El cristianismo verdadero inspira altruismo
¿Cómo lo hizo en tiempos pasados? ¿Qué prueba hay de que lo hace hoy en día?
ERA una puertorriqueña joven, madre de dos hijitos, y su esposo era el barbero de la aldea. También era ella una persona devotamente religiosa, tanto así, de hecho, que se enfermó por preocuparse a causa de los tormentos del purgatorio y del infierno. Andaba apretando en el puño un crucifijo. Los doctores no podían hacer nada por ella; sus sacerdotes le dieron píldoras pero no ayudaron. ¿Qué le trajo alivio por fin a esta madre joven? El aprender que “Dios es amor,” que “el salario que el pecado paga es muerte,” y que el cristianismo verdadero hace que uno se interese en otros y no simplemente en uno mismo.—1 Juan 4:8; Rom. 6:23.
El que una persona devotamente religiosa se encuentre en tal estado de ánimo no sorprende en absoluto. Evidentemente todo el tenor de su enseñanza religiosa era preocuparse en ella misma, y tal preocupación fácilmente puede exagerarse, como se ve en el caso de los ascéticos y los místicos. En tiempos pasados, personas muy devotas se atormentaban literalmente, como lo hacía Martín Lutero cuando era monje y sacerdote, porque se preocupaban por la salvación de sus propias almas.
Sin embargo, esta manera concentrada en sí misma de considerar la religión a menudo da fruto de una clase muy diferente. Un caso a propósito es el de los sacerdotes que ofendieron a los nazis y fueron internados en el campo de concentración de Dachau durante la II Guerra Mundial. Habla de ellos Nerin E. Gun, en su libro The Day of the Americans (1966). Él mismo era y es católico devoto, que, aunque era corresponsal de un país neutral, fue encarcelado por los nazis y fue a dar a Dachau debido a sus despachos honrados procedentes de Berlín durante la pasada guerra mundial.
En su libro dice lo siguiente acerca de estos sacerdotes, que ciertamente deben haber tenido algunas convicciones fuertes o los nazis no los habrían encerrado en este campo: “Se hacía la misa en la capilla de la Sección 26, la sección de los sacerdotes. Solo se daba la entrada a esta capilla a unos cuantos privilegiados . . . Esta Sección 26 al principio había estado abierta a todos los sacerdotes católicos como una clase de concesión al Vaticano. Las condiciones allí eran mejores que en otras partes del campo y se recibían muchos paquetes del exterior.” Sin embargo, más tarde también se les prohibió entrar a esta capilla a todos los sacerdotes que no eran alemanes, así como les había estado prohibido a todos los otros internados del campo, fueran católicos romanos o no. “Un sacerdote bávaro hacía guardia fuera de la puerta, con una cachiporra en la mano, y ay de aquel que tratara de burlar su vigilancia” a fin de beneficiarse de los servicios religiosos que había adentro.
En seguida el Sr. Gun cita a un devoto miembro encumbrado del partido católico francés que también estuvo en este campo en Dachau: “Fuimos echados de la capilla, a veces con golpes por añadidura . . . Por supuesto, la Sección estaba llena de paquetes . . . ¿Qué no pudiera haber sucedido si todos los hambrientos de los campos de repente hubieran cedido a la piedad y así se hubieran puesto en contacto con los depósitos de alimentos que se guardaban en los roperos de los sacerdotes?”a Si esos sacerdotes hubieran tomado en serio sus creencias en cuanto a la realidad de los tormentos del purgatorio y del infierno, ¿habrían negado a los miembros “legos” de su fe los beneficios de su religión? Obviamente estaban más interesados en sus propias necesidades físicas que en las necesidades espirituales de sus compañeros católicos.
Sí, aunque parezca contradictorio, lo que le pasaba a aquella madre joven puertorriqueña también fue lo que pasó con estos sacerdotes alemanes en el campo de concentración de Dachau. ¿Y qué era eso? Tanto ella como ellos actuaban bajo el concepto erróneo de que el cristianismo es una proposición egoísta, de que uno puede ser buen cristiano y no obstante interesarse principalmente en sí mismo. Pero ése no es el caso. De hecho, una marca identificadora del cristianismo verdadero, que lo distingue de las imitaciones, es su capacidad para inspirar altruismo en sus devotos.
EL EJEMPLO DE LOS APÓSTOLES
Esto no quiere decir que el cristiano no debe interesarse en sus propias necesidades espirituales, en su propia salvación. En realidad tiene que hacerlo. Tiene impuesta la obligación de hacerlo; se le anima a hacerlo. (Mat. 5:3) Por eso leemos que para agradar a Dios no solo tenemos que “creer que él existe,” sino también “que viene a ser remunerador de los que le buscan encarecidamente.” (Heb. 11:6) Pero el cristianismo no se detiene aquí. Eso solo es el principio. La prueba de esto se ve en los mismísimos comienzos del cristianismo. ¿Por qué invitó Jesucristo a Pedro y Andrés, a Santiago y a Juan, a dejar su negocio de la pesca y a seguirlo? ¿Simplemente para que se salvaran? No, sino para que llegaran a ser pescadores de hombres, para que trajeran salvación a otros.—Mat. 4:19-22.
