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  • ¿Serán siempre necesarios los ejércitos?

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  • ¿Serán siempre necesarios los ejércitos?
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1998
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1998
w98 15/4 págs. 28-30

¿Serán siempre necesarios los ejércitos?

LOS ejércitos han agotado gran parte de los recursos humanos y han acabado en buena medida con la felicidad del hombre. Por consiguiente, algunas personas se han preguntado si la humanidad logrará algún día que el mundo sea tan seguro que puedan desmantelarse los ejércitos. Ahora que las armas de destrucción en masa han hecho posible la extinción de toda forma de vida, la cuestión se torna apremiante. ¿Hasta qué punto es realista la esperanza de un mundo sin ejércitos?

Numerosos precedentes demuestran que cuando las buenas relaciones internacionales generan confianza, esta puede conducir a algún tipo de desarme. El clima amistoso en líneas generales entre Canadá y Estados Unidos, por ejemplo, se ha traducido en que sus 5.000 kilómetros de línea fronteriza lleven más de un siglo y medio sin control militar. Noruega y Suecia han alcanzado un acuerdo parecido, así como muchos otros países. ¿Podría un pacto entre todas las naciones lograr un mundo sin ejércitos? Tras los horrores de la I Guerra Mundial, la idea cobró un auge sin precedentes.

Cuando en 1918 se acordó la paz, uno de los objetivos del Tratado de Versalles fue “posibilitar el comienzo de una limitación general de los armamentos de todas las naciones”. En los años subsiguientes el pacifismo se hizo popular. Algunos de sus adeptos teorizaron que la guerra era lo más terrible que puede acaecerle a una nación, y que, por lo tanto, era peor que sufrir la derrota. Los oponentes del pacifismo disintieron, señalando que a través de los siglos los judíos de grandes zonas apenas opusieron resistencia a sus atacantes, y aun así continuaron sufriendo crueles intentos de exterminio. Los africanos no tuvieron casi ninguna posibilidad de luchar contra quienes se los llevaron como esclavos a América, y, a pesar de ello, se les maltrató brutalmente durante siglos.

Ahora bien, cuando estalló la II Guerra Mundial, muchos que eran pacifistas se convencieron de que los países necesitaban protección. Por eso, cuando tras aquella contienda se estableció la Organización de las Naciones Unidas, se hizo menos hincapié en el desarme y más en que la cooperación internacional previniese las agresiones. Los países miembros esperaban que la seguridad así alcanzada daría a las naciones la confianza suficiente para desarmarse.

Otro problema se hizo cada vez más patente. Los esfuerzos de un país para protegerse a menudo provocaban que su vecino se sintiera amenazado. Este círculo vicioso desembocó en una carrera armamentista. Ahora bien, más recientemente unas mejores relaciones entre las naciones más poderosas alentaron las esperanzas de desarme. Desde entonces, sin embargo, la guerra del Golfo y las dificultades que han surgido en la antigua Yugoslavia han hecho que muchos consideren truncadas tales expectativas. La revista Time comentó hace unos cinco años: “A pesar del fin de la Guerra Fría, el mundo se ha vuelto un lugar más peligroso, en vez de lo contrario”.

El deseo de un “policía” planetario

Muchos observadores están convencidos de que la humanidad necesita una sola autoridad mundial con un ejército lo bastante poderoso como para proteger a todos. Puesto que ni la Organización de las Naciones Unidas ni las grandes potencias militares del mundo pueden hacerlo, algunos piensan que el futuro es poco esperanzador. Ahora bien, si usted cree que la Biblia es la Palabra de Dios, puede que se haya preguntado si el Dios Todopoderoso satisfará esta necesidad apremiante.

¿Puede Aquel a quien la Biblia llama “el Dios de amor y de paz” utilizar la fuerza militar para imponer la justicia? Si así es, ¿con qué ejército? Aunque muchos ejércitos actuales afirman que tienen el respaldo de Dios, ¿están en realidad cumpliendo Su voluntad? ¿O tiene Dios algún otro modo de intervenir y traer paz y seguridad? (2 Corintios 13:11.)

