Cómo Dios nos habla hoy
¿Cómo nos ayuda Dios a enfrentarnos a los problemas del modo de vivir del día moderno? ¿Está hablando hoy por medio de humanos?
LA CONFUSIÓN, contienda y desafuero que caracterizan a nuestro día hacen que algunas personas concluyan que a Dios ya no le importa lo que le suceda a la humanidad. ‘Si le importa, ¿por qué no habla claro? ¿Por qué no nos ayuda a resolver los problemas a los que nos enfrentamos?’ preguntan.
Realmente, el problema no es que Dios no habla claro sino que la gente en general está confusa en cuanto a cómo Dios nos habla hoy. Esto es evidente aun en el esfuerzo de uno de los clérigos de los Estados Unidos, Enrique Emerson Fosdick, por explicar el asunto. Recientemente dijo: “La palabra de Dios no le viene al hombre por medio de escritura mágica en la pared, ni deletreada en tablas de piedra, sino del consejo interior del corazón.” Pero, ¿es realmente ésta la respuesta?
Si la palabra de Dios proviene del consejo interior del corazón, bien se puede preguntar: ¿Del consejo del corazón de quién? ¿Del corazón del ateo, del agnóstico, del comunista, del hindú, del budista, del musulmán, o de los corazones de los que se adhieren a cualquiera de los centenares de sectas contradictorias de la cristiandad? ¿No es por la mismísima razón de que los hombres siguen el consejo interior de su corazón que el mundo se encuentra en estado tan lamentable hoy en día? Además, ¿cómo podría un Dios sabio, justo y amoroso hablar tantas cosas contradictorias?
El hecho es que la Biblia nos advierte contra el corazón humano caído e imperfecto: “El corazón es más traicionero que cualquier otra cosa y es desesperado. ¿Quién puede conocerlo?” (Jer. 17:9) Es por eso que la Palabra de Dios nos aconseja: “Confía en Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propio entendimiento. En todos tus caminos tómalo en cuenta, y él mismo hará derechas tus sendas.” (Pro. 3:5, 6) Pero, ¿cómo pueden los humanos ‘tomar en cuenta’ a Dios? ¿Habla Dios a los hombres hoy día?
¿CÓMO HABLÓ DIOS EN TIEMPOS PASADOS?
Será esclarecedor para nosotros examinar primero cómo Jehová Dios habló a hombres de tiempos primitivos. Una de las maneras en que Dios le habló a la humanidad fue por medio de ángeles. Esto es evidente del registro bíblico, como en el relato de Abrahán, pues Génesis 22:11 dice claramente que “el ángel de Jehová se puso a llamarlo desde el cielo.” También, a la Ley mosaica dada a Israel se le llama “la palabra hablada por medio de ángeles.” (Heb. 2:2) El vocero angelical más prominente que ha usado Dios fue aquel que se identificó más tarde en la Biblia como “la Palabra,” o el vocero representante de Dios, Jesucristo en su existencia prehumana.—Juan 1:1, 14.
Dios también habló en tiempos antiguos por medio de sus profetas. Tocante a esto uno de los apóstoles de Jesucristo dijo: “Habló Dios por boca de sus santos profetas de tiempo antiguo.” (Hech. 3:21) Y la Biblia, en Hebreos 1:1, dice: “Dios . . . habló en muchas ocasiones y de diversas maneras a nuestros antepasados por medio de los profetas.” Mucho de lo que Dios habló por medio de esos profetas se ha conservado para nosotros en la Santa Biblia.
La manera más importante en la que Dios le ha hablado a la humanidad es por medio de su propio Hijo, enviándolo a la Tierra como hombre para hablar las palabras que Dios le había dado. El relato inspirado de Hebreos 1:1, 2, después de declarar que Dios habló en tiempos pasados por los profetas, explica que Dios “al fin de estos días nos ha hablado a nosotros por medio de un Hijo.” Este Hijo cuando estuvo en la Tierra reconoció que las palabras que hablaba no eran de su propia originalidad: “Lo que yo enseño no es mío, sino que pertenece al que me envió. Si alguien desea hacer la voluntad de Él, conocerá respecto a la enseñanza si es de Dios o si hablo de parte de mí mismo.” Los seguidores de Jesús sabían bien que él habló las palabras de Dios, palabras de verdad divina. De hecho, en una ocasión Jesús se describió como “un hombre que les ha dicho la verdad que oí de parte de Dios.”—Juan 7:16, 17; 8:40.
De modo que Dios habló en tiempos pasados, no solo por medio de ángeles y profetas, sino, lo que es más importante, por medio de su propio Hijo. (Heb. 2:1-3) Ahora bien, habiendo hecho esto, ¿dejó de hablar Dios a los hombres? No, por cierto.
