¿Por qué vive en temor el mundo?
¿HAY quien desee vivir amedrentado? La persona normal quiere tener seguridad, que su vida y posesiones no se vean amenazadas. Por esta razón, mucha gente se muda de las zonas con alto índice de criminalidad. Sin embargo, las causas del temor existen en todo lugar.
Los peligros de las armas atómicas y los accidentes en los reactores nucleares generan miedo a que la humanidad sea destruida. La violencia en alza es inquietante. Muchos se estremecen al pensar en que el sida se vaya a convertir en la epidemia más mortífera del siglo. La destrucción medioambiental es otra causa de intranquilidad. ¿Son especialmente significativas tales inquietudes? ¿Hay razones para esperar que algún día vivamos en un mundo sin tales temores?
El temor mundial es significativo
En vista de las predicciones bíblicas, es significativo el miedo generalizado de la actualidad. En su profecía relativa a los últimos días, Jesucristo mencionó que las condiciones serían intimidantes. Dijo: “Se levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrá escaseces de alimento y terremotos en un lugar tras otro”. Jesús también habló del “aumento del desafuero”. Desde 1914 se ha generado mucho miedo y ha habido grandes pérdidas de vidas como resultado del carácter sin precedentes que han asumido la guerra, el hambre, la actividad sísmica y la delincuencia. (Mateo 24:7-14.)
Hasta las actitudes de la gente siembran el miedo. En 2 Timoteo 3:1-4 leemos las siguientes palabras proféticas del apóstol Pablo: “En los últimos días se presentarán tiempos críticos, difíciles de manejar. Porque los hombres serán amadores de sí mismos, amadores del dinero, presumidos, altivos, blasfemos, desobedientes a los padres, desagradecidos, desleales, sin tener cariño natural, no dispuestos a ningún acuerdo, calumniadores, sin autodominio, feroces, sin amor del bien, traicioneros, testarudos, hinchados de orgullo, amadores de placeres más bien que amadores de Dios”. En vista de que en estos últimos días vivimos rodeados de gente de esta calaña, no es de extrañar que cunda el pánico.
Qué puede esperar el mundo
Jesús asemejó esta época a los últimos días del mundo en que vivió Noé. Es evidente que imperaba el terror, pues la historia bíblica constata lo siguiente: “La tierra llegó a estar arruinada a la vista del Dios verdadero, y la tierra se llenó de violencia”. Por consiguiente, “Dios dijo a Noé: ‘El fin de toda carne ha llegado delante de mí, porque la tierra está llena de violencia’”. (Génesis 6:11, 13.) Aquel mundo malvado era tan violento que Jehová Dios acabó con él mediante el Diluvio universal. Sin embargo, el amor lo llevó a conservar vivo al justo Noé y su familia. (2 Pedro 2:5.)
Por lo tanto, ¿qué futuro aguarda al violento mundo actual? Pues bien, Dios detesta los brutales atentados contra el bienestar del prójimo. Dejan patente este hecho las palabras del salmista: “Jehová mismo examina al justo así como al inicuo, y Su alma ciertamente odia a cualquiera que ama la violencia”. (Salmo 11:5.) Jehová puso fin al mundo violento en que vivía Noé. ¿No es de esperar, por tanto, que termine con este mundo plagado de pavorosa violencia?
La inspiración divina movió al apóstol Pedro a hablar de la presencia de Cristo y a profetizar calamidad para el malvado mundo actual. Escribió: “En los últimos días vendrán burlones con su burla, procediendo según sus propios deseos y diciendo: ‘¿Dónde está esa prometida presencia de él? Pues, desde el día en que nuestros antepasados se durmieron en la muerte, todas las cosas continúan exactamente como desde el principio de la creación’”. Pedro empleó acto seguido el término “cielos” para representar al sistema de gobernación imperfecta que controla a la humanidad, y la palabra “tierra”, para referirse a la sociedad humana injusta. “Porque —señaló él—, conforme al deseo de ellos, este hecho se les escapa, que hubo cielos desde lo antiguo, y una tierra mantenida compactamente fuera de agua y en medio de agua por la palabra de Dios; y por aquellos medios el mundo de aquel tiempo [la época de Noé] sufrió destrucción cuando fue anegado en agua. Pero por la misma palabra los cielos y la tierra que existen ahora están guardados para fuego y están en reserva para el día del juicio y de la destrucción de los hombres impíos.” (2 Pedro 3:3-7.)
Expresando una idea similar, Pablo indicó que Cristo y sus poderosos ángeles traerán “venganza sobre los que no conocen a Dios y sobre los que no obedecen las buenas nuevas acerca de nuestro Señor Jesús. Estos mismos sufrirán el castigo judicial de destrucción eterna”. (2 Tesalonicenses 1:6-9.) El último libro de la Biblia menciona que se reunirá a las naciones “a la guerra del gran día de Dios el Todopoderoso”, y nos garantiza que Jehová “[causará] la ruina de los que están arruinando la Tierra”. (Revelación [Apocalipsis] 11:18; 16:14-16.)