El Dios Todopoderoso se ocupó de la primera rebelión cuando expulsó a Adán y a Eva de Edén y apostó querubines que les impidieran su regreso. También anunció su propósito de aplastar toda sublevación contra su soberanía (Génesis 3:15). ¿Pudiera ser que Dios usara un ejército con ese fin?

La Biblia habla de ocasiones en las que Dios se valió de ejércitos para ejecutar su sentencia. Por ejemplo, los reinos de la tierra de Canaán practicaban ayuntamiento sexual con bestias, sacrificios de niños y sádicas guerras. Dios decretó su destrucción completa y utilizó el ejército de Josué para llevarla a cabo (Deuteronomio 7:1, 2). De forma parecida, el ejército del rey David ejecutó la sentencia divina contra los filisteos, como modelo de la destrucción de toda la iniquidad en el día del juicio final.

Aquellos acontecimientos fueron reveladores. Jehová demostró que puede utilizar poder militar para proteger a las personas. Verdaderamente, Jehová tiene un ejército muy singular que se encargará de la rebelión de proporciones universales contra su autoridad.

“Jehová de los ejércitos”

La expresión “Jehová de los ejércitos” aparece más de doscientas cincuenta veces en la Biblia, y se refiere esencialmente a la posición de Dios como el comandante en jefe de numerosas fuerzas angelicales. En una ocasión el profeta Miqueas dijo a los reyes Acab y Jehosafat: “Ciertamente veo a Jehová sentado sobre su trono, y a todo el ejército de los cielos de pie junto a él, a su derecha y a su izquierda” (1 Reyes 22:19). Se refería a ejércitos de ángeles. Jehová se valió de ellos para proteger a su pueblo. Cuando la ciudad de Dotán estaba sitiada, el servidor de Eliseo lo dio todo por perdido. Sin embargo, para tranquilizarlo, Dios le dio una visión milagrosa de Su ejército de criaturas espirituales. “Jehová abrió los ojos al servidor, de manera que él vio; y, ¡mire!, la región montañosa estaba llena de caballos y carros de guerra de fuego.” (2 Reyes 6:15-17.)

¿Significan esos sucesos que Dios apoya a las fuerzas armadas de nuestros días? Puede que algunos ejércitos de la cristiandad afirmen que Dios los dirige. Muchos han pedido la bendición de los clérigos. Sin embargo, a menudo luchan entre sí, contra sus propios compañeros de creencia. Las dos guerras mundiales de este siglo se iniciaron entre ejércitos que se decían cristianos. Tal proceder no puede ser el de Dios (1 Juan 4:20). Aunque esas fuerzas militares afirmen que luchan por la paz, ¿mandó Jesús a sus seguidores que organizaran ejércitos para prevenir las perturbaciones de la paz en el mundo?

Se produjo un notable quebranto de la paz cuando una turba armada aprehendió a Jesús en un jardín donde él había estado orando con sus discípulos. Uno de estos atacó con una espada a un hombre de la muchedumbre, y Jesús aprovechó la ocasión para enseñar un principio importante. Dijo: “Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que toman la espada perecerán por la espada. ¿O crees que no puedo apelar a mi Padre para que me suministre en este momento más de doce legiones de ángeles?”. Jesús tenía un numeroso ejército bajo su mando, pero ni Pedro ni ningún otro humano estaban alistados en él. Más bien, a Pedro y a los demás seguidores de Jesús se les había llamado para que fueran “pescadores de hombres” (Mateo 4:19; 26:47-53). Pocas horas después, Jesús aclaró el asunto ante Pilato. Dijo: “Mi reino no es parte de este mundo. Si mi reino fuera parte de este mundo, mis servidores habrían peleado para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero, como es el caso, mi reino no es de esta fuente” (Juan 18:36). A diferencia del reino de David, que se estableció en la Tierra, el Reino que Dios le ha dado a Jesús está en el cielo, y traerá la paz a este planeta.

