El punto de vista bíblico
¿Tiene alguna posible justificación la desobediencia civil?
“CUANDO ves que violan y matan a tu propia gente —dijo un misionero católico de treinta años—, cuando ves que los soldados desalojan ciudades enteras y que se saca de sus hogares a jovencitos para reclutarlos, cuando te das cuenta de que tan solo el dos por ciento de la población controla ya tres cuartas partes de la riqueza del país, no puedes esconder la cabeza en una Biblia y pasar por alto estas realidades.” (Cursivas nuestras.)
Si usted se encontrara en la situación de este misionero, ¿qué haría? ¿Participaría en una manifestación pacífica o en una huelga? ¿Qué sucedería si con ello no se consiguiesen los cambios necesarios? ¿Estaría entonces justificada la violencia? ¿Tal vez una revolución o un golpe de estado? ¿Qué recomiendan los “guías espirituales” de hoy día? Veamos los siguientes informes:
◻ Un clérigo de Nicaragua dijo que al servir al pueblo y a la revolución, él sirve a Dios.
◻ En Filipinas, se expulsó del país a un ministro religioso por fomentar disturbios políticos y representar a Jesús como un rebelde.
◻ Varios sacerdotes y monjas han apoyado a los guerrilleros en su intento de derrocar un gobierno de América Central.
Sus acciones proclaman a los cuatro vientos este mensaje: La desobediencia civil está justificada, y hasta se considera un deber cristiano. Pero aun cuando los motivos y las metas sean sinceros y humanitarios, ¿está verdaderamente justificada la desobediencia civil? ¿Qué dice la Biblia al respecto?
¿‘En contra de Dios’?
Dios tiene unas normas claramente definidas con respecto a las autoridades o gobiernos humanos. La Biblia dice: “No hay autoridad a no ser por Dios; las autoridades que existen están colocadas por Dios en sus posiciones relativas”. Efectivamente, Jehová Dios tiene el poder necesario para, en cualquier momento dado, intervenir en la trayectoria de una autoridad existente o ponerle fin. El puesto que ocupan, lo ocupan porque Dios se lo permite. (Romanos 13:1.)
Una vez establecido este hecho, la Biblia añade: “Por lo tanto, el que se opone a la autoridad se ha puesto en contra del arreglo de Dios; los que se han puesto en contra de este recibirán juicio para sí”. (Romanos 13:2.) En vista de estas palabras, ¿puede un cristiano decir en conciencia que ‘al servir a una revolución sirve a Dios’? ¿Está uno poniéndose ‘en contra de Dios’ si participa o, incluso, si defiende actividades que directamente desafían la autoridad gubernamental existente?
Busquemos la respuesta en la historia bíblica. Hacia finales del siglo VII a. E.C., Dios había permitido que el imperio babilonio dominase a Israel. No obstante, después de ocho años de vasallaje, el rey Sedequías optó por librarse del yugo babilonio. Recurrió a Egipto en busca de ayuda. No iba a permitir por más tiempo que una potencia extranjera y, para colmo, pagana dominase al pueblo de Dios. Sus motivos parecían puros. Pero, ¿cómo consideró Dios aquella acción? ¿Se convertiría Sedequías en un “luchador por la libertad” con la aprobación divina? ¡En absoluto!, pues al rebelarse contra Babilonia, también se estaba rebelando contra Dios. Debido a esta sublevación, Jehová decretó que Sedequías muriera como cautivo en Babilonia. (2 Reyes 24:17-20; Ezequiel 17:15, 16.)
El caso de Sedequías no es un caso aislado. La historia ha demostrado vez tras vez que la desobediencia civil, aunque sea con buenas intenciones, no puede producir soluciones duraderas a los problemas del hombre. En realidad, los levantamientos y las revoluciones suelen empeorar la situación. En muchos casos, después del éxito aparente de una revolución, los mismos “libertadores” se hacen finalmente culpables de tiranía y opresión. Con el tiempo, una nueva generación de personas oprimidas trata de sublevarse. Ese círculo vicioso es lo que se ha venido experimentando en muchos países. Por ejemplo: recientemente, un país de América del Sur vivió su golpe de estado número 189 en ¡los últimos ciento cincuenta y cuatro años!
¿A qué se debe el fracaso del hombre?
¿A qué se debe que hombres sinceros no puedan libertar a la humanidad de la explotación y la opresión? Sencillamente a que carecen de dos cosas: la sabiduría y el poder para hacerlo. No es de extrañar que la Biblia nos advierta: “No cifren su confianza en nobles, ni en el hijo del hombre terrestre, a quien no pertenece salvación alguna”. (Salmo 146:3.)
Para ilustrarlo: imagínese que usted está en un hospital esperando ser operado, y que debido al dolor y las molestias que siente, pide ayuda. En ese preciso momento, pasa un conserje, le oye, toma un bisturí y le brinda su ayuda para aliviarle el dolor. ¿Permitiría usted que le operase? ¡Por supuesto que no! ¿Por qué? Pues porque tan solo el amor y la compasión que él pueda sentir hacia usted no lo capacitan para algo tan serio como una intervención quirúrgica. Lo único que lograría sería aumentar su sufrimiento, y hasta podría poner en peligro su vida. Tal proceder sería presuntuoso y sumamente irresponsable, y pasaría por alto el hecho de que ya había una hora establecida para que un buen cirujano llevase a cabo la operación. Sería mucho mejor que esa persona se limitase a tranquilizarlo, asegurándole que muy pronto sería aliviado.
De manera similar, actualmente los verdaderos cristianos no toman parte en la desobediencia civil. Esperan el día y la hora de la intervención cualificada de Dios. Él es el único que tiene la sabiduría y el poder necesarios para traer soluciones duraderas a los problemas de la humanidad. Mediante su obra de predicar, los testigos de Jehová tranquilizan a los que actualmente sufren injusticias, asegurándoles que pronto llegará el alivio. (Isaías 9:6, 7; 11:3-5.)
Mientras tanto, podemos valernos de cualquier medio legal y pacífico para establecer y defender nuestros derechos y buscar alivio de la opresión. No obstante, si esos medios fracasasen, no sería propio optar por la desobediencia civil. Al contrario, como aconsejó el apóstol Pablo: “En cuanto dependa de ustedes, sean pacíficos con todos los hombres. No se venguen, amados, sino cédanle lugar a la ira; porque está escrito: ‘Mía es la venganza; yo pagaré, dice Jehová’”. Los cristianos verdaderos y obedientes toman a pecho esta sensata admonición. (Romanos 12:18, 19.)
[Reconocimiento en la página 23]
Reuters⁄Bettmann Newsphotos