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  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1951
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1951
w51 1/9 págs. 534-536

En recorrido de servicio por Nueva Zelandia

Este artículo continúa el relato de los viajes del presidente de la Sociedad Wátchtower, N. H. Knorr, y su secretario, M. G. Hénschel. El artículo anterior nos trajo hasta su salida de Fiji.

LOGRAMOS dormir cerca de 3 1/2 horas en el viaje de Auckland ese sábado por la mañana y luego nos desayunamos. Después de desayunarnos parece que no pasó nada de tiempo y ya pudimos ver tierra debajo de nosotros, el cabo de la Isla Norte de Nueva Zelandia. Estaba nublado debajo de nosotros y no se podía ver mucho, y cuando aterrizamos en el aeropuerto Whenuapai a las 10:15 sólo echamos una ojeada a Auckland. La convención en Wéllington estaba en acción y no sabíamos si habría algunos publicadores en el aeropuerto, pero casi inmediatamente observamos a algunas personas teniendo en alto La Atalaya, y comprendimos que hubo unos diez que no habían podido tomar el tren especial para Wéllington. Tuvimos que pasar por las formalidades de la aduana e inmigración, y un representante de pasajeros de la Pan American habló con nosotros acerca del viaje a Wéllington por las Líneas Aéreas Nacionales de Nueva Zelandia. Arregló para que saliéramos en el avión de las 10:55, de modo que sólo pudimos estar unos cuantos minutos con los hermanos en el aeropuerto, pero aunque fué breve fué un placer.

Así que abordamos el crucero aéreo “Piere” (que en Nueva Zelandia, se nos dijo, significa “Petirrojo”) y pronto volábamos encima de las nubes a aproximadamente 295 kilómetros por hora, en compañía de 18 pasajeros más. Las nubes eran tan densas que todo lo que pudimos ver además de ellas era el cielo azul y los picos del Mte. Egmont y Mte. Ruapehu que se mostraban en nuestra altitud de aproximadamente 2,150 metros, hasta que finalmente vimos la tierra y el mar al pasar sobre Wanganui. El sol brillaba esplendorosamente cuando aterrizamos poco después en el aeropuerto Paraparaumu, cerca de 55 kilómetros de Wéllington. Ninguno de los hermanos nos esperaba en ese vuelo, por lo tanto tuvimos que esperar cerca de 45 minutos hasta que el siervo de sucursal, un hermano de Betel y uno de los graduados de Galaad llegaron cerca de las 14 horas. Después fuimos en coche a Wéllington, pasando a lo largo de la costa por unos kilómetros y luego a través de valles angostos. Los cerros empinados a lo largo del camino estaban muy verdes y algunos estaban cubiertos de aulaga, que se nos dijo es una plaga espinosa en Nueva Zelandia. Se veía hermosa desde la carretera. Se acercaba el fin del verano y todavía había muchas flores en los patios.

Cuando llegamos a la sucursal almorzamos y luego fuimos a la casa consistorial donde la convención estaba en sesión. El hermano Hénschel y yo no estábamos asignados a hablar en el programa del sábado por la noche, pero debido al hecho de que estábamos ahí temprano pareció mejor cambiar el programa del sábado por la noche con la sesión del lunes por la mañana. En realidad, fué porque se creía que no llegaríamos antes, que se planeó ese programa del lunes.

Antes de que principiara la sesión de la noche se nos dijo que la convención nacional del 8-11 de marzo había animado a los publicadores cuando supieron que visitantes de los Estados Unidos concurrirían. Los graduados de Galaad Crosswhite, Betley y Benesch fueron llamados de la obra de circuito para ayudar a organizar las actividades de antes de la convención. Fué necesario proporcionar alojamiento para más de mil visitantes, por eso la obra de alojamiento fué un gran trabajo para la relativamente pequeña compañía de Wéllington. Se montó un campamento para caravanas y tiendas de campaña. Se recalcó la publicidad. Se usaron cerca de mil carteles para escaparates, letreros aparecieron en los tranvías, carteleras en miniatura aparecieron a lo largo de las carreteras y muchos publicadores estuvieron ocupados caminando por las calles con letreros, así que todos en la ciudad supieron que habría un discurso titulado “Proclamad libertad por toda la tierra” en la casa consistorial el 11 de marzo.

CONVENCIÓN DE WÉLLINGTON

El siervo de sucursal, hermano R. Lazenby, abrió la convención el 8 de marzo. Actuando como presidente dió el discurso de bienvenida y así abrió el camino para discursos, demostraciones, experiencias y rasgos generales de interés para los delegados. La primera concurrencia pasó de mil y todos se preguntaban cuántos asistirían al discurso público. El entusiasmo de los convencionistas se manifestó desde el mismo comienzo y se regocijaron cuando llegamos.

