldeanos vivían en casas con paredes de bajareque y

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