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  • El consejo sabio protege del delito
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¡Despertad! 1980
g80 8/3 págs. 7-12

El consejo sabio protege del delito

MUCHÍSIMAS personas han escrito libros y artículos que ofrecen consejo sobre la mejor manera de enfrentarse al delito. Muchas de sus sugerencias prácticas son de verdadero valor, aunque actualmente no hay ninguna manera de asegurar seguridad o protección total. Pero esto no significa que no podemos hacer nada. Podemos, y en vista de la creciente ola de crímenes y violencia, debemos hacer algo.

Para conseguir algunas sugerencias muy prácticas, dirijámonos a un hombre que fue bendecido por Dios con “sabiduría y entendimiento en medida sumamente grande,” sí, una sabiduría que lo hizo “más sabio que todo otro hombre” de su época e hizo posible que ‘hablara tres mil proverbios.’ (1 Rey. 4:29, 31, 32) Quizás usted reconozca que este hombre fue el rey Salomón.

En cierta ocasión, con acierto el famoso autor español Cervantes dijo que los proverbios eran oraciones cortas sacadas de experiencia larga. Nadie ha tenido más larga experiencia con el hombre y sus problemas que el Creador mismo del hombre, quien dotó a Salomón de la sabiduría que necesitaba para componer las oraciones cortas que encontramos en los libros bíblicos de Proverbios y Eclesiastés. El consejo de Salomón, puesto que proviene de Dios, es el mejor que tenemos disponible. Veamos cómo podemos aplicarlo para nuestra propia protección.

PREVEA LAS DIFICULTADES

“Sagaz es el que ha visto la calamidad y procede a ocultarse, pero los inexpertos han pasado adelante y tienen que sufrir la pena.”—Pro. 22:3.

El principio fundamental aquí es que uno debe prever los peligros posibles y ocultarse antes de que la calamidad azote. En otras palabras, tomar medidas preventivas. Esta es la más excelente clase de protección. ¿Ejemplos? Hay muchos.

Mantenga cerradas con llave las puertas y ventanas cuando no esté en casa. En algunos sectores hasta puede ser sabio mantenerlas cerradas con llave siempre. Si usted vive en una casa que tiene garaje, no descuide la puerta que comunica el garaje con la parte principal de la casa. Se ha sabido de esposos que, al salir tarde para el trabajo, han dejado abierta la puerta del garaje, lo cual ha permitido a los extraños fácil acceso a la casa por el garaje.

Lo que aplica a su casa también aplica a su automóvil. Manténgalo cerrado con llave. En algunos países es ilegal dejar desatendido un automóvil sin haberlo cerrado con llave, y con toda razón. Aun mientras usted esté conduciendo el automóvil, puede que sea sabio mantener las puertas cerradas con llave; de otro modo, personas indeseables pudieran introducirse en su automóvil mientras usted estuviera esperando frente a un semáforo. Si precisa dejar su automóvil estacionado en la calle de noche, trate de escoger un sitio que este tan iluminado como sea posible.

A los ladrones les gusta trabajar sin que se les moleste, y no les gusta que se les note, por lo cual generalmente visitan cuando usted no está en casa. Puede que baste una alarma anti-robo de sonido fuerte (en la casa o en el automóvil) o un perro que ladre para convencerlos de que las condiciones de trabajo son desfavorables. Si usted va a estar fuera por largo tiempo, no anuncie su ausencia por medio de dejar que se apilen los periódicos o el correo enfrente de su casa o en el buzón. Pida a otras personas que se los guarden hasta que regrese, o haga arreglos para que un amigo los recoja con regularidad.

El dejar encendida una luz en la casa hace que parezca que hay alguien en casa. Por supuesto, el dejarla encendida día y noche por varios días le sería tan revelador a un alerta ladrón en perspectiva como el que no hubiera luz alguna. En los casos de ausencia prolongada, pudiera ser una inversión sabia comprar un dispositivo que apagara y encendiera automáticamente las luces, o hasta el televisor o radio, a horas predeterminadas.

Guarde sus cosas valiosas en un lugar seguro, en un lugar donde al ladrón quizás no se le ocurriría buscar. Mejor aún, guárdelas en varios lugares, de modo que si éste logra llevarse algunas, no se las lleve todas. Vale la pena prever las dificultades.