En particular consideremos al apóstol Pablo, de quien dicen más las Escrituras que de cualquier otro seguidor de Jesús. Siendo fariseo docto se le tenía en alta estima y tenía un futuro sumamente prometedor delante de él. Pero al hacerse cristiano les dio la espalda a todas las ventajas y perspectivas de que disfrutaba como fariseo y dedicó su vida a llevar el cristianismo a otros, altruistamente poniendo los intereses de ellos adelante de los de él, así como él nos dice: “Porque, aunque soy libre respecto de toda persona, me he hecho el esclavo de todos, para ganar el mayor número de personas. Y por eso a los judíos me hice como judío, para ganar a judíos . . . A los que están sin ley me hice como sin ley, . . . para ganar a los que están sin ley. A los débiles me hice débil, para ganar a los débiles. Me he hecho toda cosa a gente de toda clase, para que de todos modos salve a algunos. Mas hago todas las cosas por causa de las buenas nuevas, para hacerme partícipe de ellas con otros.”—1 Cor. 9:19-23.
¿Y qué estaba envuelto en esta acción de poner los intereses de otros antes de los suyos propios? Como él mismo nos dice: “De los judíos cinco veces recibí cuarenta azotes menos uno, tres veces fui golpeado con varas, una vez fui apedreado, tres veces experimenté naufragio, una noche y un día los he pasado en lo profundo; . . . en peligros por parte de salteadores, . . . en peligros en el desierto, . . . en hambre y sed, . . . en frío y desnudez,” etc. ¿Aguantó Pablo todo esto simplemente por su propia salvación? No, eso no requería hazañas tan heroicas. Lo hizo principalmente para honrar a su Hacedor y para traer salvación a otros. Es por eso que también escribió catorce de los veintisiete libros del llamado Nuevo Testamento. ¡No hay duda de que el apóstol Pablo llegó a estar plenamente saturado del espíritu de altruismo del cristianismo!—2 Cor. 11:22-33.
El hecho de que el altruismo realmente era una característica del cristianismo primitivo lo testifican historiadores seglares. Así, C. Brinton, J. Christopher y R. Wolff dicen en su libro, A History of Civilization: “El cristiano de ninguna manera estaba satisfecho con las perspectivas de su propia salvación. El aceptar la voluntad de Dios no era para él algo pasivo. Desde el principio era un misionero ardiente, ansioso de convertir a otros.” Estos autores también hablan del “altruismo, espontaneidad” del cristianismo, agregando: “En la vida cristiana verdadera todos los hombres son uno, y los grupos subsidiarios son una distracción... o peor, contribuyen al yo egoísta. Lo importante es que el individuo evite toda clase de triunfos personales sobre otros, todo éxito competitivo, todas las cosas que ponen de relieve y aguzan su ego . . . Allí está el ideal del altruismo. El cristianismo trata de domar las acciones más extravagantes del espíritu humano competitivo, trata de someter la calidad de hacerse sentir, la truculencia, el alarde, el orgullo y otras manifestaciones del hombre ‘natural.’” El cristiano “no solo había de someter su propio ego; debía abrir su corazón con bondad amorosa a todos sus semejantes.”b Bien puede preguntarse: ¿A qué grado han desplegado tal celo misional los agnósticos y los ateos? ¿Quién ha oído que han ido al corazón de África, o a cualquier otro país extranjero, para iluminar a los nativos supersticiosos como lo han hecho millares de misioneros cristianos?
JEHOVÁ DIOS Y JESUCRISTO ALTRUISTAS
No puede ser de otra manera. ¿Por qué no? Porque la Biblia nos muestra que Jehová Dios y Jesucristo son las personificaciones del altruismo. Jehová Dios, el Existente por sí mismo, que nunca tuvo principio, siempre ha sido dueño de sí mismo. No necesitaba crear. El haberlo hecho fue enteramente motivado por amor, por altruismo. Además, mostró gran altruismo al permitir que la primera pareja humana continuara viviendo después de merecer la muerte en virtud de su rebelión; y especialmente expresó amor Jehová Dios al enviar a su amado y unigénito Hijo a la Tierra para que muriera por nuestros pecados. Como escribió el amoroso apóstol Juan: “Dios es amor. En esto el amor de Dios fue manifestado en nuestro caso, porque Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que nosotros consiguiésemos la vida por medio de él. El amor consiste en esto, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio propiciatorio por nuestros pecados.”—1 Juan 4:8-10.
‘De tal padre, tal hijo,’ se puede decir ya que Jesucristo imita a su Padre celestial en ser altruista. Por lo tanto él bien pudo decir: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre,” porque Jesús actuó de la manera que su Padre hubiera actuado dado las mismas circunstancias. Jesús tuvo una gloriosa existencia prehumana en los cielos antes de venir a la Tierra, existiendo en forma de Dios. Él dejó todo esto y vino a la Tierra, no por su propia salvación, no para ser servido, sino para servir “y para dar su alma [vida] en rescate en cambio por muchos.”—Juan 14:9; Mat. 20:28; Fili. 2:5-8.