Los ejércitos de Dios marchan al combate

Los ejércitos de Dios entrarán pronto en acción. Al describir el choque que se aproxima, Revelación (Apocalipsis) llama a Jesús “La Palabra de Dios”. Leemos: “Los ejércitos que estaban en el cielo le seguían en caballos blancos, y estaban vestidos de lino fino, blanco y limpio. Y de su boca sale una aguda espada larga, para que hiera con ella a las naciones”. La Biblia dice que esta batalla significará el fin de “los reyes de la tierra y [...] sus ejércitos”. En cuanto a otras personas que no demuestren lealtad a Dios, la profecía añade: “Los demás fueron muertos con la espada larga del que iba sentado en el caballo”. Hasta Satanás el Diablo quedará fuera de combate, lo que en realidad dará paso a un mundo de paz y sin ejércitos (Revelación 19:11-21; 20:1-3).

Imagínese un mundo sin guerra

¿Puede usted visualizar un mundo tan seguro que los ejércitos no sean necesarios? Un salmo bíblico dice: “Vengan, contemplen las actividades de Jehová, como ha establecido acontecimientos pasmosos en la tierra. Hace cesar las guerras hasta la extremidad de la tierra” (Salmo 46:8, 9).

¡Qué alivio será ese! Imagínese lo que podrá hacer la sociedad humana, libre al fin de la carga agobiante que supone sufragar los ejércitos y su equipamiento. Las personas podrán encauzar sus energías a mejorar las condiciones de vida de todos y a limpiar la tierra y replantarla. Habrá nuevas oportunidades de inventar cosas que realmente sean útiles para la humanidad.

Por todo el mundo se cumplirá esta promesa: “Ya no se oirá la violencia en tu tierra, despojo violento ni quebranto dentro de tus límites” (Isaías 60:18). Nunca más saldrán en tropel de las zonas de guerra millones de refugiados desesperados, obligados a abandonar casas y propiedades y a vivir en campos de miseria. Nunca más habrá personas sollozando por seres queridos muertos o lisiados en conflictos entre las naciones. El Rey celestial de Jehová establecerá la paz mundial permanentemente. “En sus días el justo brotará, y la abundancia de paz hasta que la luna ya no sea. De la opresión y de la violencia les redimirá el alma.” (Salmo 72:7, 14.)

Aún más grato será vivir entre personas que no hayan aprendido a odiar, sino a imitar los amorosos caminos de Dios. La Palabra de Dios predice: “No harán ningún daño ni causarán ninguna ruina en toda mi santa montaña; porque la tierra ciertamente estará llena del conocimiento de Jehová como las aguas cubren el mismísimo mar”. ¿Qué pudiera ser mejor que vivir entre personas que conozcan y amen a Jehová? El mismo libro profetiza: “La obra de la justicia verdadera tiene que llegar a ser paz; y el servicio de la justicia verdadera, quietud y seguridad hasta tiempo indefinido. Y mi pueblo tiene que morar en un lugar de habitación pacífico y en residencias de plena confianza y en lugares de descanso sosegados” (Isaías 11:9; 32:17, 18).

Las personas que basan su fe en el conocimiento bíblico perciben que los ejércitos de Dios se aprestan a limpiar la Tierra de todos los enemigos de la paz. Ese conocimiento les da confianza para actuar según lo que la Biblia dice que “en la parte final de los días tiene que suceder”, a saber: “Tendrán que batir sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en podaderas. No alzará espada nación contra nación, ni aprenderán más la guerra” (Isaías 2:2-4).

Ya hay personas de muchas naciones que se han hecho testigos de Jehová y que rehúsan ‘aprender la guerra’. Han cifrado su confianza en la protección de los ejércitos celestiales de Dios. Al estudiar la Biblia con ellos, usted también puede adquirir esa misma confianza.

[Reconocimiento de la página 28]

Foto de U.S. National Archives

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