EVITE CONFIAR DEMASIADO

“Cualquiera que es inexperto pone fe en toda palabra, pero el sagaz considera sus pasos.”—Pro. 14:15.

Sería maravilloso que pudiéramos confiar en toda persona con quien nos encontramos, y esto todavía es posible en algunas partes del mundo. Pero en otros lugares, incluso muchas ciudades grandes, la iniquidad abunda y tenemos que ser realistas. En este asunto puede ser sabio estar alerta contra personas y situaciones dudosas.

Por ejemplo, sería imprudente invitar a extraños a entrar en la casa, aun cuando parezca que tienen razones legítimas para visitar, a menos que puedan presentar una identificación apropiada. De hecho, puesto que hasta abrir la puerta puede ser peligroso en algunos lugares, puede que usted desee equipar la puerta con una mirilla o una cadena si vive en algún lugar donde la situación lo exige.

Nunca deje la llave de la puerta bajo el felpudo ni en otro escondite generalmente bien conocido. Usted quizás confíe en la persona para quien la deja, pero, ¿puede confiar en la que quizás la encuentre? Tampoco es prudente juntar a su llavero una etiqueta con su nombre y dirección, atribuyendo así honradez a la persona que lo encuentre en caso de que se pierda.

La precaución es el camino de la sabiduría cuando se le acerca una persona en la calle, especialmente de noche. Quizás las intenciones de ésta parezcan rectas, pero pudiera ser un engaño a fin de acercarse lo suficiente como para hacerle alguna clase de daño. Es mejor ser cauteloso que llegar a ser víctima de un asaltante. También puede ser una protección no salir solo, hasta donde esto sea posible. Hay menos probabilidad de que se ataque a dos personas. Eclesiastés 4:12 dice: “Si alguien pudiese sobreponerse a uno solo, dos juntos pudieran mantenerse firmes contra él.”

Vigile su apariencia cuando esté en lugares públicos. La manera en que se viste es importante. Pudiera incitar a otros a acciones que usted no apreciaría.

También, ejerza precaución cuando esté en lugares donde haya público reunido. Es imprudente dejar objetos valiosos en su asiento mientras va al baño o a buscar algún refrigerio. Solo se requiere un intruso deshonesto en medio de una muchedumbre honrada para que usted se arrepienta de su descuido.

Evite el tratar de “parecer rico.” El hombre que ostenta su dinero y la mujer cargada de joyas están buscándose problemas. Un artículo reciente de la revista Time hizo notar que “mayormente debido a la epidemia de secuestros y otras formas de violencia dirigidas contra los acaudalados en Italia, la extravagancia —y la ostentación— del estilo de vida adinerado casi ha desaparecido.” Una persona adinerada dijo, según se le citó: “Ahora en Italia lo que uno quiere hacer es sentirse rico y parecer pobre.”

SELECCIONE SUS ASOCIACIONES CON CUIDADO

“Un hombre de violencia seduce a su prójimo, y ciertamente lo hace ir por un camino que no es bueno.”—Pro. 16:29.

La violencia es como una enfermedad contagiosa; se pega. Si uno no ejerce cuidado, hasta discusiones inocentes con compañeros de trabajo, amigos o parientes pueden rápidamente desembocar en violencia. Por ejemplo, se afirma que más de la cuarta parte de los asesinatos que ocurren en los Estados Unidos son asuntos de familia, a menudo provocados por disputas domésticas. El peligro de violencia se multiplica cuando se asiste a una fiesta donde se consumen bebidas alcohólicas en demasía, o cuando se participa en movimientos de protesta o marchas en los cuales se intensifican las emociones. Entonces, ¡qué sabio es evitar a las personas dadas a la violencia y las situaciones que tienden a fomentarla!

Usted debe preocuparse por su propia conducta, pero no preocuparse en demasía por la mala conducta de otros. El mejor proceder, siempre y cuando la vida no esté en peligro, es el de controlarse uno mismo y no decir nada si observa a alguien actuando descortés e impropiamente en un lugar público. Proverbios 26:17 declara: “Como quien agarra por las orejas a un perro es cualquiera que al pasar está enfureciéndose por la riña que no es suya.” Usted podría fácilmente incitar a otros a cometer violencia por hacer comentarios impropios acerca de ellos o aun por una mirada rencorosa.