Ahora Dios le habló a la humanidad por medio de su organización de seguidores de su Hijo resucitado. Por ejemplo, cuando cierto oficial etíope leía la profecía de Isaías y no podía entenderla, Dios envió a un representante de su organización, Felipe, para ayudar a este buscador de la verdad a entender lo que leía. (Hech. 8:26-40) También hay el caso de Saulo de Tarso. La palabra de Dios le vino de manera milagrosa, Jesucristo apareciéndosele. No obstante, a pesar de recibir sobrenaturalmente así la palabra de Dios, Saulo necesitó ayuda de la organización visible de Dios. El Señor envió el discípulo Ananías, a Saulo; éste le enseñó a Saulo la verdad en cuanto a Jesús. A instancias de Ananías Saulo fue bautizado inmediatamente, y llegó a ser el apóstol Pablo. (Hech. 9:1-19; 22:16) Este mismísimo apóstol escribió más tarde estas palabras, mostrando que Dios le habla a la humanidad por medio de humanos que pertenecen a Su organización: “Cuando ustedes recibieron la palabra de Dios, que oyeron de parte de nosotros, la aceptaron, no como palabra de hombres, sino, como lo que verdaderamente es, como palabra de Dios.”—1 Tes. 2:13.
DIOS HABLA POR MEDIO DE SU PALABRA, LA BIBLIA
Lo que Dios habló por medio de los profetas y por medio de su Hijo Él ha hecho que se registre. Como resultado, toda la Escritura, desde Génesis hasta Revelación, es inspirada de Dios, así como testificó el apóstol Pedro: “Ninguna profecía de la Escritura proviene de interpretación privada alguna. Porque la profecía no fue traída en ningún tiempo por la voluntad del hombre, sino que hombres hablaron de parte de Dios al ser llevados por espíritu santo.” (2 Ped. 1:20, 21) Por eso cuando oímos la lectura de la Biblia, estamos oyendo las palabras de Dios.
Lo que Dios había registrado no fue simplemente para personas de generaciones que han pasado. No, fue escrito para nuestra amonestación, como escribió el apóstol Pablo: “Todas las cosas que fueron escritas en tiempo pasado fueron escritas para nuestra instrucción, para que. . . tengamos esperanza.” (Rom. 15:4) Lo que dice la Biblia trasciende por mucho los días en los cuales se registró. Habla de días futuros; de hecho, describe detalladamente los tiempos en que vivimos. (2 Tim. 3:1-5; Luc. 21:10, 11, 25, 26) Muestra el derrotero que debemos seguir ahora. Sí, por medio de ella Dios nos está hablando hoy.
La Palabra de Dios no es anticuada en este mundo científico moderno. Los hechos manifiestan que es sólida. Concerniente a esto, Earl Chester Rex, matemático y autor del libro de texto Vector Analysis, dice: “Como científico encuentro que las sagradas Escrituras confirman mis conclusiones en cuanto a Dios y el universo. Sucede que yo creo en esas Escrituras. Creo en todo lo que dicen acerca del origen y la dirección de este universo. . . . [Los críticos] muy a menudo han sido atrapados en errores para que aceptemos sus aseveraciones petulantes.”a Así como la Biblia es científicamente exacta y contiene historia confiable, como han confirmado los arqueólogos, también contiene los principios perfectos de Dios para guiarnos durante estos tiempos difíciles de manejar.
ENFRENTÁNDOSE A LOS PROBLEMAS DE LA VIDA DEL DÍA MODERNO
Dios no nos ha dejado al garete en estos tiempos modernos; lo que nos ha hablado es aun más provechoso en estos días críticos e inicuos que nunca antes. Pues, el consejo que se da en el libro de Proverbios de que no debemos asociarnos con los inicuos, con la gente de genio acalorado o con los chismosos sino, más bien, asociarnos con personas que aman la sabiduría divina, jamás podría estar más al día. “El libro de Proverbios,” dijo en una ocasión el pedagogo norteamericano Guillermo Lyon Phelps, “está más al día que el periódico de esta mañana.”b—Pro. 1:10-19; 4:14-19; 13:20; 20:19; 22:24, 25.
Sí, Dios, por medio de su Palabra, nos habla hoy en día palabras de sabiduría para ayudarnos a enfrentarnos a los problemas del día moderno. En esta era materialista, ¿somos tentados por el amor al dinero? Dios habla para advertirnos en contra de ello: “Los que están determinados a ser ricos caen en tentación y en un lazo y en muchos deseos insensatos y dañinos, que precipitan a los hombres en destrucción y ruina. Porque el amor al dinero es raíz de toda suerte de cosas perjudiciales.” (1 Tim. 6:9, 10) ¡Sí, qué infelicidad, qué frustraciones se acarrea la gente y qué crímenes se han cometido, todo a causa del amor al dinero, a posesiones materiales! ¡Cuán sabia es esta advertencia que Dios nos habla hoy!
