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  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 2001
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 2001
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Las heridas de guerra

“EN LA guerra nadie gana: todos pierden”, señaló un combatiente de la II Guerra Mundial. Sin duda, muchas personas concordarían con esta afirmación. El costo de la contienda es siempre horrendo, pues tanto vencedores como vencidos pagan un terrible precio. Incluso tras el cese de las hostilidades, las heridas de guerra siguen atormentando a millones de seres humanos.

¿A qué heridas nos referimos? Un conflicto armado puede diezmar la población y dejar una enorme cantidad de huérfanos y viudas. Muchos de los que quedan vivos arrastran espantosas heridas físicas, además de cicatrices psicológicas. Quizá millones de víctimas se hundan en la indigencia o se vean obligadas a buscar refugio en otros países. ¿Podemos imaginarnos el odio y la aflicción que alberga el corazón de los sobrevivientes?

Heridas que no se cierran

Las heridas que la guerra graba en el corazón de la gente siguen supurando incluso mucho después de que se declara el alto el fuego, se acallan las armas y se envía a los soldados a casa. Es posible que las sucesivas generaciones de cada bando se abriguen un profundo rencor. En consecuencia, las heridas de una guerra pueden constituir el germen de la siguiente.

Por ejemplo, el Tratado de Versalles, firmado en 1919 con el propósito de poner fin oficialmente a la I Guerra Mundial, impuso a Alemania unas condiciones que sus ciudadanos consideraron duras y vengativas. Según The Encyclopædia Britannica, tales términos “provocaron el resentimiento de los alemanes y estimularon el deseo de venganza”. Años después, “el sentimiento de agravio debido al tratado de paz le dio a Hitler un punto de partida” y fue uno de los factores que desencadenaron la II Guerra Mundial.

Esta conflagración se inició en Polonia y se extendió hasta incluir los Balcanes. Las heridas que los grupos étnicos de esta región se infligieron en los años cuarenta contribuyeron a preparar el terreno para el conflicto de los países balcánicos de la pasada década. “El círculo vicioso de odio y venganza se convirtió en una espiral que llega hasta nuestros días”, observó el periódico alemán Die Zeit.

Para que la humanidad viva en paz, no hay duda de que deben sanarse las heridas de guerra. ¿Cómo puede lograrse algo así? ¿Qué hacer para borrar el odio y la aflicción? ¿Quién tiene la capacidad de curar las heridas de guerra?

[Reconocimiento de la página 2]

PORTADA: Fatmir Boshnjaku

[Reconocimiento de la página 3]

Foto de U.S. Coast Guard; UN PHOTO 158297/J. Isaac

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