Después que se cantaron algunas canciones por los convencionistas, el hermano Hénschel habló y mostró cómo el testimonio denodado resultaba en la aprobación, protección y bendición del Señor, y que al contrario los que huyeran de sus responsabilidades tendrían un fin desastroso. Animó a los publicadores a mostrar intrepidez ahora, como los hombres fieles en tiempos bíblicos lo hicieron, aun al frente de oposición y persecución crecientes.

Mi primer tema fué concerniente al matrimonio y la correcta manera de vivir. De las Escrituras se mostró que es correcto que los cristianos se casen y que el propósito del matrimonio es la crianza de hijos. Los peligros del adulterio, la conducta disoluta y la fornicación, cosas del mundo que a Satanás le gustaría introducir en la organización, fueron bien explicados. Se amonestó fuertemente a que observaran una conducta correcta y mantuvieran una organización limpia digna de recibir la bendición de Jehová. La concurrencia de 1,111 escuchó atentamente. Fué buena información para ellos y la apreciaron tanto como en Hawaii y Fiji.

El hermano Hénschel habló en otras tres ocasiones durante la convención, mostrando la importancia de buscar devoción piadosa en vez de riquezas materiales o cosas de este mundo. Aclaró que el tiempo de juicio ya está aquí y lo imperativo que es servir al gobierno teocrático ahora y estar contento con tal servicio, e indicó el verdadero gozo que acarrea la devoción piadosa. También habló de las experiencias y problemas de publicadores por toda la tierra y cómo todos deberían hacer uso sabio de su tiempo y vencer sus problemas.

Fué mi privilegio hablar tres veces el domingo y el lunes, además del discurso público, y usé el tiempo con buen provecho, aclarando que toda dificultad o accidente en que se encontraban no provenía del Diablo, tal como es un error el imaginarse que un ángel del Señor permanece al lado de uno a todo tiempo protegiendo al cristiano de enfermedades naturales y accidentes. Se explicó la curación divina y se mostró que los apóstoles no se curaron a sí mismos o a los que eran consagrados, sino que era un don que se usó para esparcir la verdad y que el don se terminó con la muerte de los apóstoles. Lo que se debe esperar es la curación que fué predicha y la cual será efectuada en el nuevo mundo. Planeé cubrir estos temas generales dondequiera que fuera en mi viaje, y los convencionistas neozelandeses apreciaron mucho la información.

El domingo, 11 de marzo, amaneció algo frío y nublado y no pasó mucho tiempo sin que cayera la lluvia. Pero eso no impidió que se bautizaran los que habían hecho una consagración. Hubo 51 personas que fueron sumergidas esa mañana, y eso causó gran gozo a todos. Las lluvias tampoco estorbaron la reunión pública, porque cuando llegaron las 15 horas la casa consistorial estaba casi llena. Hubo 1,645 concurrentes, y escucharon atentamente. Esa fué la reunión pública más grande que los testigos han celebrado en Nueva Zelandia.

Me gustó mucho que la convención continuara hasta el lunes. Casi todos los publicadores pudieron quedarse y gozaron mucho de las sesiones. A las 9 horas se juntaron los precursores en la galería y les hablé acerca de Galaad y del servicio misionero, y les felicité por la obra excelente que están haciendo en Nueva Zelandia y les mostré que si más publicadores emprendieran el servicio en Nueva Zelandia podríamos tomar algunos de los precursores y enviarlos a otros países, como se hizo con otros 13 precursores neozelandeses que se graduaron en el pasado y ahora están en tierras lejanas. Diecinueve se ofrecieron para ir a Galaad, si llenaban los requisitos. Algunos también expresaron el deseo de salir a las islas del Pacífico Sur, si la Sociedad deseaba enviarlos, y así quizás las buenas nuevas lleguen a nuevos territorios.

Esa mañana hubo un repaso de la asamblea de Nueva York. Aquí de nuevo se presentó un programa excelente. Varios publicadores neozelandeses habían ido a los Estados Unidos para concurrir a la asamblea, por eso se les dió unos cuantos minutos a cada uno en el programa para contar sus impresiones y experiencias. En el transcurso, el hermano Clayton anunció varios rasgos de la convención en forma grabada, tales como algunas declaraciones hechas por diferentes personas en el programa de Nueva York, algo de la música que antecedió la reunión pública en el estadio Yanqui, y algunas de las canciones que se cantaron por la familia Betel.

Aunque la reunión pública que se celebró había sido una reunión muy grande para cualquier organización en Nueva Zelandia, la prensa estuvo más interesada en el hecho de que la casa consistorial había sido usada como restaurante así como también como salón de reunión por cinco días y que más de 800 comidas se habían servido tres veces al día. De esto tomaron nota especial y publicaron un buen informe y dos fotografías.