¿Estamos interesados en conservar un matrimonio feliz? La naturaleza humana no es diferente hoy de lo que fue hace 1.900 años. El consejo de Dios para los esposos y las esposas que hizo él que se registrara en aquel entonces nos aplica hoy día como cuando se escribió por primera vez, y por eso Dios también nos habla hoy tocante a estas cosas: “Que las esposas estén en sujeción a sus esposos como al Señor . . . como la congregación está en sujeción al Cristo, que así también las esposas lo estén a sus esposos en todo. Esposos, continúen amando a sus esposas . . . los esposos deben estar amando a sus esposas como a sus propios cuerpos.” Ciertamente este consejo indica las causas principales de las dificultades maritales: las esposas no están en sujeción; los esposos no aman a sus esposas como a ellos mismos.—Efe. 5:22-28.
Además, Dios da consejo sabio sobre las relaciones entre el individuo y las autoridades gobernantes, entre los patrones y los empleados, y entre los cristianos y sus ministros que presiden. Todo esto encaja en nuestras circunstancias hoy en día.—Rom. 13:1-4; Col. 3:22–4:1; Heb. 13:7, 17.
Y Dios nos habla, no solo tocante a los problemas individuales del día moderno, sino también en cuanto a los problemas mundiales presentes. Su Palabra muestra la única solución para los problemas abrumadores a los que se enfrenta la humanidad... el reino de Dios. Explica cómo ese reino celestial los resolverá e introducirá paz eterna y hará posible la vida eterna en el justo nuevo orden de Dios. Y, ¿cuándo dice Dios que habrá de tener lugar esto? En esta generación. En verdad, Dios nos habla hoy por medio de la Biblia.—Dan. 2:44; Isa. 9:7; 1 Cor. 15:24, 26; Rev. 21:2-4; Mat. 24:32-34.
DIOS HABLA POR MEDIO DE SU ORGANIZACIÓN HOY
Por supuesto, no todos escuchan a Dios por medio de leer la Biblia. Pero esto no amordaza a Dios. No, porque él envía a sus testigos cristianos a los hogares de la gente, para hablarle acerca de su reino, así como Jesucristo predijo para nuestro día: “Estas buenas nuevas del reino se predicarán en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones.” (Mat. 24:14) Esto se está haciendo en 199 países y grupos de islas principales. Lo que le están diciendo a la gente es lo que Dios dice en su Palabra; él es quien habla.
Por esto, también, Dios usa a hombres para hablar a los que están dentro de la congregación de creyentes. Por ejemplo, cuando los superintendentes de la congregación cristiana aconsejan a sus compañeros creyentes, ¿quién está hablando en realidad? Bueno, ¿quién los designó como superintendentes? La Palabra de Dios es la que manifiesta las aptitudes. Si están sirviendo debido a que llenan esas aptitudes, son designados por Dios. Cuando dan consejo según las Escrituras, es Dios quien está hablando por medio de ellos.—1 Tim. 3:1-7.
Sin embargo, Dios no está hablando por medio de todo el que toma la Biblia y usa el nombre de su Hijo. Tal como hubo profetas en tiempos antiguos de quienes Dios dijo: “No los he enviado, ni les he ordenado ni les he hablado,” así sucede en nuestro tiempo. Jesucristo dijo concerniente al tiempo de ajustar cuentas que ‘No todo el que me dice: “Señor, Señor,” recibirá aprobación.’ Él explicó: “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre . . . ?’ Y sin embargo, entonces les confesaré: ¡Nunca los conocí! Apártense de mí, obreros del desafuero.” (Jer. 14:14; Mat. 7:21-23) Entonces, ¿cómo puede uno identificar a los de la organización por la cual Dios le está hablando a la humanidad hoy en día?
Uno tiene que examinar las pretensiones de ellos a la luz de la Palabra escrita de Dios. ¿Se adhieren a la Palabra de Dios la Biblia y enseñan fielmente lo que ésta dice? ¿Viven de acuerdo con ella? ¿Es verdad acerca de ellos, como Jesús dijo, que “no son parte del mundo,” evitando completamente el implicarse en su contienda social y política? ¿Producen los frutos del espíritu de Dios en su vida? ¿Se les conoce por su unidad, por creer y enseñar igualmente dondequiera que estén, de modo que el mensaje de Dios por medio de ellos sea el mismo para la gente en todos lugares? ¿Se les puede identificar prestamente como distintos de todos los demás porque se aman unos a otros como Jesús dijo que sería verdad de aquellos que en realidad estarían en unión con él y con Dios su Padre? —Juan 17:16, 20, 21; 13:35; Gál. 5:22, 23; 1 Cor. 1:10.
Hoy hay tales personas por medio de quienes Dios está hablando. Por medio de ellas usted recibió esta revista. Pruebe para usted mismo si reúnen los requisitos bíblicos supracitados; asóciese con ellos en el Salón del Reino más cercano a usted. No le dé largas al asunto. Su vida depende de averiguar quiénes hoy son verdaderamente los siervos de Dios que hablan su Palabra y de llegar a ser uno de ellos.
[Notas]
a En The Evidence of God in an Expanding Universe por J. C. Monsma.
b Treasury of the Christian Faith, 1949, publicado por Stuber y Clark, pág. 48.