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  • Edificando una plaza fuerte de la verdad en Okinawa

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  • Edificando una plaza fuerte de la verdad en Okinawa
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1977
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  • SE ESPARCEN LAS BUENAS NUEVAS
  • ENTRE UN PUEBLO HOSPITALARIO
  • LA ADORACIÓN DE LOS ANTEPASADOS Y EL “YUTA”
  • SE RECOGE UNA GENEROSA COSECHA
La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1977
w77 1/9 págs. 528-531

Edificando una plaza fuerte de la verdad en Okinawa

OKINAWA... el nombre trae a la memoria una de las más feroces batallas de la Guerra del Pacífico. La enconada batalla que se inició el 1 de abril de 1945 terminó el 22 de junio con el suicidio de los generales y restos sobrevivientes del ejército imperial japonés. ¡Las pérdidas combinadas de los ejércitos estadounidense y japonés fueron de más de 70.000 hombres, pero el total de las víctimas civiles en esa batalla llegó a la aterradora cantidad de 132.894 personas! Los sobrevivientes salieron tambaleando de trincheras que les sirvieron de refugio y de escondites entre las tumbas familiares, para encontrar poco menos que demolida su patria isleña. Parecía que no les quedaba esperanza en el mundo. Pero, pronto, algunos de ellos habrían de aprender acerca de una magnífica expectativa para el futuro.

Entre los sobrevivientes estuvo Yoshiko Higa, que enviudó durante la guerra, junto con su hijo infante. Su “refugio antiaéreo” había sido la enorme tumba ancestral de concreto, construida en forma de lomo de tortuga para simbolizar la posición de una mujer que da a luz un hijo; esto está relacionado con la idea oriental de que en la muerte todo el mundo ‘regresa a la fuente.’ Aquí, las largas horas que ella pasó en compañía de los huesos y cenizas de sus antepasados le habían comunicado a Yoshiko el pensamiento de que los muertos ya no son más de lo que se ve que son... polvo inexistente, inerte. Más tarde, llegó a conocer a varios testigos de Jehová, los cuales eran filipinos que habían venido a trabajar en Okinawa. Para asombro de ella, estos Testigos le mostraron en la Biblia exactamente lo que ella había observado en la tumba... que los muertos están inconscientes y fuera de la existencia. Y también le mostraron con la Biblia que Dios ha hecho una maravillosa provisión por medio de su Hijo, Jesucristo, para levantar a la vida a los muertos bajo el gobierno de su Reino.—Juan 5:28, 29; 1 Cor. 15:22-24.

Pero Yoshiko solo hablaba japonés, un lenguaje extranjero para los filipinos. ¿Cómo, entonces, podrían estudiar la Biblia con ella? Bueno, podían localizar los libros de la Biblia japonesa que correspondían a los de sus Biblias inglesas, además de los números del capítulo y el versículo. De modo que su método de estudio fue hacer que ella buscara una sucesión de textos relacionados sobre un tema, fuera éste la condición de los muertos, el nombre y las cualidades de Dios, la presencia de Cristo, el Reino, u otros asuntos. Yoshiko pronto llegó a comprender que “la palabra de Dios es viva y ejerce poder y es más aguda que toda espada de dos filos.” (Heb. 4:12) Empezó a proclamar a otros el precioso mensaje bíblico que estaba aprendiendo.

SE ESPARCEN LAS BUENAS NUEVAS

Entre las primeras personas que prestaron atención a la testificación celosa de Yoshiko hubo algunos miembros de una iglesia protestante de Shuri, la antigua capital de Okinawa. Una de ellas, una anciana de nombre Matsu Ikehara, persuadió a otras personas de edad avanzada que asistían a la iglesia a aceptar la enseñanza bíblica pura. Junto con otras, estas personas pronto dejaron la Iglesia y se hicieron Testigos activos que fueron proclamando las buenas nuevas de casa en casa, según el modelo que estableció Jesucristo. Desde 1953, el superintendente de sucursal y otros representantes de la sucursal japonesa de la Sociedad Watch Tower hicieron visitas con regularidad a Okinawa. En 1955 se celebró la primera asamblea de circuito en la capital Naha, con menos de veinte personas en asistencia, sentadas en esteras tatami en un habitación de un hotel. El programa, que presentaron en su totalidad dos visitante procedentes del Japón, fue muy apreciado por todos los presentes, la mayoría de los cuales entraron inmediatamente en el servicio de “precursor” de tiempo cabal de los testigos de Jehová. Fue un principio pequeño. ¡Pero en 1975, solo veinte años después, la concurrencia a la asamblea de distrito de los testigos de Jehová en Okinawa fue de más de 1.400 personas!

