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g71 8/5 págs. 3-4

¿Adónde acudirá por guía el hombre?

¿NECESITA guía el hombre? Ciertamente que sí. Esto es muy obvio en vista de la confusión, contienda y violencia que actualmente llenan la Tierra. Por muchos años algunos científicos han estado buscando la necesitada guía sobre cómo debe vivir el hombre por medio de estudiar a los animales. Y dicen que lo que han aprendido les ayuda a entender mejor a los hombres.

Por ejemplo, Konrad Lorenz, un perito eminente en el comportamiento de los animales, ha efectuado y publicado algunos hallazgos muy interesantes en cuanto a los hábitos sociales de ciertos gansos. Señaló que estos hábitos tienen un parecido a los rasgos humanos. Según él, existe una lucha por la supremacía entre las criaturas vivientes y “esto siempre aplica sea que uno ponga juntos a cinco muchachos [o] cinco gallitos [o] cinco canarios [o] cinco peces tropicales.” Acude al discernimiento que la ciencia natural suministra para ayudar al hombre a vencer su tendencia de librar guerras. Alega que “los problemas del comportamiento, las motivaciones y cosas semejantes” solo pueden resolverse con esta clase de conocimiento.

¿Es cierto eso? ¿Es ése el lugar al cual acudir para conseguir guía? Con respecto a tales esfuerzos para entender al hombre y suministrar guía para él por medio del estudio de los animales, Arthur Koestler, un famoso autor norteamericano, declaró: “Hablando con toda humildad, el tratar de diagnosticar al hombre basándose por completo en las analogías con el comportamiento de los animales parece ser de poco valor. . . . Por la naturaleza de las cosas estas analogías no son muy extensas, debido a que los animales carecen de las características que son exclusivas de la raza humana —como el idioma— que aunque son de importancia decisiva para determinar el comportamiento de nuestra especie quedan forzosamente excluidas de la analogía.”—Times Magazine de Nueva York, 19 de octubre de 1969.

Las deducciones del autor Koestler están bien argumentadas. Y es interesante que sus conclusiones son semejantes a lo que dice la Biblia. Por una parte, la Biblia muestra que definitivamente se pueden aprender ciertas cosas al observar los animales. Le dice al perezoso que se dirija a la hormiga y note su sabiduría al almacenar alimento para el invierno. Pero, por otra parte, la Biblia recalca el hecho de que puesto que los animales son impelidos por instinto, carecen de entendimiento y razonamiento. En consecuencia el salmista aconseja: “No se hagan como un caballo o mulo sin entendimiento, cuya fogosidad ha de reprimirse aun por un freno o cabestro antes que se acerquen a ti.” Sí, uno no puede razonar con un caballo o con un mulo en cuanto a por qué debería hacer esto o aquello.—Sal. 32:9; Pro. 6:6-8; 2 Ped. 2:12.

¿Cómo puede el hombre aprender a resolver los problemas del comportamiento humano estudiando a los animales, cuando los problemas del hombre envuelven sus facultades superiores y más complejas? El hombre es la única de las criaturas de la Tierra que tiene la habilidad de raciocinio e imaginación. Solo él tiene el poder de pensamiento conceptual, de pensamiento abstracto. Solo él tiene un sentido moral que le da un conocimiento de lo correcto y lo incorrecto. Y nadie salvo el hombre tiene el instinto de adorar un poder superior. Como bien observó en una ocasión el antropólogo Loren Eiseley, los evolucionistas, en su deseo vehemente de hallar semejanzas físicas entre el hombre y la bestia, han pasado por alto la vasta y más importante diferencia entre el cerebro del hombre y el de los animales.

Tampoco podemos acudir al simple hombre mismo. La sabiduría del hombre imperfecto es contradictoria. ¡Cuántas diferentes filosofías hay! En tiempos apostólicos los sabios de Grecia pertenecían en gran parte a dos escuelas radicalmente opuestas, los estoicos y los epicúreos; no obstante ambos grupos alegaban ser sabios. Hasta hoy día los filósofos continúan en desacuerdo radical entre sí.

Lo mismo aplica a las ideologías políticas. ¿A quién acudirá uno por guía? En los Estados Unidos hay republicanos, demócratas, socialistas, comunistas, conservadores y varios grupos militantes. ¿Quién puede decir cuál partido o grupo es el mejor para la gente? Y, ¿qué hay acerca de las diferencias en la religión que son aun mayores y más numerosas?

¿A qué se debe toda esta confusión? La Biblia contesta: “Los sabios han quedado avergonzados. . . . Ellos han rechazado la mismísima palabra de Jehová, y ¿qué sabiduría tienen?” Sí, “No le pertenece al hombre que está andando siquiera dirigir su paso.” El hombre, en virtud de su transgresión original, es imperfecto, débil, egoísta. De hecho, su inclinación “es mala desde su juventud.” Debido a esto el Creador del hombre, Jehová Dios, ha suministrado su Palabra para que ésta sirva como una luz y una lámpara para la vereda del hombre, y para equiparlo completamente para toda buena obra.—Jer. 8:9; 10:23; Gén. 8:21; Sal. 119:105; 2 Tim. 3:16, 17.

Esto es lo que deberíamos esperar de un Creador sabio y amoroso, y su existencia se hace patente de la creación que nos rodea. ¿No ha hecho él provisión abundante para satisfacer todas nuestras necesidades materiales? Entonces, ¿no deberíamos esperar que él nos supla la guía que necesitamos? Los que estudian su Palabra con mentes receptivas y corazones honrados y que acuden a él por guía serán remunerados con esclarecimiento. Más de 1.400.000 personas a través del mundo han descubierto que esto es cierto. Viven en paz unas con otras y disfrutan de contentamiento y paz mental. Aprecian el valor de las reglas y principios de la Palabra de Dios.—Rom. 1:20; Fili. 4:19.

La Biblia nos instruye a amar a Jehová Dios con todo nuestro corazón, mente, alma y fuerzas, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. También manifiesta el mandato de Jesús de ‘amarse unos a otros así como yo los he amado.’ ¡Qué diferente será este mundo cuando todos los que vivan en la Tierra obedezcan estos mandatos y la Tierra esté “llena del conocimiento de Jehová como las aguas están cubriendo el mismísimo mar”!—Isa. 11:9; Mar. 12:29-31; Juan 13:34, 35.

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