Sí, como también notó el apóstol Pablo: “Ustedes conocen la bondad inmerecida de nuestro Señor Jesucristo, que aunque era rico se hizo pobre por causa de ustedes, para que ustedes se hicieran ricos por medio de la pobreza de él.” Jesús dijo que no tenía lugar donde recostar su cabeza, ningún lugar que pudiera llamar suyo propio, no obstante, ¡cuán rico pudo haber sido si hubiera querido lucrarse como lo hacen tantos que dicen ser sanadores hoy día!—2 Cor. 8:9; Luc. 9:58.
¿QUÉ HAY DE HOY EN DÍA?
Sí, ¿qué hay de hoy en día? ¿Inspira el cristianismo verdadero altruismo en nuestros tiempos, en este último tercio del siglo veinte, como lo hizo hace diecinueve siglos? Sí. ¿Entre quiénes? Entre los testigos cristianos de Jehová. Tienen una organización que sigue el modelo de la que tuvieron los cristianos primitivos en la cual no hay distinción de clero y legos, antes bien en la cual todo cristiano es ministro de las buenas nuevas. El énfasis de su entrenamiento se pone en dar, no en recibir, en dar de su tiempo para servir a Jehová y otros, en dar de su energía y de sus medios. Muchos de éstos emprenden el ministerio del campo de tiempo cabal aunque saben que eso en sí no se requiere de todos a fin de obtener la salvación, la vida eterna.
En sus congregaciones locales hay “siervos” que llevan la delantera. Estos tienen deberes específicos que llevar a cabo al ministrar a las necesidades espirituales de la congregación que consumen mucho tiempo y energía y que representan cargas importantes de responsabilidad. ¿Reciben alguna remuneración financiera u honoraria? No, tal como no la recibieron los cristianos primitivos. Todos sirven a su Dios y a sus hermanos por amor, altruistamente, sabiendo que ‘hay más felicidad en dar que en recibir.’—Hech. 20:35.
Sirve para ilustrar este principio el siguiente suceso verdadero. Un joven judío de Brooklyn aceptó una vez una invitación para asistir a cierta reunión en el Salón del Reino local, en la cual los Testigos recibieron instrucciones para el ministerio del campo. Entre otras cosas se consideró el informe de la actividad ministerial del mes anterior y las metas de servicio hacia las cuales se estaban esforzando.
Después el joven le preguntó a su amigo Testigo: “¿Cumpliste con las metas durante el mes pasado?” Su amigo Testigo le aseguró que sí. Luego el joven preguntó: “¿Qué recibes cuando cumples con las metas?” Se le dijo que no había ningún otro galardón que la satisfacción de haber servido bien a Jehová. Luego preguntó: “¿Qué sucede si no cumples con las metas? ¿Cuáles son los castigos?” Se le dijo: “Nadie es castigado por no cumplir con las metas.” Todo le pareció increíble a este joven judío, que siempre había medido el móvil con consideraciones materiales.
Da testimonio elocuente del poder del cristianismo verdadero para inspirar altruismo el Anuario de los testigos de Jehová, que, además de alistar las actividades de los Testigos en todo lugar, cerca de 200 países ahora, en que están activos, también dedica centenares de páginas a interesantes experiencias del campo. La más reciente edición muestra que durante el año anterior, 1.058.675 proclamadores cristianos de las “buenas nuevas” predicaron mensualmente, dedicando un total de más de 170 millones de horas durante el año, haciendo más de 60 millones de revisitas a las personas interesadas y conduciendo mensualmente más de 800.000 estudios bíblicos en los hogares de la gente.
Y todo esto es exactamente como debería ser. Puesto que Dios es amor, la mismísima personificación del altruismo, la adoración verdadera de él tiene que inspirar altruismo. Su Hijo vino a la Tierra para ponernos un ejemplo perfecto, y en la Palabra de Dios encontramos muchos otros ejemplos excelentes. Es por medio de producir tal fruto que los cristianos glorifican a su Dios Jehová y prueban que de veras son discípulos de Jesucristo.—Juan 15:8.
“Si he impedido a los pobres el logro de su deseo, o he hecho desfallecer los ojos de la viuda; o si yo he comido solo mi bocado, y no ha comido de él el huérfano también; ... si he visto a alguno que iba a perecer por falta de vestido, o al necesitado falto de cobertura, ... si he alzado contra el huérfano mi mano, porque ví mi ascendiente en el tribunal; ¡despréndase mi hombro de la espaldilla!”—Job 31:16-22, Mod.
[Notas]
a Sin embargo, el hecho de que es posible adherirse firmemente a los principios cristianos elevados a pesar de las condiciones de los campos de concentración lo muestra el autor Gun por sus elevadas palabras de alabanza referentes a los testigos de Jehová encarcelados en ese campo.
b En prueba de lo cual vea lo siguiente: 1 Corintios 10:33; 13:4-8; Gálatas 5:26; Filipenses 2:3, 4.