Antes que los británicos tomaran posesión de Nueva Zelandia estaba ocupada únicamente por la gente maorí. Son polinesios y tienen su propio lenguaje. Muchos de la generación más joven saben sólo inglés, pero el lenguaje todavía se usa extensamente en Nueva Zelandia. Muchos de ellos han aceptado la verdad y más de cien son ahora publicadores activos. Uno de ellos es ahora graduado de Galaad y está siendo enviado a una tierra distante. Un graduado de Galaad estadounidense que sirve como siervo de circuito en Nueva Zelandia ha aprendido a hablar la lengua maorí y da discursos públicos en muchas poblaciones, lo cual está ayudando al aumento. Hubo cerca de 80 hermanos maorís en la convención y se regocijaron. Se han apartado de las tradiciones de su gente y esto les ha acarreado algunos problemas también. Han rehusado participar de los ritos paganos de los maorís que se practican al tiempo de un funeral. No creen que deben lavarse con agua y frotarse todo el cuerpo con pan para mantener alejados a los espíritus malos, y porque ellos no hacen esto no se les permite enterrar a los muertos en cementerios maorís. Esta demostración de su creencia en la Palabra de Dios ha dado un gran testimonio.

La convención terminó el lunes por la tarde, y esa noche salió para Auckland el tren especial con más de 350 convencionistas. Todos se regocijaban en las bendiciones de Jehová y por el aumento de la obra. Verdaderamente fué un gran privilegio para mí regresar a Nueva Zelandia y ver a tantos de ellos, porque en 1947, cuando estuve ahí antes, había un promedio de 678 publicadores, y ahora hay 1,213 como nuevo máximo.

La Sociedad tiene una casa Betel muy excelente en Wéllington para alojar al personal. Ahí es donde permanecimos durante nuestra visita a Nueva Zelandia. También, hay oficinas en la parte central de la ciudad donde se cuida el trabajo y se hacen los envíos y el trabajo de imprenta. La existencia de literatura es muy reducida al momento debido a la huelga del muelle. El Anuario de 1951 y otra literatura han estado en el puerto por algún tiempo, pero no se ha resuelto la huelga de modo que los publicadores no pueden conseguir los libros. La huelga ha ocasionado muchas mermas en Nueva Zelandia, que depende tanto del embarque porque es uno de los países más aislados del mundo, y es otra prueba de que el mundo de Satanás está tan dividido que sus miembros no pueden llevarse armoniosamente a pesar de todo lo que dicen de paz y armonía. Sí, todo gobierno en la tierra desea decirle al otro cómo manejar los asuntos, pero parece que no pueden manejar sus propios para la satisfacción de toda la gente. La única esperanza del mundo es el gobierno que Jehová ha establecido, gobierno que él dice arrasará todo otro gobierno y permanecerá para siempre.

Del 20 al 22 de marzo estuvimos en la oficina de Wéllington. Fué un placer hablar con los siervos de circuito y enterarnos de los obstáculos que los publicadores han vencido. Se hicieron arreglos para más expansión en Nueva Zelandia.

El viernes, 23 de marzo, era un día despejado, pero hacía algo de frío. El verano estaba terminándose. También nuestra visita a Nueva Zelandia. Después del desayuno unos cuantos de la compañía de Wéllington vinieron y luego fuimos en coche hasta la bahía de Evans donde el hidroavión Solent estaba amarrado. Los representantes de las Líneas Aéreas Tasmán nos informaron que el avión había llegado tarde y que no iba a estar listo para salir hasta el mediodía, pero no quisieron que dejáramos la cercanía de la terminal. Nos divertimos mucho hablando con los hermanos en la bahía, y gradualmente el número de ellos aumentó hasta que más de 20 de los publicadores locales estuvieron presentes. La llamada para que los pasajeros abordaran la lancha se hizo cerca de las 11 horas, pero después que pasamos por la aduana y abordamos la lancha cortésmente se nos dijo que todavía estaba el capitán en la ciudad y que llegaría tarde. Así que saltamos a la playa y pasamos un buen rato aumentando el volumen de nuestra voz mientras hablábamos a distancia con algunos de los publicadores que estaban detrás de la valla puesta por los aduaneros. Cuando llegó el capitán los pasajeros tuvieron deseos de vitorear, pero se le tenía por un individuo algo severo y se aconsejó en contra de hacerlo. Todos abordamos la lancha y fuimos transportados a través de las quietas aguas azules al lado del hidroavión. Nos despedimos con la mano de los que estaban en la playa y subimos al costado de la gran nave. Cuarenta pasajeros más estaban con nosotros. El viento venía del norte, por eso el gran bote se dirigió al extremo sur de la bahía de Evans y con el rugido de sus cuatro motores arrojó mucha espuma antes de que finalmente despegáramos para el occidente y Australia. Una vez más volábamos por las nubes esperando ansiosamente una reunión con otros viejos amigos y un vistazo a la expansión teocrática en otra parte de la tierra.

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