¿Qué debería hacer alguien si, inadvertidamente, se ve envuelto en una riña que no ha provocado?

RETÍRESE, SI PUEDE

“Antes que haya estallado la riña, retírate.”—Pro. 17:14.

No eche leña al fuego por medio de disputar. Proverbios 26:20 nos dice: “Donde no hay leña se apaga el fuego.” Una disputa puede solamente durar mientras usted opte por quedarse en el campo de batalla. El evitar la violencia por medio de retirarse no es prueba de cobardía, sino de ser sabio. Los ejemplos de Jesucristo y el apóstol Pablo prueban esto.—Vea Luc. 4:28-30; Hech. 9:23-25; 14:5, 6.

Pero, ¿que hay si su adversario le impide físicamente huir? Entonces, háblele con calma. Recuerde, “una respuesta, cuando es apacible, aparta la furia.” (Pro. 15:1) Esto requiere dominio de uno mismo, pero, a la larga, puede ser recompensador. Se ha sabido de mujeres que disuadieron a sus asaltantes de ultrajarlas cuando, manteniendo su serenidad, explicaron a aquellos hombres la posición bíblica de ellas en cuanto a la moralidad.

Por supuesto, a veces quizás sea imposible huir, y puede que las palabras calmantes caigan en oídos sordos. Entonces, ¿qué puede hacerse? Eso depende de lo que busque la otra persona. ¿Quiere obtener la propiedad suya, su dinero? Si es eso lo que quiere, déselo. Las cosas materiales se pueden reemplazar, pero no la salud ni la vida.

Nunca ponga estas cosas en peligro por simples cosas materiales. Según Proverbios 3:14, el tener la sabiduría y discernimiento apropiado que representa el poder reconocer la relativamente poca importancia que tienen las cosas materiales en comparación con la vida misma es “mejor que tener la plata como ganancia.”

Sin embargo, la situación es diferente si su asaltante quiere privarle de su castidad o su vida, y usted tiene apoyo bíblico para defenderse con cualesquier medios a su disposición. Un artículo de un periódico del norte de Alemania recientemente explicó cómo se pudiera hacer esto. Dio a las mujeres o jovencitas el consejo de “no perder la serenidad,” de “ofrecer resistencia” si tal cosa era posible, y “a la misma vez gritar por ayuda,” al encararse a los perpetradores de delincuencia sexual. (Compare con Deuteronomio 22:23, 24.) A las que no pudieran ofrecer resistencia física se les dijo que usaran de astucia contra el malhechor o que “desviaran su atención por medio de orar en voz alta.” Esto es consejo sabio, porque es bíblico. También lleva a otra sugerencia dada por el sabio gobernante.

CONFÍE EN JEHOVÁ

“No digas: ‘¡Ciertamente pagaré de vuelta el mal!’ Espera en Jehová, y él te salvará.”—Pro. 20:22.

No debe entenderse que estas palabras hagan imposible la defensa propia; más bien, nos muestran que es necesario que despleguemos discernimiento y equilibrio en cuanto a ejercerla.

Básicamente hay dos clases de delitos: los que se dirigen contra la propiedad de uno, tales como el robo o la extorsión, y los que se dirigen contra la persona de uno, tales como el asalto, la violación o el asesinato. Puesto que la vida es infinitamente más valiosa que la propiedad, correctamente tendríamos derecho a más amplia latitud de acción al resguardarnos de los delitos que atentan contra nuestra persona que en cuanto a resguardarnos de los delitos que se cometen contra nuestra propiedad.

En Francia “se ve más tendencia a confiar en la defensa propia que en la protección policíaca.” Así informó recientemente un diario alemán. El artículo de ese diario informó que un grupo que practica la defensa propia ha aconsejado a sus miembros: “Ármense y disparen primero.” Se nota una tendencia similar en otros países. Una revista de noticias informó que “la gente de Alemania Occidental ha anotado en los registros pertinentes 2.500.000 revólveres y pistolas, escopetas y rifles, pero es posible que tengan ilegalmente en su posesión diez veces esa cantidad.” El artículo pasó a decir que las armas se pueden obtener con cada vez mayor facilidad, y que “con mayor facilidad y brutalidad las van usando... tanto los criminales como los ciudadanos de buena conducta.”

