¿Rociarlos y nada más?
LOS atomizadores de aerosol, que se describen como milagros de la conveniencia, actualmente se usan para pintar, moldear el cabello, limpiar hornos, matar insectos dañinos y, con más frecuencia, para hacer que la gente “huela bien.” Sin embargo, a pesar de su popularidad, siguen aumentando las críticas que se hacen al envase de aerosol como peligroso. ¿Por qué?
Aunque el peligro de que el recipiente estalle si se le calienta se reconoce desde hace mucho (la mayoría de los atomizadores llevan una advertencia), la crítica reciente señala al vapor (líquido pulverizado) y al contenido químico. “El modo más rápido de absorber una sustancia química en el cuerpo (aparte de inyectarla directamente en la vena) es inhalándola,” declara un informe. En la mayoría de los atomizadores de aerosol el propulsor o gas es un fluorocarburo, y algunas autoridades creen que el inhalarlo es peligroso, especialmente para las personas que padecen de alergias y enfermedades de los pulmones o el corazón. En los Estados Unidos, se ha relacionado un propulsor (gas cloruro de vinilo) con una forma rara de cáncer del hígado y por eso más de 100 productos de aerosol que lo contienen han sido proscritos o voluntariamente retirados de la venta.
También se afirma que los propulsores pueden quemar o inflamar las zonas expuestas como, por ejemplo, cuando se aplica un desodorante atomizador demasiado cerca de la piel. En algunos casos el líquido pulverizado puede ocasionar cicatrices permanentes a los ojos.
Pero mientras continúa el debate en cuanto a la proscripción total de estos atomizadores, ¿cómo debe tratarse un atomizador de aerosol si uno lo usa? En esto los expertos concuerdan. Úselos en una zona bien ventilada. Mantenga el líquido pulverizado lejos de los ojos y entonces tan rápidamente como sea posible deje la zona en la que usó el atomizador.