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¡Despertad! 1970
g70 22/8 págs. 25-26

El ciclismo... andar sobre ruedas

Por el corresponsal de “¡Despertad!” en la República Dominicana

¿HA OÍDO usted hablar de Murphy, el de la milla en un minuto? Allá en 1899 obtuvo su título al correr en bicicleta una milla en 57 4/5 segundos detrás de un tren. Había persuadido a la Compañía Ferrocarrilera de Long Island a construirle un sendero de tablas, de 1,27 metros de ancho y cuatro kilómetros de largo, entre los rieles. En aquel tiempo el ciclismo era el deporte favorito de millones de personas alrededor del mundo y la bicicleta se hallaba en el cenit de su popularidad.

La bicicleta realmente es el modo más rápido de viajar del hombre por su propia fuerza y en muchos países la gente todavía la considera como un modo de transporte barato y confiable. Los jóvenes piden una bicicleta para montar en ella desde cuando han aprendido a andar. Recuerdo que mis padres cobraron dos pólizas de seguro solo para proporcionarme a mí y a mi hermano bicicletas. Pronto manteníamos rutas de periódicos de varios kilómetros... algo que hubiera sido difícil si no hubiésemos tenido este medio de transporte. Íbamos en bicicleta de ida y vuelta a la escuela, hacíamos mandados y por eso conseguíamos bastante ejercicio saludable. Por años mi padre se transportó en bicicleta de ida y vuelta a la planta manufacturera de molinos de viento donde estaba empleado.

Hoy en algunos países a la bicicleta se le considera un juguete. Ha sido reemplazada por la motocicleta y el automóvil. Se ha olvidado el hecho de que la humilde bicicleta ha ejercido una poderosa influencia en el curso de la historia... particularmente en las Américas. Al iniciar el movimiento hacia caminos duros y libres de asperezas preparó el terreno para la llegada del automóvil. De hecho, un escritor ha alegado que “tanto física como psicológicamente, fue la verdadera madre del automóvil.”

Algo de historia de la bicicleta

Allá en 1860 se conocía a la bicicleta como la “sacudidora de huesos.” Uno bien se puede imaginar por qué, al considerar las llantas de hierro que tenía y las calles escabrosas de guijarros de aquellos tiempos. Unos cuantos años después llegó el velocípedo, llamado a veces en Inglaterra “el cuarto de penique.” Este modelo era para el ciclista más aventurado, el que se interesaba en velocidad. Tenía una rueda grande al frente, de aproximadamente un metro treinta centímetros de diámetro, equipada con pedales, y una rueda diminuta atrás. En una superficie libre de asperezas el ciclista podía ir con esta máquina casi tan aprisa como un jinete. Sin embargo, el problema estribaba en detenerse. Y, puesto que la caída era de aproximadamente metro y medio hasta el suelo, se rompían muchos huesos cuando los ciclistas intentaban bajarse de estos artefactos.

El año de 1880 señaló un paso importante hacia adelante: se introdujeron cadenas para impulsar la rueda trasera, y éstas podían ser embragadas de cualquier manera que se deseara para alcanzar velocidad o fuerza. Antes de esto, se habían estado usando palancas desmañadas para impulsar las ruedas grandes. En los siguientes diez años hubo otros adelantos útiles: se presentaron los neumáticos de hule, los cojinetes de bolas, los frenos de retroceso con piñón libre y los manubrios. Cada una de estas cosas ayudó a aumentar la popularidad de la bicicleta.

La bicicleta “segura” apareció en 1890. Con sus dos ruedas del mismo tamaño, era esencialmente la máquina que es común hoy. Los norteamericanos le atribuyen el crédito de su diseño a la Compañía Manufacturera Pope, de Hartford, Connecticut. Sin embargo, algo muy semejante a ella apareció simultáneamente en Inglaterra y Francia. De todos modos, la empresa de Connecticut, aplicando el sistema de piezas intercambiables, rápidamente tomó la delantera en la producción, y pronto se estuvieron exportando máquinas norteamericanas a todas partes del mundo.

Para 1896 unos 4.000.000 de personas usaban bicicletas en los Estados Unidos. Más de un millón de máquinas se produjeron en 312 fábricas en un solo año. Por algún tiempo la industria ciclista norteamericana obtuvo una fuerte posición en Inglaterra, en gran parte debido al hecho de que los fabricantes británicos no podían satisfacer la tremenda demanda. Sin embargo, la llegada del automóvil tuvo un efecto más inmediato en el uso de la bicicleta en los Estados Unidos que en Inglaterra o en el continente europeo. Los autos se hicieron populares y el precio era bastante bajo para la familia de término medio, de modo que las bicicletas se dejaron en gran parte a los niños.

No obstante, hoy más de 24.000.000 de personas en los Estados Unidos poseen bicicletas. En Dinamarca, aproximadamente una de cada dos personas es dueña de una bicicleta, y todavía es el medio común de transporte en numerosos países donde el automóvil se considera como un lujo que está fuera del alcance del obrero. A través de Europa, en América Central, en Indonesia, Japón y África del Norte, se pueden ver ciclistas en grupos grandes.

Aquí en la República Dominicana la bicicleta llega a ser el lugar de negocio ambulante para toda clase de vendedores. Algunas están equipadas de un bloque de hielo y botellas de jarabe de diferente color. Se puede ver al vendedor dondequiera que hay muchedumbres, ofreciendo conos de hielo raspado con el jarabe que uno escoja vertido en la parte superior. Otros venden frutas, legumbres y otros comestibles desde sus bicicletas. En otras bicicletas modificadas se afilan tijeras y cuchillos. Muy a menudo uno ve una bicicleta con un bastidor especial montado en la parte trasera para transportar trajes y pantalones limpios a las personas que los enviaron a limpiar.

La bicicleta ciertamente atrae a los amadores del aire libre y a los que se interesan en la salud. Es un medio de salir solo a la libertad del campo. Tiene las ventajas de los ejercicios en que se anda y sin embargo lo lleva a uno a lugares lejanos mucho más aprisa. Ofrece una manera excelente de neutralizar los efectos perjudiciales de una vida sedentaria. Las organizaciones turísticas, complaciendo a los que les gusta esta clase de viaje, han hecho arreglos para que se establezcan posadas a lo largo de las rutas principales cada dieciséis o veinticuatro kilómetros.

La bicicleta también es un instrumento útil como ayuda para esparcir las buenas nuevas del reino de Dios a la gente en las regiones remotas, aun donde no hay caminos buenos. Todo lo que necesita el ciclista es un sendero trillado. Y en cuanto a mantenimiento y almacenamiento, un pasillo o un lugar debajo de unas escaleras y un trapo con un poco de aceite fino sirven. Por eso, no hay que esperar hasta poder darse el lujo de un automóvil para ir a lugares remotos con el mensaje que puede llevarle a la gente el consuelo y la esperanza que dan las promesas de Dios.

El ciclismo no es solo una buena manera de ir a todas partes, libre de la preocupación de averías del motor. Su paso es lo suficientemente lento como para dar lugar a que la vista se recree en la escena que pasa, regocijándose por las maravillas de la creación de Dios en torno de uno. El viento que sopla en el rostro de uno, el color en las mejillas por el esfuerzo que se ha necesitado para subir una colina, el silencio y el sentido de libertad, todo se añade a los efectos saludables generales del “andar sobre ruedas.”

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