Quizás haya quienes piensen que no hay peligro alguno en tener un arma en la casa, ‘solo por si acaso,’ por supuesto, con la esperanza de que nunca haya que usarla. Sin embargo, en realidad la única manera en que uno puede estar verdaderamente seguro de que nunca va a usar un arma es no tener una, en primer lugar. A menudo ha sucedido que, bajo la presión del temor y la tensión nerviosa, ciertas personas han recurrido al uso de armas, solo para lamentarlo después. Compadézcase del dueño de una estación gasolinera del sur de París que escuchó ruidos sospechosos en medio de la noche. Al bajar las escaleras, de repente vio una sombra y disparó, pensando que se enfrentaba a un ladrón. ¡Qué tragedia para él fue descubrir que había disparado contra su hijo de ocho años de edad, que se había levantado para tomar un vaso de agua!

El derramar sangre humana, aun cuando se haga sin intención, es asunto serio. Por supuesto, hay otras clases de armas, tales como las pistolas de gas, que se pueden usar para rechazar a los atacantes. Esas armas “inofensivas,” aunque no se han diseñado con la intención de herir o matar, a veces pueden provocar al adversario a expresar mayor violencia, por lo cual es necesario pensar cuidadosamente si acaso es aconsejable usarlas.

Las llamadas artes marciales, como el yudo (judo) y el karate, son otro método cada vez más popular de defensa propia. Estas artes marciales sirven para entrenar a la persona en el uso de las manos y el cuerpo para lesionar o matar al adversario, así que, en realidad, son también armas. Los antecedentes paganos de estas artes, y el uso militar que se les da, también arrojan dudas sobre el que sean apropiadas para los cristianos. ¿Puede imaginarse usted al apóstol Juan defendiéndose con golpes de karate o a Jesucristo rechazando el ataque de un adversario con tácticas de kung fu? (Vea la ¡Despertad! del 8 de marzo de 1976, pág. 28, para una consideración más detallada de este asunto.)

El grado a que usted puede defenderse y defender a sus amados, así como los métodos que haya de usar, son asuntos personales que usted mismo tiene que decidir sobre la base de una conciencia bien entrenada. Sin embargo, le puede ser útil hacerse preguntas como las siguientes cuando está decidiendo qué hacer: ¿Estoy peleando en defensa de la vida, o simplemente para proteger propiedad? ¿Es mi motivo protegerme a mí mismo y proteger a mis amados, o desquitarme de un malhechor? ¿He pensado en los efectos que mis acciones pudieran tener en otras personas, incluso el malhechor? ¿Desearía lesionar seriamente al malhechor, o hasta matarlo? ¿Comprendo que quizás él sea víctima de las circunstancias, y que puede que sea más digno de compasión que de condena? ¿Pudiera ser que con educación apropiada, atención y amor, él estuviera dispuesto a desarrollar sus buenas cualidades latentes y arrepentirse de las malas? ¿Estaría yo dispuesto a ayudar al individuo a hacer eso si tuviera la oportunidad?

En resumen, aunque los cristianos no están categóricamente opuestos a la defensa propia, deben ejercer cuidado para evitar situaciones que la hagan necesaria. Reconocen que al desplegar un espíritu de juicio sano, prever las dificultades, tomar las precauciones necesarias, ser cuidadosos en cuanto a sus asociaciones, vigilar tanto la lengua como las acciones, evitar el confiar demasiado en el hombre, mientras ponen completa confianza en Jehová, siguen el camino de la sabiduría. Esta es mejor forma de defensa propia que toda otra que se base en el uso de las armas o de las artes marciales.

ECLESIASTÉS 9:18 LO RESUME ASÍ:

“Mejor es la sabiduría que los útiles para pelear.”

Jehová Dios, el personaje más excelso del universo, de cuyo poder de observación ni siquiera el más pequeño delito podría escapar, es capaz de hacer una tabulación completamente exacta de los delitos como base para saldar cuentas con los malhechores. Pero, ¿realmente hará él eso? ¿Habrá de seguir en continuo crecimiento indefinidamente la ola de delito y violencia de hoy, o traerá Dios el alivio necesario para la humanidad? Para la respuesta, lea en las páginas 27 y 28 el artículo “¿Podrán eliminarse alguna vez los delitos y la violencia?”

[Ilustraciones en la página 9]

¿Le protegerá aprender karate o poseer un revólver?

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