Entre los primeros Testigos que dedicaban todo su tiempo a la predicación estuvo una de nombre Matsue Tanaka, que sirvió fielmente de “precursora” con el mensaje del Reino en Shuri hasta su muerte unos años después. Aunque las reuniones del grupo de Shuri con frecuencia se celebraban en la casa de los Tanaka, el esposo de ella no prestó ninguna atención al mensaje hasta el día en que asistió al discurso bíblico del funeral de su esposa. Profundamente impresionado por lo que oyó aquel día, tomó la Biblia bien marcada de su esposa y empezó a estudiar las cosas él solo. Hoy, a los setenta y tres años de edad, es un Testigo “precursor” con catorce años de servicio como tal y es un anciano confiable en la congregación cristiana.

Otra de aquellas primeras Testigos “precursoras” de Shuri fue Mitsuko Tomoyori, también viuda. Mientras criaba a su hija, Masako, llegó a ser “precursora especial,” y durante diecinueve años en este servicio ha ayudado a veinte personas a llegar a la dedicación y el bautismo. Su hija la acompaña ahora en este trabajo. El muchacho de Yoshiko Higa también sirvió de “precursor” cuando creció, y hoy es uno de los dos superintendentes viajantes que visitan las veintiuna congregaciones de los testigos de Jehová que están esparcidas por seis de las islas Riukiu, unas dieciséis de las cuales congregaciones están en la isla principal de Okinawa.

ENTRE UN PUEBLO HOSPITALARIO

¿Cómo es el vivir y servir en estas islas? Ubicadas entre las latitudes de 24 y 29 grados al norte, estas islas subtropicales ofrecen inviernos agradablemente moderados. Sin embargo, los veranos son largos, calurosos y sofocantes, y muchas de las Testigos se ponen sombrero y llevan una sombrilla como protección contra el sol. Sin embargo, el reflejo del sol en el suelo polvoreado de coral todavía puede quemar la cara.

Entre los meses de mayo y noviembre, los tifones azotan o se mueven por esta zona, de modo que se aseguran las casas de madera para que aguanten la embestida del viento y la lluvia salada. En 1964 un tifón se llevó la obra de preparación para una asamblea de circuito de los testigos de Jehová. No había alimento disponible en los mercados... salvo calabazas. Debido a que éste fue el plato constante en la cafetería de la asamblea, algunos de los Testigos designaron humorísticamente a esta asamblea la “asamblea de las calabazas.”

Los habitantes de Okinawa y las islas hermanas son gente tranquila, amigable y hospitalaria. Cuando un Testigo visita de casa en casa, el anfitrión a menudo extiende una estera de paja para que el visitante se siente sobre ella, y luego escucha sin interrumpir hasta que se completa la presentación bíblica. Son un pueblo tranquilo y aceptan de buena gana la literatura y las revistas que explican el reino de Dios. El japonés corriente se habla en todas partes, aunque muchas de las personas de más edad prefieren usar los varios dialectos isleños. En 1972, Okinawa fue reincorporada al Japón, y ahora es su provincia más meridional.

LA ADORACIÓN DE LOS ANTEPASADOS Y EL “YUTA”

A través de los siglos estos isleños han practicado la adoración de los antepasados, pero su religión es diferente del budismo del Japón. Se ven pocos templos y capillas religiosos. Sin embargo, hay muchísimas costumbres y ceremonias religiosas. Se hace que la vida gire en torno de la familia y sus antepasados, con vínculos estrechos. Si usted le pregunta a un habitante de Okinawa: “¿Cree usted en Dios?” es probable que conteste: “Solo creo en mis antepasados y confío en ellos.” En casi cada casa se puede hallar el altar doméstico budista, o butsudan. Dentro del altar está un bastidor que contiene las tablas conmemorativas, o ihai, para los muertos. En ocasiones prescritas se salmodian oraciones, y se hacen ofrendas de incienso y alimento ante el butsudan.

Si surge un problema en la familia, o si hay enfermedad, la costumbre es visitar a un médium espiritista, o yuta, para averiguar la causa. Las mujeres, que desempeñan el papel principal en las actividades religiosas de las islas, por lo general hacen esta visita, y después de eso cumplen con cualquier ritual que haya prescrito el yuta. Esto se hace fielmente, y con frecuencia a gran costo para la familia. Si algunos no cumplen las instrucciones de estos adivinadores, se les advierte que algún miembro de la familia pagará las lamentables consecuencias. Como usted se puede imaginar, los que aceptan la verdad bíblica se tienen que desprender de mucha superstición y ritual religioso.

A cierta señora se le había considerado como la diosa de su aldea por más de treinta años. Los demonios le mostraban lo que pasaba en la aldea vecina, y la influencia de ellos continuaba con ella hasta cuando ella estaba en su lecho de enferma. Con el transcurso del tiempo conoció las enseñanzas bíblicas, fue librada de toda influencia demoníaca y ahora sirve gozosamente a Jehová.