Es tiempo de alegrarse, no de atemorizarse
En vez de asustarse por lo que predice la Biblia tocante a este mundo, los justos tienen motivos para estar contentos. Aunque Jehová pronto eliminará este mundo malvado, lo hará para beneficio de los amantes de la justicia. ¿Qué habrá después de la destrucción divina de este sistema de cosas? Un nuevo sistema gobernado por el Reino celestial de Dios, por el cual, según enseñó Jesús a sus seguidores, había que orar. Él les dijo: “Ustedes, pues, tienen que orar de esta manera: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra’”. (Mateo 6:9, 10.) ¿Qué cambios cabe esperar que ocurran cuando se haga la voluntad de Dios en la Tierra?
Habrán acabado la guerra y sus horrores. Salmo 46:9 dice de Jehová Dios: “Hace cesar las guerras hasta la extremidad de la tierra. Quiebra el arco y verdaderamente corta en pedazos la lanza; quema los carruajes [bélicos] en el fuego”. En aquel tiempo, las personas “realmente se sentarán, cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá nadie que los haga temblar”. (Miqueas 4:4.)
Las enfermedades mortales ya no causarán temor ni se cobrarán más vidas. Dios hace esta promesa: “Ningún residente dirá: ‘Estoy enfermo’”. (Isaías 33:24.) ¡Qué extraordinaria razón para alegrarse!
Los miedos provocados por el delito y la violencia quedarán en el pasado. Salmo 37:10, 11 promete: “Solo un poco más de tiempo, y el inicuo ya no será; y ciertamente darás atención a su lugar, y él no será. Pero los mansos mismos poseerán la tierra, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz”.
¿Cómo darán paso las inquietudes actuales a la verdadera paz y seguridad? Mediante un gobierno justo: el Reino de Dios. Con referencia a nuestra época, Daniel 2:44 dice: “En los días de aquellos reyes el Dios del cielo establecerá un reino que nunca será reducido a ruinas. Y el reino mismo no será pasado a ningún otro pueblo. Triturará y pondrá fin a todos estos reinos, y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos”. El rey que Jehová ha designado, Jesucristo, “tiene que reinar hasta que Dios haya puesto a todos los enemigos debajo de sus pies”. (1 Corintios 15:25.) El Reinado de Mil Años de Jesús cumplirá el propósito que Dios tiene desde los orígenes: que haya un paraíso terrestre en el que habiten eternamente seres humanos contentos. (Lucas 23:43; Revelación 20:6; 21:1-5.)
En esa Tierra paradisíaca solo habrá un temor sano: “el temor de Jehová”. (Proverbios 1:7.) De hecho, aun hoy debemos tener este temor, pues consiste en profunda reverencia y respeto, aunados al miedo a desagradar a Dios porque apreciamos su bondad amorosa y benignidad. Este temor exige confiar de lleno en Jehová y obedecerle fielmente. (Salmo 2:11; 115:11.)
Hay sucesos espantosos que indican que vivimos en los últimos días. Sin embargo, si demostramos que amamos a Dios, podemos regocijarnos y no temer. Las profecías bíblicas muestran que Dios destruirá este mundo en breve. En su lugar vendrá el nuevo mundo de justicia que ha prometido Jehová Dios. (2 Pedro 3:13.) Así, bajo el dominio del Reino, pronto habrá un mundo sin temor malsano.
[Ilustración en la página 7]
Durante el reinado de Jesucristo, el mundo nunca volverá a vivir atemorizado
[Recuadro en la página 6]
LA FUERZA DE UN SOLO EJEMPLAR
TOMASZ, un joven polaco, tuvo que huir de su país por problemas legales. Durante seis meses recorrió Europa haciendo autostop, durmió en una tienda de campaña y trabajó en diferentes empleos. Todo ese tiempo tuvo presente una pregunta: ¿qué propósito tiene la vida?
Tomasz halló la respuesta cuando recibió un ejemplar de La Atalaya en polaco. Lo leyó varias veces, y reconoció que la revista contenía la verdad que había estado buscando. Fue en autostop a la sucursal de la Watch Tower de Selters/Taunus (Alemania), que estaba a unos 200 kilómetros de distancia. Cuando llegó, el lunes por la tarde, presentó la revista La Atalaya y dijo: “Quisiera que alguien me explicara más sobre lo que dice esta revista. ¿Qué tengo que hacer?”.
Esa tarde dos testigos de Jehová le explicaron el propósito de la vida basándose en la Biblia. Deseoso de aprender más, volvió a la sucursal todos los días de esa semana para estudiar la Biblia y el libro Usted puede vivir para siempre en el paraíso en la Tierra.
Tomasz decidió regresar a Polonia, a pesar de que podía tener problemas. De modo que el viernes, solo cuatro días después de haberse presentado por primera vez en la sucursal de Selters, partió para su país. Una vez en Polonia, empezó a estudiar de inmediato con los testigos de Jehová. Progresó rápidamente y empezó a hablar con celo a otras personas sobre lo que aprendía. En octubre de 1993, solo cuatro meses después de su visita inicial a Selters, se bautizó como testigo de Jehová.
Tan solo un ejemplar de La Atalaya ayudó a este joven a investigar el propósito de la vida.