Optimistas frente al desastre
ALGUNAS personas pasan todos los años de su vida con una disposición de ánimo despreocupada, confiada en la buena ventura. Las personas de esta clase, por lo general, alegremente olvidan las condiciones del mundo o no paran mientes en ellas. Los que verdaderamente están enterados de las condiciones del mundo a menudo sienten aprensión en cuanto a lo que el futuro pueda encerrar.
A eso se debe que el Times de Nueva York del 12 de junio de 1955 haya dicho lo siguiente como comentario editorial: “Ya hace largo tiempo que hemos vivido en cierta clase de invierno del mundo moderno. El temor ha congelado la sangre de nuestras venas y, por más extraño que parezca, no ha habido suficiente odio para calentarla. Este en realidad no es un período de lucha tremenda. Es, más bien, un período de aprensión. Este es el caso, y tal vez al fin llegue a verse como cosa afortunada, porque al mundo ya no le conviene expresar su odio—porque la verdad desnuda es que el odio ahora es suicida, el odio ha llegado a ser la congelación final de la muerte.” No obstante, tomando en cuenta los errores que el género humano ha cometido en el pasado, poco consuelo hay en la esperanza de que éste evite cierto proceder por motivo de ser suicida.
Vienen al caso las declaraciones que el Dr. Krumm, capellán de la Universidad de Columbia, dirigió a 160 universitarios en su cuarto año. Dijo que él dudaba el que persona alguna que mirara a la historia pudiera ser optimista ahora con toda seriedad y declaró adicionalmente que la Biblia asevera que el futuro está “envuelto en misterio.” “Nosotros tenemos la habilidad de hacer la tierra inhabitable. Todo lo que se halla entre nosotros y dicho destino es el patético y pequeño almacén de paciencia y buena voluntad que pueden engendrar el género humano y sus caudillos.” Según la opinión que éste expresa, el optimismo es la peor pérdida del siglo actual.—El Times de Nueva York, 30 de mayo de 1955.
¿Muerto el optimismo? No mientras haya unas 500,000 personas, por lo menos, que tienen fe en las promesas de Jehová respecto al alegre futuro que espera a la tierra y al género humano. ¿El hombre hacer inhabitable a esta tierra? No en vista del hecho de que Dios nos asegura que “para ser habitada la formó,” y que ‘todo lo que él se ha propuesto hacer él lo hará.’ ¿El futuro envuelto en misterio? No cuando la Palabra de Dios nos dice con toda claridad que al debido tiempo de Dios, “estará la tierra llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar,” y que él “limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni tampoco habrá más duelo ni lloro ni dolor.”—Isa. 45:18; 46:11; 11:9; Apo. 21:4, NM.
Uno puede ser optimista a pesar de las condiciones del mundo sin cerrar los ojos a ellas y sin ciegamente confiar en la sabiduría, paciencia y buena voluntad del hombre, si uno entiende los propósitos del Creador y tiene fe en éstos. Tampoco está la realización de estos propósitos respecto a la tierra y el hombre en el futuro lejano. Al contrario. Después de predecir las condiciones que vemos en la actualidad Jesús dijo: “Pero al empezar a suceder estas cosas, levántense erguidos y alcen la cabeza, porque su liberación se está acercando.”—Luc. 21:28, NM.