En una familia, fue con el hijo joven que se relacionaron primero los testigos de Jehová. Ambos padres trabajaban y rara vez estaban en casa, pero con este muchacho se inició un estudio que se condujo con regularidad. Él sabía que su madre visitaba a un yuta, y que había tenido visiones y sueños, que ella creía que eran inspiración de Dios. Pero por sus estudios bíblicos el hijo aprendió que el yuta no era de Dios, sino del Diablo. Respetuosamente le dijo a su madre que el médium espiritista era siervo de Satanás. La madre se perturbó profundamente a causa de esto, y el resultado inmediato fue que ambos padres pidieron un estudio bíblico. Ahora toda la familia, libre de toda influencia demoníaca, son adoradores gozosos de Jehová. La madre dice que en realidad ha llegado a sentir y experimentar el significado de las palabras de Jesús en Juan 8:32: “Conocerán la verdad, y la verdad los libertará.”

Muchos otros jovencitos de edad escolar están regocijándose con el conocimiento de las buenas nuevas de la Biblia, y están respaldando su fe con obras. Con frecuencia se ejerce fuerte presión en ellos en la escuela para que participen en yudo o kendo (esgrima), pero en armonía con los principios que se declaran en la Biblia, como en Isaías 2:4, rehúsan participar en actividades que se oponen a su conciencia entrenada en armonía con la Biblia.

SE RECOGE UNA GENEROSA COSECHA

En 1965 se abrió una oficina sucursal de la Sociedad Watch Tower en Naha, Okinawa. Un hawaiano de larga experiencia como misionero, Shinichi Tohara, se trasladó con su esposa y su hija desde las nieves de Hokkaido, Japón, hasta la subtropical Okinawa, para atender allí la nueva sucursal. Desde ese tiempo, el número de proclamadores del Reino en Okinawa ha aumentado de 217 a casi 900 y dos de cada cinco de éstos han conseguido un conocimiento de la Biblia sólo durante los pasados tres años.

Durante la guerra de Indochina, Okinawa volvió a ser una zona principal de apoyo para las fuerzas de combate norteamericanas. Miles de norteamericanos y sus familias vivían en la isla. En 1968, al enterarse de que había gran necesidad de ayuda allí entre la población de habla inglesa, Karl y Evalyn Emerson, anteriormente misioneros en Corea, se mudaron con su hijo joven a Okinawa. En ese mismo año se inició una congregación de habla inglesa, con una asistencia dominical de unas treinta personas. Rápidamente, la cantidad de personas que se asociaba aumentó a más de cien. Pero súbitamente, en el transcurso de un mes o dos, la mitad de éstos habrían de mudarse a otros lugares del mundo. Cuando esto sucedió por primera vez, pareció que la congregación jamás podría recuperarse, pero muy rápidamente la cantidad de personas que asistía habría de aumentar de nuevo. Se calcula ahora que, desde que se organizó esta congregación, más de 1.000 personas se han asociado en su Salón del Reino. De éstas, más de 250 personas han aceptado las enseñanzas de la Biblia y debido a ello se han sentido impelidas a servir a Jehová en la obra de testimonio de casa en casa en Okinawa. La mayoría ha continuado este servicio al regresar a los Estados Unidos de América, donde muchos de ellos ahora son ancianos y siervos ministeriales en sus congregaciones locales. Desde 1972, dos misioneros han aumentado el excelente servicio que se efectúa en la congregación de habla inglesa, pero un campo listo para la siega aguarda a otros Testigos con “mente de precursor” que deseen mudarse a este “paraíso” subtropical.

En 1974, N. H. Knorr, el difunto presidente de la Sociedad Watch Tower, dedicó un edificio de sucursal de tres pisos durante una visita suya. Este edificio se construyó entre campos de caña de azúcar en una pintoresca costa rocosa, y está ubicado centralmente, a propósito para atender bien las congregaciones de la isla de Okinawa, y de todas las islas Riukiu.

El mandato de Jesús de ‘predicar estas buenas nuevas del reino’ verdaderamente se está llevando a cabo en estos territorios isleños. Las personas de corazón sincero y honrado están respondiendo. Aunque todavía es una plaza fuerte en sentido militar, Okinawa también ha llegado a ser una plaza fuerte para la verdad bíblica y para dar a conocer el reino de Jehová. Es cierto, sí, lo que escribió el salmista en Salmo 97:1: “¡Jehová mismo ha llegado a ser rey! Esté gozosa la tierra. Regocíjense las muchas islas.”

[Mapas de la página 529]

(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)

OKINAWA

Shuri

Naha

[Mapa]

ISLAS RIUKIU

AMAMI OSIMA

Mar Oriental de la China

MIYAKO

YAEYAMA

TAIWÁN

EL JAPÓN

KIUSIU

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